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Este es el daño inesperado que causa la comida basura

Por RT

Una dieta alta en calorías ‘reprograma’ el sistema inmune de la misma manera que una bacteria o un virus.

Investigadores de la Universidad de Bonn (Alemania) revelaron que la llamada dieta occidental, que se caracteriza por tener altas tasas de consumo de grasas e hidratos de carbono, provoca una reacción del sistema inmune similar a la que experimenta el ser humano cuando sufre infecciones, una situación que aumenta el riesgo de padecer procesos inflamatorios crónicos y enfermedades como la diabetes y la arteriosclerosis.

Durante un mes, esos especialistas alimentaron a ratones con una dieta alta en calorías y un bajo contenido de fibra. En ese espacio de tiempo, los roedores desarrollaron procesos inflamatorios y su sangre presentó grandes cantidades de glóbulos blancos, que participan en la lucha contra agentes patógenos.

La conclusión es que la comida con un alto contenido de carbohidratos y grasas activa genes específicos en las células hematopoyéticas de la médula ósea, responsables de la proliferación y la maduración celular. De hecho, tras normalizar la dieta la inflamación aguda desapareció, pero esos genes permanecieron activos incluso cuatro semanas más tarde.

Según estos científicos, una dieta baja en carbohidratos y grasas no solo reducirá la tasa de obesidad entre las personas, sino también disminuirá el riesgo de que tengan enfermedades crónicas.

La bodega del futuro: los robots llevarán productos frescos hasta la puerta de tu casa (foto, vídeos)

En el mundo actual, cada vez hacemos más compras online. Pero adquirir productos frescos en línea conlleva el riesgo de no poder seleccionar las frutas y verduras por ti mismo. Eso podría cambiar con el invento de la empresa Robomarts, con sede en California, publica el medio Engadget.

La compañía, que forma parte del programa de aprendizaje profundo de IA ‘Inception Program’, de NVIDIA, tiene como objetivo llevar las compras de productos en línea hasta su puerta, para lo que ha desarrollado lo que esencialmente se podría definir como una bodega autopropulsada sobre ruedas.

El concepto se basa en un vehículo de entrega del tamaño de una camioneta Sprinter equipado con una variante de lídar, radar y cámaras, así como con un sistema de control de movimiento CAN y suficiente software de planificación de ruta y prevención de obstáculos como para alcanzar la autonomía de nivel 5 (el nivel más alto que un vehículo autónomo puede lograr), sin necesitar ningún conductor humano.

​Al menos para el programa piloto inicial, el área de carga es refrigerada y contiene múltiples estantes con diversos tipos de productos. El vehículo se solicitaría de manera similar a un servicio de viaje compartido.

​Una vez que llega, el comprador desbloquea la puerta y hace su selección. Un sistema de pago patentado rastrea qué productos se retiran del vehículo, luego factura automáticamente la cuenta y genera un recibo en línea.

La compañía actualmente está esperando un permiso de prueba del Departamento de Vehículos de Motor (DMV) de California, pero piensa tenerlo pronto, por lo que lanzaría el programa piloto este verano, según el medio.

https://mundo.sputniknews.com/tecnologia/201801111075328813-fruta-verdura-compra-online-transporte/

Cae otro mito transgénico: el “arroz dorado” atrofia los cultivos

El llamado arroz dorado es uno de los mitos más caros de la industria biotecnológica para intentar cambiar el rechazo generalizado a los transgénicos.

Lo presentan como el arquetipo del transgénico bueno porque es un arroz que expresa un precursor de la vitamina A, cuya falta es una deficiencia importante para muchas personas que padecen malnutrición y que en casos extremos puede llevar a la ceguera. Sus promotores no han logrado probar que en la práctica realmente sirva para aportar vitamina A. Además, en 2017, científicos en India dieron cuenta de un experimento de campo que mostró que al integrar ese constructo transgénico al arroz, cayó el rendimiento y la calidad del cultivo de tal modo que la cosecha fue inservible.

El llamado arroz dorado ha sido usado abundantemente como arma de propaganda. Una carta –nada científica– firmada por un ciento de Premios Nobel en 2016 fue quizá el ejemplo más ilustrativo de la manipulación que ha hecho la industria de los transgénicos con este arroz. La carta está plagada de falsedades, que deberían avergonzar a quiénes la firman y a quiénes siguen citándola como si fuera un documento serio. (https://tinyurl.com/y9742ang)

Este tipo de campañas no sorprende por parte de la industria agro-biotecnológica, en la que se cuenta empresas como Monsanto, de la que se ha probado hasta casos de corrupción para aprobar sus productos, por ejemplo en Indonesia. Lo sorprendente en este caso es que el arroz dorado no existe funcionalmente, ya que ni los científicos que lo promueven ni Syngenta, que lo tiene patentado, han logrado hasta ahora producir una línea estable de arroz dorado que cumpla con los beneficios que le atribuyen.

A esto se sumó en 2017 que en experimentos de campo realizados en la India, el constructo transgénico transferido a una de las mejores variedades de ese país dañó significativamente la productividad y calidad del arroz. Un equipo de científicos hizo un estudio introduciendo los rasgos transgénicos para hacer arroz dorado con la variedad Swarna, una variedad muy productiva de la India. El arroz resultante expresó provitamina A, pero el rendimiento bajó drásticamente, con plantas enanas, hojas pálidas, muy pocos granos y raíces laterales anormales.

