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Los antiguos orígenes de la dieta vegetariana: el vegetarianismo a lo largo de la historia en todo el mundo

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Portada - Krishna con vacas, pastores y Gopis. Pintura Pahari del Himalaya. (Public Domain)

La dieta vegetariana se ha vuelto muy popular en todo el mundo en las últimas décadas. Sin embargo, el origen y la historia de esta filosofía de vida, basada en el respeto por la vida animal y el planeta, tiene sus raíces en el valle del río Indo y en la antigua Grecia.

El vegetarianismo ha sido conocido y practicado desde épocas muy antiguas. Aunque las gentes de la antigüedad aparecen a menudo representadas con grandes platos de carne en sus mesas, esta imagen podría estar más basada en la creatividad de los artistas que en la realidad. De hecho, parece que la humanidad en general solo se ha alimentado de importantes cantidades de carne en los últimos 1.000 años. En épocas anteriores el consumo de carne no era tan habitual. Este hecho podría deberse en parte a cuestiones relacionadas con la caza. Por ejemplo, en países desérticos como Egipto habría resultado extremadamente difícil producir carne suficiente para toda la población. Muchos pueblos de la antigüedad tenían asimismo una visión del mundo diferente: una visión que sería olvidada en gran medida por las generaciones futuras.

La alimentación basada en importantes cantidades de carne solo se habría generalizado a lo largo de los últimos 1.000 años. (Public Domain)

La alimentación basada en importantes cantidades de carne solo se habría generalizado a lo largo de los últimos 1.000 años. (Public Domain)

El respeto por los animales en Asia

Sabemos que las gentes de la prehistoria sacrificaban animales en el transcurso de rituales. El descubrimiento de huesos de animales demuestra asimismo que no eran vegetarianos. Sin embargo, con el tiempo algunos individuos empezaron a evitar la dieta basada en la carne y se decantaron por consumir vegetales en su lugar. Los antiguos textos sugieren que la primera razón de este cambio estuvo debida a una percepción diferente de la vida y del mundo animal.

Las evidencias de que disponemos sugieren que los fundadores de la dieta no basada en la carne vivían en Asia, concretamente en civilizaciones de la antigua India. Uno de los primeros defensores del vegetarianismo budista fue el emperador Ashoka (304 a. C. – 232 a. C.), quien intentó concienciar a la gente de la necesidad del respeto por la vida animal.

Esposa del emperador Ashoka apoyada en la barandilla, monumento budista de Sanchi. (Public Domain)

Esposa del emperador Ashoka apoyada en la barandilla, monumento budista de Sanchi. (Public Domain)

La idea de Ashoka era acabar con los sacrificios de animales y enseñar a la gente a respetar la vida animal. Escribía este rey en sus edictos:

Por causa del Amado de los dioses, rey Piyadasi, se ha escrito este edicto Dhamma. Aquí (en mis dominios) no se matará ni ofrecerá en sacrificio ningún ser vivo. Ni se celebrarán festivales, ya que el Amado de los Dioses, rey Piyadasi, ve mucho que objetar en tales festivales, aunque hay otros festivales que el Amado de los Dioses, rey Piyadasi, sí aprueba. (…) Veintiséis años después de mi coronación se decretó que debían ser protegidos diversos animales: loros, mainas, aruná, gansos de cabeza colorada, patos salvajes, nandimukhas, gelatas, murciélagos, hormigas reina, tortugas acuáticas, peces sin espinas, vedareyaka, gangapuputaka, peces sankiya, tortugas de tierra, puercoespines, ardillas, ciervos, toros, okapinda, asnos salvajes, palomas silvestres, palomas domésticas y toda criatura de cuatro patas que no fuera útil ni comestible. Aquellas cabras, ovejas y cerdas que tengan crías o estén dando de mamar serán protegidas, y también sus crías que tengan menos de seis meses de edad. Los gallos no serán castrados, las vainas que contengan seres vivos no serán quemadas ni tampoco los bosques, ya sea sin razón justificada o para exterminar a alguna criatura. Un animal no debe alimentarse de otro.

La dieta vegetariana aparece en muchos otros escritos religiosos y culturales de la antigua Asia. El vegetarianismo está en gran medida vinculado a dos religiones: el hinduismo y el budismo. Aunque en la actualidad algunos creyentes de estas religiones no comparten la aversión por comer carne, tradicionalmente esta idea ha sido parte importante de sus prácticas religiosas.