Luego de análisis detallados, el equipo concluyó que la atrofia de las plantas se debió a la interferencia del constructo transgénico del arroz dorado con la producción de auxinas, hormonas vegetales propias del arroz que promueven su crecimiento. (Bollinedi et al, 2017 https://tinyurl.com/y 94t6bjp)

Al respecto, la Dra. Allison Wilson reflexiona en un artículo en Independent Science News en octubre 2017, que con impactos imprevistos de tal gravedad, es hora de decir adiós a este costoso y fallido experimento. (https://tinyurl.com/yb74o8d4)

Los que promueven los transgénicos aseveran que si este arroz no pudo llegar a comercializarse, fue por la oposición de organizaciones ambientalistas a los transgénicos, lo cual habría impedido a los niños del tercer mundo acceder a él. La realidad, afirma Wilson, es que después de dos décadas y pese a una cantidad enorme de recursos, tiempo y apoyo financiero inusitadas para cualquier investigador público, queda claro que son problemas intrínsecos al desarrollo de OGM lo que ha impedido su comercialización. Según el Dr. Jonathan Latham, director de Bioscience Resource Project y citado en el mismo artículo, “el arroz dorado de Syngenta causó un colapso metabólico [en el arroz de India] … Las críticas clásicas a la ingeniería genética en el desarrollo de cultivos se basan por una parte en que el ADN foráneo introducido perturba las secuencias genéticas nativas y por otra en que habrán interferencias imprevisibles del metabolismo normal de las plantas. La experiencia con el arroz dorado ejemplifica ambas fallas a la perfección”.

Esto es el problema fundamental de la ingeniería metábolica, afirma Wilson. Parece ser más fácil alterar artificialmente el metabolismo de las plantas –por ej, para que produzcan el precursor de la vitamina A– que controlar que no ocurran alteraciones imprevistas al mismo tiempo, con efectos negativos para el desarrollo de los cultivos.

El denominador común de los experimentos con ingeniería genética, transgénicos y la ahora llamada edición genómica es el enfoque extraordinaria e intencionalmente estrecho para apreciar tanto los problemas que se supone quieren solucionar, como los medios para conseguirlo.

Por ejemplo, se enfoca sólo en la deficiencia de vitamina A, aislándola de la situación general de pobreza y malnutrición (que provoca muchas otras deficiencias) de quienes la padecen. En Filipinas –país donde se desarrolla el arroz dorado– las campañas para mejorar la alimentación, volviendo a integrar verduras y arroz tradicionales en la dieta, han dado excelentes resultados para cubrir la deficiencia de vitamina A de forma durable, con un costo muchísimo menor. Ya ni siquiera se considera un problema de salud pública.

La solución tecnológica propuesta por la industria y biotecnólogos, ignora además (u obvia intencionalmente) la complejidad de los genomas y sus interacciones dentro de los organismos y en la co-evolución con los agro y ecosistemas, produciendo aberraciones como sucedió con una de las más productivas variedades de arroz de la India.

Por todo ello es absurdo que empresarios-biotecnólogos en México, como F. Bolívar Zapata, Luis Herrera Estrella y A. López Munguía, usen el mito del arroz dorado como ejemplo para defender la siembra de maíz transgénico en México. No convencen a nadie –o quizá a algún desinformado– pero le sirven bien a Monsanto y Syngenta. (https://tinyurl.com/y8auu5qq)

* Investigadora del Grupo ETC
La Jornada

Visto en : La haine

La Conspiración del Azúcar

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Un nuevo estudio explosivo en la revista PLOS Biology confirma tres cosas que los investigadores de salud independientes han estado diciendo durante años:

  1. Las dietas azucaradas son peores para su salud que las dietas ricas en grasas.
  2. Los investigadores han sabido este hecho durante décadas.
  3. La industria del azúcar ocultó activamente la investigación que apoya este hecho.

El estudio con el título “Impulsor de la industria azucarera de estudios de roedores libres de gérmenes que relacionan sacarosa con hiperlipidemia y cáncer: un análisis histórico de documentos internos“, parece un improbable emparejamiento de novela policíaca y artículo académico.

En el corazón de este thriller médico se encuentra el misterioso nombre “Proyecto 259”, un estudio de investigación que se desarrolló entre 1967 y 1971 para examinar el vínculo entre el consumo de sacarosa y la enfermedad cardíaca coronaria. Desde el exterior, el proyecto, dirigido por el Dr. W.F.R. Pover en la Universidad de Birmingham, parecía ser solo otro estudio clínico en ciencias de la nutrición. Implicaba un experimento de alimentación en el que las ratas de laboratorio se separaban en dos grupos, una con una dieta rica en azúcar y la otra con una “dieta básica de PRM”: cereales, soya, pescado blanco y levadura seca.

Pero este no fue el proyecto de pasión de un científico imparcial tratando de llegar a la verdad. Este fue un estudio patrocinado por la “Sugar Research Foundation” (SRF), que (en caso de que no pudieses saberlo) tiene vínculos organizativos con la Sugar Association, la asociación comercial de la industria azucarera estadounidense.

Los resultados del experimento de la SRF, de acuerdo con una evaluación interina emitida en 1969, fueron extremadamente interesantes:

“Entre las observaciones [del Proyecto 259] estaba… que la orina de ratas con dieta básica contenía un inhibidor de la actividad beta-glucurinidasa en una cantidad mayor que la de los animales alimentados con sacarosa. Esta es una de las primeras demostraciones de una diferencia biológica entre la alimentación de ratas con sacarosa y almidón”.

Después de haber sido un punto de investigación científica y debate durante décadas, la primera evidencia experimental de que el azúcar y el almidón en realidad se metabolizan de manera diferente fue lo suficientemente significativo. Pero, como explica el artículo de PLOS Biology, la forma en que se manifestó esta diferencia fue aún más significativa:

“Este hallazgo incidental del Proyecto 259 demostró a SRF que el consumo de sacarosa versus almidón causó diferentes efectos metabólicos y sugirió que la sacarosa, al estimular la beta-glucuronidasa urinaria, puede tener un papel en la patogénesis del cáncer de vejiga”.

Por lo tanto, seguramente estos resultados fueron publicados con gran fanfarria y se convirtieron en la piedra angular para una investigación científica exhaustiva sobre el posible vínculo azúcar-cáncer, ¿no?

Incorrecto.

“Después de apoyar el proyecto durante 27 meses, [la Sugar Research Foundation] no aprobó las 12 semanas adicionales de financiación necesarias para completar el estudio”.

Sí, exactamente como habrías predicho, el innovador estudio demostrando una diferencia biológica entre las ratas alimentadas con sacarosa y con almidón fue archivado y ninguno de sus resultados fueron publicados.