En el antiguo Japón, el emperador Temmu prohibió el consumo de carne de animales salvajes en el 675 d. C. Desde el período Nara hasta la Restauración Meiji (unos 1.200 años en total), la dieta de los japoneses consistió básicamente en legumbres y verduras. Se servía ocasionalmente pescado, aunque la gastronomía nacional era vegetariana casi por completo. Los antiguos japoneses eran curiosamente muy longevos en este período, aunque eso empezó a cambiar con el ascenso al trono del emperador Meiji, que canceló la antigua prohibición de consumo de carne en la segunda mitad del siglo XIX.

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“La Evolución” Rafa Fernández.

rafafernandez.net – LA CAJA DE PANDORA


(desde el minuto 4:40)
En esta ocasión Rafa Fenández nos hablará de las diferentes versiones de la evolución ¿Qué hay de real en todo esto?

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El conquistador y el filósofo: el encuentro entre Alejandro Magno y Diógenes

Portada - Relieves basados en los grabados de Pinelli (1928). La imagen nos muestra una escena de la vida cotidiana y las campañas de Alejandro Magno. Realizados en bronce por el escultor Pr. Tzanoulinos. Museo Helénico de la Guerra (Atenas, Grecia). (CC by 2.0 / Tilemahos Efthimiadis)

Alejandro Magno es ampliamente conocido como uno de los más grandes comandantes militares y conquistadores de todos los tiempos, y su nombre se ha convertido en sinónimo de grandeza e invencibilidad a lo largo de los siglos. Alejandro fue también el hombre que expandió la cultura griega y la civilización occidental por todo el mundo conocido en su época.

Siendo aún niño, Alejandro gozó de la bendición de tener como maestro a Aristóteles, uno de los más grandes filósofos de todos los tiempos. Aristóteles fue quien inspiró en Alejandro el interés por la filosofía, aun cuando como todo varón griego, estaba destinado a ser un rey guerrero—ya fuera ateniense, espartano, corintio o macedonio como Alejandro—y su primera prioridad era recibir una formación militar y ejercitarse en la disciplina. Este fue el factor principal por el cual los logros de Alejandro en el futuro no girarían únicamente en torno al campo de batalla y a la guerra, sino que también alcanzarían los ámbitos cultural, político, económico y social.

Aristóteles instruye a un joven Alejandro (Public Domain)

Aristóteles instruye a un joven Alejandro (Public Domain)

La coexistencia armónica entre pueblos diversos y distantes se convirtió en uno de los objetivos principales de Alejandro, en su empeño por “casar” culturas y civilizaciones rivales, un objetivo que consiguió hasta cierto punto al difundir la cultura, la lengua, el arte y la ciencia griegos, en un hecho que marcó un hito en el inicio de una nueva era en la que el helenismo y la civilización occidental se convirtieron en el centro de una civilización global. Esta situación se prolongaría siglos más tarde con el auge del Imperio romano.

Por otro lado, Diógenes el Cínico—quien según Plutarco nació el mismo día que murió Sócrates—fue uno de los fundadores de la escuela filosófica cínica, y sin duda el más famoso representante de este movimiento. Diógenes se centraba principalmente, casi exclusivamente de hecho, en una creciente toma de conciencia respecto a cuestiones sociales y morales. Sus enseñanzas
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Gaudí y la catedral del siglo XXI

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Los pilares de la Tierra es una novela histórica del autor británico Ken Follett, ambientada en Inglaterra de la Edad Media, en concreto en el siglo XII, durante un periodo de guerra civil conocido como la anarquía inglesa, entre el hundimiento del buque White Ship, barco realimagen-30normando que se hundió en el canal de la Mancha, Normandía, cerca de la costa de Barfleur, el 25 de noviembre de 1120, y el asesinato del arzobispo Thomas Becket. Guillermo Adelin, único hijo legítimo del rey Enrique I de Inglaterra, murió en el naufragio,  junto a su corte.  Esteban de Blois sobrevivió a la catástrofe, ya que decidió ceder el viaje a su hijo poco antes de la salida. Con la muerte de Guillermo Adelin, Esteban se convirtió en el competidor más fuerte para heredar la Corona de Inglaterra, que finalmente logró en el 1135. En los pilares de la Tierra también se recrea un viaje de peregrinación a Santiago de Compostela a través de Francia y España.  La novela describe el desarrollo de la arquitectura gótica, en especial las catedrales góticas, a partir de su precursora, la arquitectura románica, y las vicisitudes del priorato de Kingsbridge, en contraste con el telón de fondo de acontecimientos históricos que se estaban produciendo en ese momento. En esta novela “vivimos” la construcción de una catedral gótica. Casi todas las catedrales góticas se construyeron desde finales del siglo XII hasta el siglo XV. !Imagínense poder vivir en directo la construcción de una catedral! Esto sucede actualmente con el asombroso templo de la Sagrada Familia, en Barcelona, del arquitecto Antoni Gaudí i Cornet, máximo representante del modernismo catalán. Los que residimos en Barcelona, o los millones de turistas que nos visitan, podemos ver, día a día, como se está construyendo esta asombrosa catedral del siglo XXI.