¿Pero quieres adivinar lo que se publicó? Un artículo en el New England Journal of Medicine que destaca la grasa y el colesterol como las causas dietéticas de la enfermedad cardíaca y minimiza el riesgo del consumo de azúcar. Ese estudio, también, fue patrocinado por la SRF, pero (¡sorpresa, sorpresa!), el documento de la industria azucarera en la financiación del artículo no se reveló cuando se publicó en 1965. Tomó 61 años para que ese pequeño hecho fuera desenterrado por los investigadores y publicado.

Como digo, el hecho de que la industria azucarera ha estado trabajando activamente para encubrir el papel del azúcar en la enfermedad coronaria, la diabetes, la obesidad, el cáncer y muchas otras dolencias no sorprenderá a mis lectores habituales, e incluso las víctimas de las noticias falsas de los MSM más afectados por el flúor ya habrán escuchado algo de esta historia.

The New York Times abordó el tema en 2011, cuando se atrevió a preguntar “¿Es tóxica el azúcar? Fue seguido obedientemente por su compañero de MSM 60 Minutes haciendo la misma pregunta el año siguiente.

En 2015, Time Magazine aumentó considerablemente la apuesta: “El azúcar es definitivamente tóxico, según un nuevo estudio“.

Y para el año pasado, la plantilla había terminado. El Huffington Post nos informó: “El azúcar no es solo una droga sino también un veneno“.

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Entonces, ¿qué rompió la presa? ¿Por qué las noticias falsas de los medios dinosaurios abrieron repentinamente las compuertas sobre la conspiración azucarera? Como siempre, hubo un puñado de valientes investigadores independientes que realmente rompieron la historia y, sin ayuda, lo defendieron frente a un asalto total desde el lobby de Big Sugar hasta que el público finalmente se dio cuenta de la estafa. Solo entonces los MSM (y la industria de la nutrición en sí) se vieron obligados a admitir finalmente la verdad evidente. Descartados como “chiflados” y “charlatanes”, estos investigadores se mantuvieron firmes durante décadas bajo una presión increíble.

Solo pregúntale a John Yudkin. Él fue el nutricionista británico que comenzó a sonar la alarma sobre los peligros del consumo de azúcar a fines de la década de 1950. Su tratado de 1972 Pure, White and Deadly: Cómo el azúcar nos está matando y lo que podemos hacer para detenerlo no dio ningún golpe en su lucha contra la sacarosa: “Si solo una pequeña fracción de lo que ya se sabe sobre los efectos del azúcar fuera revelado en relación con cualquier otro material utilizado como aditivo alimentario“, escribe en su capítulo inicial, “ese material sería prontamente prohibido“.

El libro, escrito para el profano y dirigido a que la gente entendiera los peligros para la salud del consumo de azúcar, fue un gran éxitoPublicado en los Estados Unidos como Sweet and Dangerous, el trabajo de Yudkin también se tradujo al finlandés, alemán, húngaro, italiano, japonés y sueco, con una edición revisada y ampliada que se publicó en 1986.

Pero a pesar de este popular éxito (o, más precisamente, por eso), Yudkin se convirtió en el objetivo de Big Sugar y sus lacayos bien financiados en el campo de la “ciencia” nutricional. La industria trató de evitar la publicación del libro y, al fallar, se puso a trabajar para intentar destruir la reputación de Yudkin. En esa tarea, tuvieron éxito. En el momento de su muerte en 1995, Yudkin fue en gran parte consignado al basurero de la historia nutricional.

No fue hasta que el trabajo de Yudkin fue redescubierto en 2008 por Robert Lustig, un endriconólogo pediátrico de la Universidad de California en San Francisco, que las cosas realmente comenzaron a cambiar. Lustig hizo una presentación sobre los peligros ocultos del consumo de azúcar, “Sugar: The Bitter Truth”, que se convirtió en un video viral de buena fe, un raro unicornio en el campo de las conferencias académicas de 90 minutos sobre ciencia nutricional. A partir de ese momento, los investigadores médicos y los MSM se vieron obligados a admitir las pilas de pruebas que los había estado mirando en la cara (y / o eran reprimidas activamente por el lobby azucarero) durante décadas.

Tan satisfactorio como puede ser la reivindicación póstuma de Yudkin, plantea la pregunta más amplia: ¿Cómo pudo haber llevado tanto tiempo que una verdad tan obvia e innegable, como que el azúcar es la culpable clave en una variedad de enfermedades y trastornos, fuera reconocida? Después de todo, el azúcar había sido una causa sospechosa de obesidad y diabetes durante décadas antes de que el Proyecto 259 y otros estudios comenzaran a recopilar datos concretos sobre el tema. Incluso el profano más desinformado no puede dejar de notar la increíble correspondencia entre el aumento del azúcar en la dieta promedio -desde 18 libras per cápita por año en 1800 hasta un asombroso 150+ libras hoy– y el aumento de la obesidad en general público.

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La respuesta a esa pregunta va al corazón de “La crisis de la ciencia” que se identificó en esta columna el año pasado. Como se observa en ese artículo:

“Los laboratorios modernos que investigan cuestiones de vanguardia involucran tecnología costosa y grandes equipos de investigadores. El tipo de laboratorios que producen resultados verdaderamente innovadores en el entorno actual son los que cuentan con una buena financiación. Y solo hay dos maneras para que los científicos obtengan grandes subvenciones en nuestro sistema actual: las grandes empresas o el gran gobierno. Por lo tanto, no debería sorprender que las grandes corporaciones y las agencias gubernamentales con motivaciones políticas paguen por los tipos de ciencia que desean”.

De hecho, no sorprende encontrar intrigas como la conspiración azucarera en el corazón de las salas fétidas, decrépitas, institucionalizadas, fosilizadas y centralizadas de la academia moderna. También explica por qué la conspiración de OMG sigue prosperando a pesar de la abrumadora (y creciente) evidencia de los efectos nocivos del consumo de alimentos modificados genéticamente.

Entonces, en el lado positivo, el desenmarañamiento de la conspiración azucarera nos muestra que incluso las mentiras mejor financiadas y protegidas institucionalmente pueden, eventualmente, quedar expuestas.

Por otro lado, llama la atención una pregunta más profunda: ¿cómo cambiamos el sistema para que estos tipos de conspiraciones no vuelvan a ocurrir?

Esa es una pregunta muy importante, y una que tiene algunas respuestas sorprendentemente simples. Pero esa exploración tendrá que esperar para otro momento.

Hasta entonces, te pido bon appétit. ¿Puedo sugerir que se salte el postre azucarado esta noche?

James Corbett

La Conspiración del Azúcar

Los límites “seguros” de ingesta de pesticidas con la alimentación no existen

Sabemos que una agricultura (y ganadería) basada en el uso de productos químicos tóxicos, como los pesticidas, envenena el medio natural y a nosotros mismos. La utilización de pesticidas en la agricultura causa muchas enfermedades pero ¿qué datos más o menos recientes tenemos y cual es la dimensión del problema?

Cada año se esparcen sobre las áreas cultivadas de la Unión Europea (UE) más de 400.000 toneladas de pesticidas. Según los últimos datos de Eurostat, nuestro país es donde más se utilizan estos productos destinados a “matar bichos”. Así nos lo cuenta el periodista Carlos de Prada en el informe Alimentos con residuos de pesticidas alteradores hormonales.

Un alto porcentaje de los productos alimentarios europeos contienen residuos de pesticidas, tal y como muestran los informes regulares de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Existe una exposición generalizada de la población a estas sustancias.

Muchos pesticidas son disruptores endocrinos, esto es, sustancias que podrían alterar el equilibrio hormonal.

Son sustancias como el polémico glifosato, el herbicida más utilizado en el mundo (en Francia se han hecho estudios que muestran que casi todo el mundo lo orina); clorpirifos, cipermetrina, dimetoato, epoxiconazol, procloraz, conazol, tebuconazol o tiacloprid.

Numerosos estudios científicos muestran que las sustancias disruptoras endocrinas podrían actuar a niveles muy bajos de concentración, inferiores a los de los límites legales actualmente establecidos. Es más, de modo semejante a como sucede con las sustancias cancerígenas, por ejemplo, se duda también de que para las sustancias disruptoras endocrinas se pueda establecer un umbral realmente seguro de exposición por bajo que sea”, afirma el informe.

Estas sustancias una vez en nuestro organismo imitan la actividad de las hormonas y con sus “mensajes” confunden los sistemas claves de nuestro cuerpo provocando disfunciones. Los daños más conocidos son los relacionados con la sexualidad y la fertilidad y también con el debilitamiento del sistema inmunitario y los retrasos en el aprendizaje infantil.

Los pesticidas disruptores endocrinos han sido asociados a infinidad de posibles efectos secundarios como diferentes tipos de cáncer, malformaciones, diabetes u obesidad. De hecho, hace tiempo nos preguntamos en este blog: ¿Estamos más gordos porque somos más tóxicos?

Existe relación causal entre el aumento de los químicos tóxicos ambientales (más bien serían industriales)  y el crecimiento de la frecuencia de la obesidad en la población.

Muchas sustancias químicas sintéticas con las que nos relacionamos todos los días son los conocidos como “disruptores endocrinos” que interfieren con nuestro sistema hormonal, causando alteraciones en nuestro metabolismo. Lo hacen porque el cuerpo las acumula y las “confunde” con nuestras hormonas y pueden interferir con la regulación y conservación de la energía.

Las enfermedades son el reflejo de la pérdida de calidad de vida de una sociedad. Por paradójico que pueda parecer además, esos efectos de la industrialización alimentaria mal concebida también tiene un reverso económico. Un ejemplo que cita De Prada:

La Endocrine Society, entidad de referencia mundial en el ámbito de las enfermedades ligadas a las hormonas atribuye a un tipo de pesticidas, los organofosforados, unas pérdidas económicas de unos 146.000 millones de euros anuales en Europa a causa de los daños sobre el sistema nervioso central infantil que se saldan con la pérdida de millones de puntos de coeficiente intelectual entre otros efectos”.

Las alertas oficiales sólo se disparan cuando esos límites se superan, cosa que solo sucede con un porcentaje reducido de las muestras que se analizan. Así que intenta convencerse a la población de que ello no representa un riesgo para su salud pero no es así.

Si antes citaba lo del glifosato en la orina de franceses y francesas hay que tener en cuenta otro dato: Existen estudios en Europa que muestran que más del 90% de los niños y madres analizados tenían en su orina al menos un metabolito asociado a la exposición a pesticidas organofosforados y que un 30% tuviese cuatro de los metabolitos estudiados.

La exposición a estos productos tóxicos es a través de la dieta, como comentaban los autores de la investigación. Y se mostraron preocupados porque la amplia literatura científica sobre el tema asocia una mayor presencia de estos residuos con un aumento del riesgo de padecer problemas de salud durante la infancia.

Hay que saber que sólo en la UE existen unas 480 sustancias autorizadas para su uso industrial en la agricultura. Pero los criterios oficiales hoy han quedado obsoletos, no tienen en cuenta el nivel de conocimiento actual de la ciencia o lo que es lo mismo, esta va muy por delante de los reguladores cuya indefinición y lentitud en la toma de decisiones que favorezcan la salud pública es clamorosa (¿quizá por la enorme presión de los lobbies que actúan en el ámbito?).

Se fijan límites de concentración de residuos de pesticidas considerando que si esos niveles no se superan no existe riesgo para la salud. Los llamados Límites Máximos de Residuos(LMR), que junto con la Ingesta Diaria Admisible (IDA), constituyen las supuestas líneas de defensa de la salud de los ciudadanos frente a estos contaminantes.

Pero lo que hoy sabe la ciencia al respecto plantea una gran incertidumbre acerca de si los LMR y la IDA cumplen adecuadamente su función de ofrecer una plena garantía sanitaria.