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Antonio Gaudí y Cornet (1852 – 1926) ha pasado a la historia como un arquitecto singular, capaz de aunar atrevidas concepciones artísticas con un marcado esoterismo. Gaudí fue un arquitecto que supo transformar sus edificaciones en bellas estructuras repletas de simbolismo, entre la evocación de un mundo fantástico y su uso de un lenguaje codificado,  impenetrable para la mayoría de la gente. Gaudí vivió de manera muy austera. Nacido en una humilde familia de artesanos, Gaudí estudió en la Escuela de Arquitectura de Barcelona hasta el año 1878. Empezó entonces a trabajar en múltiples proyectos en los que los edificios se transformaban en algo vivo, mientras que la forma parecía desmaterializarse y en que todo parecía cambiar continuamente como en un proceso alquímico. Según Gaudí, «La inteligencia del hombre sólo puede expresarse en el plano y en dos dimensiones: resuelve ecuaciones con una incógnita, de primer grado. La inteligencia angélica es en tres dimensiones, y se despliega directamente por el espacio». Según Aristóteles: “La finalidad del arte es dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, no el copiar su apariencia“. Nos podemos preguntar sobre algunas de las interpretaciones que se han hecho sobre la vida de Gaudí y su obra, relacionándole con la masonería, la alquimia, los rosacruces, los templarios e incluso la adicción a los alucinógenos. Antoni Gaudí i Cornet fue bautizado en la iglesia parroquial de Sant Pere Apòstol de Reus, pero su residencia familiar se encontraba en Riudoms. Pero no existen documentos sobre su lugar de nacimiento. Gaudí fue un joven vivaz, sano, bien parecido, de cabellos rojizos y perspicaces ojos celestes, que se cuidaba y vestía a la moda, a pesar de estar impregnado por aquellas épocas de ideas que le acercaban al ideal utópico y obrerista. En su juventud era propenso a abrigar emociones por el sexo opuesto. Sin embargo, su vida sentimental, casi inexistente, ha estado muy influida por la especulación, debido a la falta de datos, testimonios y documentos sobre el tema.

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Se puede hablar de un sentimiento platónico profesado hacia una joven con la que coincidió quince días en casa de unos amigos, durante su carrera de arquitecto, de quién se enamora profundamente. Pero ella vivía en el extranjero y además estaba prometida. Después de tres años sin verla, aprovecha un viaje para recorrer y conocer las catedrales de Europa, así como para desviarse hasta el pueblo de la joven y contemplarla. Este hecho, que tampoco está estrictamente documentado, se infiere de un poema de Joan Maragall, que escribió Una calaverada, en 1904, muchos años después de los hechos. Es un relato oculto que revelaba, sin mencionar el nombre del protagonista, al que se refería como un joven de cabellos rojizos y ojos celestes, la supuesta aventura de su amigo Gaudí, revelada por él una tarde, en una de aquellas reuniones de inconfesables confidencias. Más tarde se enamora profundamente de Pepeta Moreu, hija mayor de los Moreu, de Mataró, profesora de piano y de idiomas en la escuela de la Cooperativa Mataronense, y único idilio que le puede ser atribuido con total base documental. Dos jóvenes ocuparon sus pensamientos después de Pepeta, aunque no se sabe casi nada de estas relaciones, que probablemente fueron también platónicas. Una de ellas era protestante y la  otra, más tarde, se haría monja. Su posterior celibato, será la consecuencia de sucesivas frustraciones amorosas, debidas en parte, probablemente, a su incorregible timidez, como también a un proceso de profundización en sus creencias religiosas, que le llevará a convertirse casi en un místico. Existen teorías de que el arquitecto, a pesar de su gran catolicismo, presente también en la iconografía de sus obras, estuvo conectado con la sociedad masónica. Pero, de entrada, hay una cierta contradicción con la doctrina católica, que no puede serle negada a Gaudí. Evidentemente, en las construcciones gaudinianas abundan signos y símbolos que son patrimonio de determinadas sociedades secretas. Los estudiosos que intentan ver en Gaudí una relación con la masonería, se basan sobre todo en la observación de estos símbolos contenidos en su obra, ya que no existe ningún tipo de prueba documental que apoye esta idea, a no ser indicios. Además, aseguran que Reus, ciudad donde se educó, es la ciudad donde se crearon las primeras logias, por lo que desde muy joven habría tenido contacto con sociedades masónicas. Por otra parte, ya en Barcelona, también vivió en un ambiente saturado de miembros de sociedades secretas e iniciáticas, que, además, estaban muy de moda en la época. Sus amistades con socialistas utópicos y anarquistas, y su relación con curiosas asociaciones excursionistas de la época, también han dado que hablar.