¿Por qué? El informe lo explica:

Pues porque a la hora de establecer los Límites Máximos de Residuo no se ha tenido en cuenta lo que la ciencia sabe acerca de los efectos de disrupción endocrina como, por ejemplo, su capacidad de causar efectos a muy bajas concentraciones, muy inferiores a los límites legales, en especial sobre sectores de población más sensibles tales como los niños o las embarazadas, ni el efecto cóctel [sustancias que de manera aislada pueden no tener un efecto sí pueden causarlo cuando están juntas]”.

Los científicos no tienen claro que pueda haber un umbral seguro claro de exposición a estas sustancias, lo que cuestiona que los Límites Máximos de Residuos de estos productos garanticen con claridad la defensa de la salud.

Todo esto nos lleva a que han de adoptarse medidas urgentes que tienen que ver con la prohibición de estas sustancias, la correcta información para que el derecho de la población a la salud sea auténtico y la implantación de un modelo sano de producción de alimentos que pasa porque sea ecológico todo el proceso.

http://www.migueljara.com/2017/12/27/los-limites-seguros-de-ingesta-de-pesticidas-con-la-alimentacion-no-existen/

Aprende a identificar alimentos transgénicos por su código

Por Gran Misterio

Hoy vamos a aprender como identificar si los alimentos que hemos comprado en los supermercados son transgénicos (manipulados geneticamente) o naturales mediante unos sencillos códigos que nos “esconden” en las etiquetas.

Decimos que nos esconden los códigos de identificación en las pegatinas o etiquetas que están presentes en nuestros alimentos porque no nos dicen el significado de dichos números. El número PLU(Price Look Up) está en las pegatinas de la fruta y ayudan a identificar la variedad del producto el tamaño y si son transgénicos u orgánicos. Ademas, el número PLU puede contener otros números asociados a pequeños minoristas, de los cuales asignan otras variedades y otro volúmen

La FIPS (Federación Internacional de Estándares de productos regulan los PLU para poder administrar de forma internacional y expandir el código como una norma general, podeis acceder a su página web http://www.plucodes.com

– si son 4 dígitos, quiere decir que la fruta ha sido criada convencionalmente, con pesticidas y fertilizantes químicos

– si son 5 dígitos, empezados por un #8, quiere decir que es genéticamente modificada, además de ser criada convencionalmente

– si son 5 dígitos, empezados por un #9, quiere decir que es criada de manera orgánica según los estándares internacionales. No son muy estrictos, pero de cualquier manera es preferible a lo convencional o GMO

La violencia que agita el estómago de Monsanto, Bayer y el oligopolio agroquímico

Por Colin Todhunter / Global Research

Como humanos, hemos evolucionado con el entorno natural durante milenios. Hemos aprendido qué comer y qué no comer, qué cultivar y cómo cultivarlo y nuestras dietas se han adaptado en consecuencia. Hemos cazado, recolectado, plantado y cosechado.Nuestra supervivencia general como especie se ha basado en relaciones graduales y emergentes con las estaciones, los insectos, el suelo, los animales, los árboles y las semillas. Y de estas relaciones, hemos visto el desarrollo de comunidades cuyos rituales y vínculos tienen una conexión profunda con la producción de alimentos y el medio ambiente natural.

Sin embargo, en las últimas dos generaciones, la agricultura y la producción de alimentos han cambiado más de lo que lo habían hecho en los últimos milenios. Estos cambios han implicado una gran agitación social a medida que las comunidades y tradiciones han sido desarraigadas y han implicado la modificación de lo que comemos, cómo cultivamos nuestros alimentos y qué les aplicamos. Todo esto ha sido impulsado por preocupaciones geopolíticas y poderosos intereses comerciales con sus productos químicos patentados y semillas patentadas. El proceso de globalización neoliberal está acelerando el proceso, ya que los agricultores son alentados a a producir para las cadenas de suministro globales dominadas por los agronegocios transnacionales.

Ciertos cultivos ahora están genéticamente modificados, la variedad de cultivos que cultivamos se ha vuelto menos diversa, los biocidas sintéticos se han vertido en los cultivos y el suelo, y nuestros cuerpos han sido sometidos a un bombardeo químico. Hemos llegado a un punto en el que hemos perdido el contacto con nuestra conexión microbiológica y social profundamente arraigada con la naturaleza y hemos desarrollado una arrogancia que ha colocado al “hombre” por encima del medio ambiente y de todas las demás especies. Una de las consecuencias es que hemos pagado un precio enorme en términos de una consiguiente devastación social, ambiental y en nuestra salud.

A pesar de la promesa y el potencial de la ciencia, con demasiada frecuencia en la sociedad moderna se ha convertido en un instrumento de intereses creados, una ideología envuelta en los vestigios de autoridad y la “superstición” de que su sacerdocio corporativo no debe ser cuestionado ni cuestionado. En lugar de liberar a la humanidad, se ha convertido con demasiada frecuencia en una herramienta de engaño en manos de empresas como Monsanto, Bayer y Syngenta, que constituyen el oligopolio que controla lo que es un sistema de alimentación y agricultura moderna cada vez más globalizado.

Estas corporaciones han instituido con éxito la idea de que la aplicación masiva de biocidas, monocultivos y agricultura industrial es necesaria y deseable. No lo son. Sin embargo, estas empresas han utilizado su tecnología y propaganda para proyectar certidumbre para ocultar el hecho de que no tienen una idea real de lo que sus productos y prácticas están haciendo a la salud humana o al medio ambiente (y en los casos en que lo saben, hacen todo lo posible para ocultarlo o esconderse tras la noción de “confidencialidad comercial”).

Basándose en sus estudios limitados, viciados y su interpretación cooptada de la ciencia, dicen con certeza que, por ejemplo, los alimentos genéticamente modificados y el glifosato son “seguros”. Y cuando surjan verdades incómodas, movilizarán sus enormes recursos de presión para eludir las regulaciones, intentarán ocultar los peligros de sus productos o se propondrán destruir a científicos cuyos hallazgos desafíen sus resultados comerciales.