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Vemos a la alquimia íntimamente ligada a la arquitectura. Uno de los textos de alquimia más significativos, cuyo autor es Esprit Gobineau de Montluisant, se titula Explicaciones muy curiosas de los enigmas y figuras
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Una sociedad de guerreros: valor y disciplina en la antigua Esparta

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Portada - Espartanos, fotograma de la película ‘300’. (Σταύρος / Flickr)

La antigua ciudad-estado griega de Esparta es famosa por haberse estado dedicada casi exclusivamente al arte de la guerra. Las tareas no relacionadas con la guerra ni la política eran realizadas por esclavos, de modo que los ciudadanos varones podían centrarse en pulir sus aptitudes como guerreros. Los ciudadanos varones de Esparta comenzaban a la edad de siete años un riguroso programa de adiestramiento en el que se les entrenaba físicamente y aprendían a combatir hasta la edad de veinte años, a la que se incorporaban al ejército de hoplitas espartano. Una importante cuestión histórica es, ¿cómo acabó Esparta rigiéndose por este sistema? ¿Qué fue lo que inspiró a los espartanos a desarrollar uno de los ejércitos más disciplinados de la antigua Grecia? El origen del estilo de vida espartano debemos buscarlo en un estadista espartano llamado Licurgo y en la relación de Esparta con sus vecinos, a los que había sometido a la esclavitud.

Las mujeres espartanas también aplicaban la ideología de militarismo y valentía propia de la ciudad. Plutarco narra cómo antes de que entrara en batalla, la mujer espartana entregaba a su hijo el escudo, advirtiéndole que debía regresar “con él, o sobre él” (es decir, victorioso o muerto). (Public Domain)

Las mujeres espartanas también aplicaban la ideología de militarismo y valentía propia de la ciudad. Plutarco narra cómo antes de que entrara en batalla, la mujer espartana entregaba a su hijo el escudo, advirtiéndole que debía regresar “con él, o sobre él” (es decir, victorioso o muerto). (Public Domain)

Vida militar

Todos los ciudadanos varones de Esparta de edad menor a los sesenta años eran considerados soldados espartanos. La vida militar de un varón espartano empezaba desde su nacimiento. A la edad de siete años, los niños espartanos eran apartados de sus familias y enrolados en una institución conocida como agogé, en la que eran sometidos a una rigurosa educación física. Se les enseñaba asimismo a leer, escribir, poesía y política, pero la mayor parte de la educación espartana consistía en entrenamiento físico y en mejorar la resistencia física del estudiante, aprender a soportar el dolor y habilidades de supervivencia. Se alimentaba insuficientemente a los muchachos a propósito para que tuvieran que acostumbrarse a robar comida sin ser atrapados. En caso de serlo eran duramente castigados. La cosa no quedaba ahí, ya que habitualmente se les golpeaba y azotaba para aumentar su capacidad de resistir el dolor. A los muchachos mayores, con edades de dieciocho y diecinueve años, se les empezaba a impartir una instrucción militar formal. A la edad de veinte años se convertían oficialmente en soldados del ejército espartano y miembros de la asamblea de ciudadanos de Esparta.

Tres muchachos espartanos practican el tiro con arco (Public Domain)

Tres muchachos espartanos practican el tiro con arco (Public Domain)

Como soldados, los jóvenes espartanos vivían en barracones con sus camaradas los demás soldados, y comían en común en comedores llamados syssition. Ya que se suponía que debían concentrarse en su instrucción militar y evitar distracciones, no se les permitía acumular posesiones ni vivir lujosamente, lo que incluía no llevar ropa coloreada con tintes caros ni participar en actividades recreativas. Plutarco nos ofrece un ejemplo de ello al describir un campamento espartano en el que no disponían de artistas ni bailarinas para entretener a las tropas. En su tiempo libre, los soldados practicaban y depuraban sus habilidades en combate. Por la misma razón, no se permitía a los guerreros espartanos casarse hasta la edad de treinta años, y hasta entonces estaban obligados a vivir con sus camaradas. A la edad de treinta, un soldado espartano ya era un curtido veterano. Era entonces cuando finalmente se le permitía casarse y asumir nuevas responsabilidades. No podían retirarse del servicio militar hasta la edad de sesenta años.

Estatua al rey Leónidas I en la Esparta moderna (CC BY-SA 3.0)

Estatua al rey Leónidas I en la Esparta moderna (CC BY-SA 3.0)

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Amuleto de bronce fabricado a la cera perdida hace 6.000 años en Pakistán

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Es la evidencia más antigua de esta técnica de fundición de objetos

A grandes incógnitas, concienzudos análisis. Varias piezas de cobre recuperadas del yacimiento de Mehrgarh, en el valle del Indo (Pakistán), con una antigüedad de 6.000 años, guardaban sus misterios acerca de cómo habían sido fabricadas. El análisis en detalle a través de fotoluminiscencia de uno de estos amuletos ha revelado que se trata del objeto más antiguo conocido fabricado con la técnica de la cera perdida. Sus corrosiones internas han permitido reconstruir el proceso de fabricación en un momento temprano de esta técnica, que se iría depurando posteriormente con el uso de aleaciones de cobre, dando como resultado un proceso tecnológico revolucionario para los seres humanos.

Fuentes de información digital utilizadas
Efe FuturoThe Washington PostInternational Bussiness Times
Fuente de las imágenes
Nature
Palabras clave:
prehistoria, calcolítico, Mehrgarh, Pakistán, cobre, fundición, cera perdida, economía
Bibliografía científica, publicación original
Nature

Un amuleto de 6.000 años de antigüedad ha sido identificado como el objeto metálico más antiguo conocido hasta ahora confeccionado con un molde de arcilla, a partir de una figura de cera, según un estudio que publica la revista Nature.
Científicos del sincrotrón nacional francés SOLEIL han utilizado una técnica de fotoluminiscenciapara estudiar microestructuras invisibles para los microscopios convencionales en el amuleto, encontrado en Mehrgarh (Pakistán).
Para desentrañar los secretos de su fabricación, los investigadores analizaron el espectro lumínico que refleja la pieza metálica. Como resultado, se ha podido establecer que el objeto está compuesto por dos tipos de óxidos de cobre, que han sufrido dos procesos de corrosión paralelos.
El análisis desvela que el objeto es el ejemplo más antiguo del que se tiene constancia de la llamada “fundición a la cera perdida”, una técnica para elaborar figuras de metal idénticas a partir de un molde.
Para obtener ese molde, se daba forma primero a una figura con cera de abeja, que se rodeaba más tarde con arcilla. Al introducir el molde en un horno, la cera del interior se funde y la arcilla endurecida se puede rellenar entonces con metal fundido que se desee utilizar para crear la pieza. Al solidificarse, queda fabricada una réplica exacta de la figura inicial modelada en cera.

De una sola pieza
El análisis en el sincrotrón francés confirma que el amuleto de Mehrgarh se fabricó en una sola pieza y demuestra que se hizo a partir de cobre fundido sobre un molde de arcilla.
Durante el proceso de fabricación, el cobre que conforma la pieza absorbió una pequeña cantidad de oxígeno. Sus rastros han permitido a los investigadores desentrañar cómo se llevó a cabo la producción del pequeño objeto.
Observando atentamente las corrosiones, “descubrimos una estructura oculta que es como una marca característica del objeto original, de cómo fue hecho”, ha declarado el autor principal Mathieu Thoury, físico en Ipanema, el centro europeo para el estudio de materiales antiguos. “Tienes una marca distintiva de lo que estaba ocurriendo hace 6.000 años”. Thoury cree que los antiguos artesanos estaban tratando crear el amuleto a partir de cobre puro, pero sin darse cuenta dejaron que entrara algo de oxígeno durante el proceso de fabricación. Esos óxidos de cobre iniciales se endurecieron formando ciertos filamentos en el interior de la pieza.
Con una antigüedad de 6.000 años, este amuleto es el objeto más antiguo conocido que ejemplifique esta técnica. Con el tiempo, la cera perdida se usaría para fabricar innumerables objetos funcionales como cuchillos, vasijas para agua, utensilios, herramientas e incluso joyería, figuras religiosas, o impresionantes estatuas de metal. Esta técnica contribuyó a la transición desde el Neolítico al Calcolítico y la Edad del Bronce, y facilitó el surgimiento de nuevas y poderosas culturas. Un técnica de fundición basada en el mismo proceso se usa en la actualidad para fabricar equipamiento de la NASA que ha viajado hasta la Estación Espacial Internacional y Marte.