Los microbiólogos del suelo todavía están tratando de comprender completamente los microorganismos del suelo y cómo funcionan como una red integrada en relación con las plantas . El sector agroquímico tiene poca idea de cómo sus biocidas han afectado los suelos. Simplemente resulta que las relaciones públicas dan a entender que sus productos químicos son inofensivos para el suelo, las plantas y la salud humana. Estas afirmaciones no se basan en estudios adecuados, exhaustivos y a largo plazo. Se basan en un no mirar, no intentar una aproximación o por una manipulación de normas y procedimientos que garanticen que sus productos lleguen al mercado comercial y permanezcan en él. Los efectos devastadores sobre el suelo son cada vez más evidentes.

¿Y qué nos están haciendo estos biocidas como humanos? Numerosos estudios han relacionado el aumento de los pesticidas con un aumento en espiral de enfermedades. Kat Carrol, de la Federación Nacional de Salud, está preocupada por los impactos en las bacterias intestinales humanas que juegan un papel importante en el funcionamiento de los órganos y en nuestra salud neurológica. El microbioma intestinal puede contener hasta casi 3 kg de bacterias y es lo que Carroll llama ‘suelo humano’. Ella dice que con sus agroquímicos y aditivos alimentarios, las compañías poderosas están atacando este ‘suelo’ y con él la santidad del cuerpo humano.

Y sus preocupaciones parecen legítimas. Muchos importantes neurotransmisores se encuentran en el intestino. Además de afectar el funcionamiento de los órganos principales, estos transmisores afectan nuestros estados de ánimo y nuestro pensamiento. Alimentar a las bacterias intestinales con un cóctel de biocidas, ¿no es sorprendente que muchas enfermedades estén aumentando?

Por ejemplo, los hallazgos publicados en la revista ‘Translational Psychiatryproporcionan claras evidencias de que las bacterias intestinales pueden tener un impacto físico directo sobre el cerebro . Las alteraciones en la composición del microbioma intestinal han provocado una amplia gama de afecciones neurológicas y psiquiátricas, que incluyen el autismo, el dolor crónico, la depresión y la enfermedad de Parkinson.

La activista medioambiental, la Dra. Rosemary Mason, ha escrito extensamente sobre los impactos de los agroquímicos (especialmente el glifosato) en los humanos, especialmente durante el desarrollo infantil y la adolescencia. En sus numerosos documentos, cita una plétora de datos y estudios que vinculan el uso de agroquímicos con diversas enfermedades y dolencias. Ella también ha observado el impacto de estos químicos en el microbioma intestinal humano.

Al escribir en The Guardian, Mo Costandi discute la importancia de las bacterias intestinales y su equilibrio. En la adolescencia, el cerebro experimenta un período prolongado de mayor plasticidad neuronal, durante el cual se eliminan grandes cantidades de sinapsis en la corteza prefrontal y una onda de “mielinización” recorre esta parte del cerebro. Estos procesos refinan los circuitos en la corteza prefrontal y aumentan su conectividad con otras regiones cerebrales. La mielinización también es crítica para el funcionamiento normal y cotidiano del cerebro. La mielina aumenta la velocidad de conducción de una fibra nerviosa hasta cien veces, y cuando se rompe, las consecuencias pueden ser devastadoras.

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Cría robotizada de grillos e insectos comestibles, alistándose para la crisis de recursos del planeta

Un robot alimentador se mueve entre los racks de cría de grillos en una granja experimental de Aspire Food Group en Austin, Texas, donde pronto piensan producir alrededor de 136.000 kilos de proteína en polvo al año

Cuando Gabe Mott, Shobhita Soor y Mohammed Ashour propusieron construir una granja de grillos a escala comercial optimizada con robots y adquisición de datos, la idea les valió en 2013 a estos estudiantes de la Universidad McGill el Premio Hult de us$ 1 millón, que es la competencia estudiantil más grande para el bien social.

Pero cuando llegó el momento de lanzar el concepto, tuvieron que dejar atrás las convenciones, incluida la mayoría de lo que se había escrito en las revistas científicas sobre la cría de miles de millones de grillos.

Aparentemente, la gente no había pensado lo suficiente sobre Acheta domesticus, o al menos publicando sus ideas.

“Hubo algunos artículos con un buen marco de cómo los insectos responden a diversas condiciones, pero no tenían la escala de estos experimentos. No podían hacer cosas en el volumen que pudiésemos hacer”, dice Mott. “Tuvimos que aceptar eso, y tuvimos que alejarnos de todo en la literatura científica”.

Cuando Mott dice escala, quiere decir aislar variables y realizar pruebas en al menos 60 cajas de más o menos 10.000 grillos. Eso es solo una fracción de los 22 millones de grillos que se crían todos los meses en la granja de prueba interior de Aspire Food Group en Austin, Texas. Gotas de agua, horas de luz, trozos de alimento, cambios de temperatura son todos puntos de datos valiosos, variables, piezas de verdad que ayudarán a Mott y al equipo de Aspire a optimizar cada aspecto del ciclo de vida del grillo, desde el nacimiento hasta la conversión en harina. (A los grillos les encanta una habitación oscura de 28 grados centígrados con una humedad de aproximadamente 50 a 60 por ciento, y se deben mantener tapadas las fuentes de agua, o saltarán directamente y son nadadores horribles).

Kilo por kilo, los grillos e insectos comestibles en general ofrecen el mejor aprovechamiento de los recursos del planeta. Los grillos requieren solo 1,5 kg de alimento por cada kilogramo de producto comestible fabricado. Esta proporción, conocida como la tasa de conversión alimenticia, es mucho menos impresionante que para otras fuentes populares de proteínas: 20 kilos de alimento por cada kilo de carne de res, 4,5 kilos por cada kilo de pollo y 7,3 kilos por cada kilo de carne de cerdo.

La matemática es simple: a medida que la población del planeta continúa creciendo a miles de millones, necesitamos extraer proteínas, hierro, grasas y calcio de los recursos limitados de la Tierra de manera más eficiente. El pasto para el ganado representa el 70 por ciento del uso de la tierra deforestada en el Amazonas, y los cultivos forrajeros representan gran parte del 30 por ciento restante. La producción de carne de res, pollo y cerdo es un importante contribuyente de gases de efecto invernadero, mientras que los insectos son más limpios.