Descubre los SECRETOS de los Reyes de España y sus reales familias que NUNCA te contaron

reyes-espana

ESTAMOS ACOSTUMBRADOS, desde nuestro paso por colegios o institutos, a recordar las clases de Historia, como monólogos magistrales en nuestras imaginativas mentes infantiles y adolescentes, que no dejan de visionar una sucesión de acontecimientos inexplicables y lejanos, entonces demasiado profundos, sin comprender que el pasado nos explica el porqué de un presente, muchas veces sin sentido…

Y algunos nos volvemos universitarios, proyectando nuestras interrogantes e inquietudes juveniles en la carrera de Historia, porque queremos satisfacer nuestros ideales utópicos y quijotescos, aportando soluciones a los graves problemas mundiales de ayer y de hoy, es la minoría de los humanistas vocacionales.

Ya en estos niveles, la consulta de las últimas teorías e interpretaciones históricas escritas por los investigadores más vanguardistas, las contrastamos con espíritu crítico con las explicaciones de nuestros profesores en las aulas. Ahora sí que tenemos la madurez necesaria para debatir en profundidad y darle un verdadero sentido al aprendizaje de los años colegiales.

Sin embargo, que nuestro interés por profundizar en temas puntuales del pasado y presente histórico no nos haga perder otra visión de la Historia real, que no aparece nunca en nuestros recordados libros de texto, ni en nuestro saber universitario y que es fundamental para entender y explicar ese pasado y este presente histórico, objetivo de este artículo.

La España de los Austrias

Vamos a iniciar nuestra andadura en la Edad Moderna o Antiguo Régimen, época en la que España fue gobernada por los Habsburgo (Austrias), pues durante la Edad Antigua “Hispania” era sólo una provincia más del poderoso Imperio Romano y en la Edad Media, se pasó media España luchando contra la otra media por la invasión árabe. En la Edad Moderna, era costumbre generalizada que los matrimonios se concertaran entre las casas reales europeas por conveniencias políticas, a una edad muy temprana que podía oscilar entre 13 a 16 años las princesas y sobre 14 a 17 los herederos. Por ello, no debe extrañarnos las prematuras muertes por parto de muchas princesas reales; para colmo, la mayoría de estos inmaduros matrimonios eran parientes, con las consabidas taras genéticas que ello
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La última oportunidad de la familia real saudí para recuperar su herencia española

Montaje realizado por Vanitatis

Todo arranca cuando en 2005 la Policía irrumpe en el domicilio de Agustín y le detienen junto a su mujer, María Antonia, e hijo. Tenía entonces 80 años. Ahora tiene 92, sufre una enfermedad mental y el juez lo ha eximido de sentarse en el banquillo durante las cinco sesiones que está previsto que dure el juicio. Tampoco lo hará su hijo, para el que se han sobreseído las actuaciones, aunque sí su mujer, sobre la que pesa una petición de cárcel de tres años por lucrarse con el dinero que presuntamente se quedó su marido. El tribunal ha señalado como punto de arranque para las cuestiones previas el 23 de noviembre, pero está previsto que las vistas duren hasta mediados de diciembre.

El príncipe saudí Saad Bin 

El príncipe saudí Saad Bin

Si hoy Agustín pudiera recordar les contaría que allá por los años setenta conoció al príncipe saudí Saad bin Abdul, hermano del rey de Arabia Saudí, agregado de la embajada de Arabia Saudí y familiar del rey Fahd (al que ustedes conocen por sus lujosas estancias en Marbella) cuando eligió Barcelona para tratarse de unas dolencias y se hospedó en el hotel Princesa Sofía, del que Agustín era subdirector. No sabemos si fue el tratamiento médico o la ciudad lo que encandiló a Saad bin Abdul, pero, a diferencia de otros jeques árabes, eligió Cataluña para pasar largas estancias. Por ello, decidió adquirir dos pisos en el barrio de Pedralbes de la Ciudad Condal y una finca de 1.300 hectáreas con dos majestuosos castillos, el de Rocabruna y Rocafort, en la población de Santa María d’Oló en los que cultivaba una de sus pasiones: la crianza de caballos árabes. El príncipe, que había renunciado al trono de Arabia Saudí a favor de su hermano, pasaba tanto tiempo en Cataluña que en la localidad catalana le apodaron con el nombre del ‘príncipe árabe d’Oló’.

Su hombre fuerte en España

Agustín se convirtió en su mano derecha, casi como su ‘hombre’ en España. Cuando el príncipe enfermó de cáncer, le concedió poderes para gestionar su patrimonio ‘español’. La muerte le sobrevino el 23 de julio de 1993 en Houston, ciudad a la que se había desplazado para tratar de frenar su enfermedad. A su muerte, según declaró en su día Agustín a la Policía, intentó contactar con sus herederos para que se hicieran cargo de su patrimonio, pero fue una tarea imposible. Se abandonaron las fincas, los caballos, se dejó de pagar a los empleados… La situación se complicaba y Agustín viajó a Riad para reunirse con el hijo del príncipe. De aquella reunión solo logró constatar el desinterés del heredero de Saad bin Aziz.

Siempre según su versión, en 1996 tomó la decisión de poner a la venta aquel patrimonio y sufragar las deudas. Lo primero en salir al mercado fueron los pisos, por los que logró entonces 140 y 90 millones de las desaparecidas pesetas (843.000 y 540.000 euros, respectivamente). Uno de ellos fue adquirido por el exfutbolista Iván de la Peña. Ya en 2001 se consumaba la venta de la finca a una empresaria catalana de origen ruso llamada Olga Djanaeva, propietaria de una inmobiliaria, por casi siete millones de euros. La empresaria se instaló junto a su novio, el filósofo y exfuncionario del Parlamento ruso y compañero de negocios, Sergéi Oganesian, en la masía que formaba parte de la propiedad y cuyas estancias había ocupado antes el príncipe árabe y su séquito.

Agustín defendió ante la Policía que, tras la venta, no quedó nada. El fiscal no lo cree y considera que sus poderes se extinguieron con la muerte del príncipe y, por tanto, no tenía capacidad para vender aquellos bienes. También afirma que “el acusado ocultó la muerte del jeque a los compradores y al notario. Después, “ingresó en sus cuentas corrientes una parte del dinero, pero no consta a que destinó el resto y recuerda que Olga fue abonando diversos pagarés, aunque le resta por pagar la cantidad de 2,8 millones de euros que dejó de abonar porque los herederos le enviaron diferentes requerimientos notariales informándole de quiénes eran los legítimos dueños”.

La empresaria rusa que se instaló en la masía del príncipe árabe

Olga se enfrenta a la petición de prisión de siete años por un delito de alzamiento de bienes solicitada por los abogados de los herederos reales que entienden que consintió en celebrar dicha compra, aún sabiendo de la muerte del jeque, para obtener condiciones ventajosas en la operación a cambio de ayudar a Agustín a desviar el dinero. También la acusa de un delito de insolvencia punible porque vendió una de las fincas a pesar de que la investigación ya se había iniciado. Olga, en cambio, niega que conociera la muerte del príncipe y califica de “disparate jurídico” esas condiciones ventajosas de las que habla la acusación particular en su escrito de defensa y les recuerda en su escrito de defensa que consta en el sumario que no han logrado aportar ningún informe pericial que lo acredite. También recoge el daño que supone para su imagen como empresaria estar acusada de cooperadora necesaria en esta estafa. Por su parte, Iván de la Peña solo comparecerá como testigo para narrar como su operación fue con total desconocimiento de la situación del príncipe.

Imagen de la masía Imagen de la masía

Salvo la interposición de la querella, la familia saudí no ha colaborado con la justicia. No prestaron declaración ante el juez cuando se les requirió y tampoco tendieron puentes cuando el juez ordenó la comisión rogatoria que retrasó el juicio más de un año. Entonces, aceptaron responder un cuestionario elaborado por las defensas en el que afirmaban que Agustín había engañado al príncipe fallecido, negaban que hubiera acudido a entrevistarse con el heredero e incluso que tuvieran poderes para realizar dicha venta. “Lo negaban todo”, afirman fuentes judiciales.

Hubo un primer intento de celebrar un juicio el pasado mes de febrero pero se suspendió ante la incomparecencia de los herederos. Esta vez, si no comparecen, las defensas pedirán que se celebre sin su presencia para poner punto final a la batalla por la herencia del príncipe saudí.