“Tendremos que duplicar la producción actual de alimentos en los próximos 30 años para alimentar al mundo en crecimiento”, dice Ashour. “La necesidad de más proteínas es grave, y las fuentes de proteínas que son resilientes son particularmente importantes”.

Los fundadores de Aspire están apostando fuerte a que la entomofagia, o comer insectos, será una parte integral de la solución del hambre en el mundo, y en muchos lugares ya lo es. Dos mil millones de personas en todo el mundo ya consumen insectos como parte de su dieta regular, y se espera que el negocio de insectos comestibles crezca a us$ 720 millones para el 2024, creciendo a una tasa del 6 por ciento anual. La demanda es cada vez mayor, y Aspire está optimizando su cría de grillos para enfrentarla.

Escala, eficiencia, escala, eficiencia

En este momento, Aspire está hiper enfocado en dos cosas: escala y eficiencia. Reunir piezas de datos sobre la temperatura y los niveles de alimentación para maximizar el rendimiento es un ciclo interminable de experimentación e implementación. Y los grillos son pequeños y perfectos generadores de datos animados. Todo el ciclo de vida del grillo dura aproximadamente dos o tres meses, lo que le da a Mott amplias oportunidades de analizar cada momento de la vida de los organismos, varias veces al año y entre muchas poblaciones, para explorar los datos y producir las condiciones perfectas para la producción de grillos.

“Estamos experimentando un proceso constante de iteraciones que finalmente desembocarán en las condiciones perfectas para los grillos. Creemos que nos acercaremos bastante, y muy rápido”, dice Mott.

 

Los enfoques basados en datos ayudarán a Aspire a descubrir un proceso ideal de crianza de grillos, pero para poner en práctica esas prácticas mejoradas en forma consistente, automática y a gran escala, se han basado en la robótica especializada. Los ingenieros de Aspire, por ejemplo, diseñaron robots alimentadores que patrullan los pasillos de los contenedores de grillos, agregando la cantidad justa de comida y agua a cada contenedor, basados en una fórmula bien perfeccionada mejorada por miles de millones de antepasados de grillos.
“Los enfoques automatizados ayudan a escalar exponencialmente, mientras que el trabajo manual es más lineal”, dice Ashour. “También utilizamos un sistema de caja vital, y queremos reducir la cantidad de contacto entre las personas y los insectos para no estresar a los grillos”.

Durante el próximo año, más o menos, Ashour espera que del 70 al 80 por ciento del proceso de crianza sea automatizado, y trabajadores altamente calificados aportarán el resto. Se apresura a añadir que los robots harán el trabajo pesado, pero el futuro de la agricultura de insectos siempre será un enfoque híbrido que depende de la experiencia humana.

Sigue leyendo Cría robotizada de grillos e insectos comestibles, alistándose para la crisis de recursos del planeta

Maíz contra Humanos : El Gen Epicyte

¿Está el gen Epicyte, que provoca esterilidad, en el maíz transgénico que comes?

En 2001, una compañía con sede en San Diego, llamada Epicyte, aisló una proteína que se decía, producía esterilidad en el hombre y en la mujer. Y se publicó en algunos medios de Internet que Monsanto y DuPont, habían llegado a un acuerdo para colocar el gen epicyte en el maíz disponible para la comercialización.

Ahora dado que, Monsanto y sus secuaces se oponen con vehemencia al etiquetado de transgénicos, uno debe preguntarse, y no como si fuera extraído de la ficción, si no estamos realmente consumiendo este gen que nos traerá esterilidad en dos o tres generaciones y que fue pensado para así solucionar el “problema” de la sobrepoblación.

Un estudio independiente publicado por Jeffrey Smith del Istitute of Responsable Technology, mostró que los mamíferos alimentados con transgénicos, quedan estériles después de la tercera generación.

Los pro transgénicos eugenesistas y transhumanistas, que no tienen ningún respeto por la naturaleza, argumentarán que ya llevamos comiendo estos “alimentos” durante casi dos décadas y nada ha pasado. ¿Nada? Mi pregunta sería: ¿Cómo saber eso? Si la negación se utiliza como forma de razonamiento y estos “alimentos” NO ESTÁN ETIQUETADOS.

El hecho que sí sabemos, es que se ha ocultado en los más altos niveles gubernamentales, así como los hallazgos de la comunidad científica, los peligros para la salud que estos organismos tienen y es por eso que deben ser prohibidos. Si el gen Epicyte fue introducido en nuestros cereales del desayuno… el genio ya puede haberse salido de la botella y las consecuencias pueden tomar una generación en materializarse.

¿Estás dispuesto a arriesgar la salud de tus nietos, y la biodiversidad del planeta, solo para darle unos dólares extra a estos arrogantes, psicópatas que odian la naturaleza y que se creen Dios?

Fuente : http://snlibretransgenicos.blogspot.c…

Youtube  :  TheVedicObserver

Aversión a alimentos genéticamente modificados (OGM) es más alta que nunca y sigue creciendo

Evitar OGMs tanto para sí mismos como para sus hijos está siendo una creciente y principal razón por la que más padres están eligiendo alimentos orgánicos para sus familias.

Lo más probable es que sea liderada por estados como Vermont (Estados Unidos) y otros que buscan que los alimentos con organismos genéticamente modificados tengan etiquetas; la aversión a OGMs en lo que compramos como alimento para nuestras familias es más alta que nunca y continúa creciendo.

En un nuevo informe la Asociación de Comercio Orgánico (OTA) comenta que la tendencia a comer más saludable, seguida por la creciente preocupación de los padres de alimentar con alimentos transgénicos a sus hijos, está impulsando la sensibilización y la antipatía.

En su comunicado de prensa el grupo comentó, “Entre todos los pensamientos que corren por la mente de un padre o de una madre al hacer la compra semanal y decidir si poner un ítem orgánico o no en el carro de compras, nunca ha sido mayor el deseo de mantenerse alejados de los alimentos que han sido genéticamente modificados”.

Evitar OGMs tanto para sí mismos como para sus hijos está siendo una creciente y principal razón por la que más padres están eligiendo alimentos orgánicos para sus familias, comentó el grupo de negocios en su informe “Estudio de seguimiento a actitudes y creencias orgánicas de familias estadounidenses 2014”, que es una encuesta a más de 1.200 hogares de todo el país, que tienen viviendo con ellos al menos un hijo menor de 18 años”.

‘Cada año estamos viendo un incremento’

Casi una cuarta parte de los padres que compran alimentos orgánicos manifestaron que lo hacían para mantenerse alejados de los OGMs, que es una de las principales razones por las que seleccionaron productos orgánicos y es la cantidad más grande desde que se inició la encuesta hace cuatro años, explica el grupo. El número aumentó de manera significativa de un 16% de padres que dijeron lo mismo en la encuesta del año pasado.

El grupo halló que de las 15 razones que se les pidió evaluar a los padres que compran productos orgánicos, no comprar OGMs fue la que mostró el salto más grande de actitud en 2013.

Laura Batcha, CEO y directora ejecutiva de OTA, argumentó, “Cada año vemos un aumento en padres que se auto describen con conocimiento sobre temas ecológicos. Los padres se van informando más acerca de los beneficios de lo orgánico y también están más conscientes de las preguntas en torno a los OGMs. Esa toma de conciencia se está reflejando en sus decisiones de compra”.

En su comunicado de prensa, la OTA señaló:

La demanda de productos orgánicos está en pleno auge, con ventas en los Estados Unidos que aumentaron a 35 mil millones dólares en 2013, un alza del 12% respecto al año anterior y un nuevo récord. La encuesta de OTA muestra que ocho de cada diez familias estadounidenses ahora hacen de los productos orgánicos una parte de su lista de compras, si no todo el tiempo, por lo menos a veces.

De hecho, a medida que más padres están mejor educados en temas orgánicos (siete de cada 10 padres en la encuesta OTA dijo sentirse “muy bien informados” o “saben un poco” sobre los alimentos orgánicos) están más familiarizados con el término OGM. De hecho, el grupo dijo que el 73% de los padres, ya fuera que compraran alimentos orgánicos o no, sabían lo que representaba la sigla “OGM”.

Y a los padres tampoco les importa pagar más por lo orgánico

Sin embargo, Gwendolyn Wyard, Directora de Regulación de Normas Orgánicas y Seguridad Alimentaria de OTA, hizo hincapié en que los padres pueden estar seguros de que mientras compren un producto orgánico con el sello orgánico de USDA siempre va a ser no-OGM; los productos sólo con la etiqueta “no OGM” no necesariamente son orgánicos.

Señaló, además, que la garantía de no-OGM es otra gran característica de la compra de alimentos orgánicos y que el propio sello orgánico se relaciona con una serie de otros beneficios que los padres parecen valorar, tales como no tener colorantes artificiales, ni conservantes y sin hormonas sintéticas.

“Los padres, aparentemente, lo han captado. El mayor factor decisivo en la compra de productos ecológicos parece ser el sello orgánico del USDA, con casi las tres cuartas partes de los padres diciendo que buscan activamente ese sello orgánico “, dijo el grupo.

En un comunicado aparte, OTA agrega que los padres también están cada vez más dispuestos a pagar más por los alimentos orgánicos. En otro informe, el grupo encontró que el 47% de los encuestados dijo que la mitad o más de su compra semanal de alimentos, consiste en alimentos orgánicos a pesar de que cuestan más.

La Gran Época

Dime lo mal que comes y ya te busco yo una enfermedad apropiada

La medicina farmacológica se ha impuesto (sus resultados en ocasiones son sorprendentes) pero no contempla el poder de la alimentación, la nutrición, en la recuperación de la salud. La comida industrial está enfermando a la sociedad y es hora de darle valor a nuestro poder autocurativo (esto puede quedar pelín rollito autoayuda pero no van por ahí los tiros en este post, leed).

Hay un médico oncólogo francés, Henri Joyeux, especialista en nutrición que ha escrito un libro interesante: Come bien hoy, vive mejor mañana (Planeta, 2017). He publicado un post no hace mucho sobre él titulado Estudio novedoso documenta que los alimentos bio o ecológicos son mejores al resto. En una entrevista que publica con él La Vanguardia dice cosas como estas:

para evitar una recidiva hágame caso: tome mucha verdura y mucha fruta, que seaecológica y legumbres no excesivamente cocidas.

(…)

lo sabemos con certeza: comer cada día 400 gramos de fruta y verdura y hacer ejercicio puede reducir entre un 30% y un 40% los casos de cáncer“.

Y es que hay cada vez más médicos que hacen prevalecer el sentido común y se rebelan contra ese monumento al absurdo que es que en las facultades de Medicina no se enseñe casi nada sobre la importancia de la nutrición para prevenir e incluso tratar enfermedades. El también médico Fernando Calatayud Sáez, un hombre sensible e inteligente que trabaja codo con codo con su hija, nutricionista, Blanca Calatayud y escribe cosas como estas otras:

La medicina farmacológica actual, ha reducido y simplificado el arte de curar enfermos a la prescripción de fármacos. Sin duda con efectos sorprendentes que solucionan los problemas de salud, aunque a menudo, solo aparentemente. Se ha reducido la actuación del médico a la realización de un diagnóstico causal, seguido de un tratamiento farmacológico. Se realizan pruebas para establecer un diagnóstico y tras su evaluación, se desarrolla el informe final con el tratamiento farmacológico.

Se han obviado importantes aspectos que conciernen al estado de salud: ¿Que come este paciente? ¿Que tipo de ejercicio realiza durante el día? ¿En que medio ambiental se desenvuelve?”.

medicamentos daños iatrogeniaTodo esto es de sentido común, hasta un adolescente podría suscribirlo sin haber pasado la citada Facultad. Pero la realidad es tozuda y prevalece el enfoque farmacológico, “¿por qué será?” que preguntaba la Bombi en el célebre concurso de TVE Un, dos, tres… responda otra vez.

Los Calatayud hacen una buena labor divulgativa y formativa, nos enseñan cómo enfrentarnos a las enfermedades de la sociedad occidental.

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