Hallada en Dinamarca una singular colección de herramientas vikingas de hace 1.000 años

Portada - Caja de herramientas vikinga hallada en 1936 en el fondo del antiguo lago Mästermyr, isla de Gotland. (Christer Åhlin/SHMM)

El descubrimiento de una singular caja de herramientas vikinga de hace 1.000 años con 14 herramientas de hierro únicas ha provocado un gran revuelo en las recientes excavaciones de una antigua fortaleza vikinga. Esta caja de herramientas ha sido desenterrada en una pequeña parcela de terreno de la quinta fortaleza circular vikinga de Dinamarca: Borgring. Es la primera prueba directa de que esta fortificación estuvo realmente habitada en el pasado.

La periodista Charlotte Price Persson, de Science Nordic, se convirtió en arqueóloga por un día uniéndose al equipo de investigadores para ayudar a limpiar el terreno y desenterrar estas herramientas de hierro.

El bloque de terreno que albergaba las piezas fue retirado de su emplazamiento original, ante una de las cuatro puertas de Borgring. Los investigadores sugieren que las herramientas podrían haber pertenecido a gente que vivía en la fortificación. El hallazgo incluye una impresionante colección de herramientas que fueron utilizadas en torno al siglo X d. C.

La arqueóloga jefe Nanna Holm decidió mirar mejor antes de empezar las excavaciones en las que se desenterraron las herramientas. Como podemos leer en Science Nordic: “Pudimos ver que había algo en las capas [de terreno] en torno a la puerta oriental. Si hubiera sido algo muy visible de los estratos superiores podría haberse tratado de un simple arado, pero procedía de capas más ‘interesantes’. De modo que lo desenterramos y pedimos permiso a un hospital de la zona para tomar prestado su escáner de TC (Tomografía Computarizada).”

Los escáneres permitieron a los investigadores observar las siluetas de las herramientas, dándose cuenta de que la caja en la que se encontraban había desaparecido (la madera se pudrió con el paso del tiempo). Sin embargo, la disposición de estos utensilios sugiere que el terreno ocupó el lugar de la caja de madera. Se trata de un descubrimiento excepcionalmente singular. Las herramientas de hierro eran muy caras y valiosas para los vikingos. Es extraño que nadie las encontrara antes y fundiera las piezas para reutilizar su hierro.

Tomografía Computarizada de la caja de herramientas vikinga recientemente descubierta en Dinamarca (videnskab.dk)

Tomografía Computarizada de la caja de herramientas vikinga recientemente descubierta en Dinamarca (videnskab.dk)

Los arqueólogos creen que el análisis de las piezas les ayudará a comprender qué tipo de artesanos las utilizaban. Por ahora, los investigadores suponen que las leznas y la placa trefiladora podrían haberse utilizado para producir pulseras de alambre fino. Pero este tipo de lezna-gubia también se utilizaba para practicar orificios en la madera, lo que sugiere que podría tratarse también de la caja de herramientas de un carpintero.

Además, la ubicación de los hallazgos junto a la puerta oriental de la fortaleza proporciona más información sobre la historia de estas herramientas. Podrían haber sido utilizadas después de que un fuego incendiara las puertas norte y este de la fortificación en la segunda mitad del siglo X.

El equipo también encontró una estancia cercana a la puerta que podría haber sido empleada como taller o vivienda para un artesano. Ocupa entre 30 y 40 metros cuadrados y dispone de su propia chimenea para el fuego. Los investigadores especulan que las herramientas quedaron enterradas al derrumbarse la puerta, lo que explicaría las dificultades que habría implicado la recuperación de estos valiosos utensilios de hierro.

Fotografía aérea de Vallø Borgring. Versión modificada de una fotografía de satélite en la que se han sombreado los relieves. La flecha señala en lugar en el que se observa una forma circular, emplazamiento de la antigua fortificación. (Danskebjerge/CC BY SA 3.0)

Fotografía aérea de Vallø Borgring. Versión modificada de una fotografía de satélite en la que se han sombreado los relieves. La flecha señala en lugar en el que se observa una forma circular, emplazamiento de la antigua fortificación. (Danskebjerge/CC BY SA 3.0)

Ahora, los investigadores tienen previsto examinar las herramientas mediante rayos X, lo que ayudaría al equipo de Holm a identificar con exactitud de qué herramientas se trata. La investigadora ya tiene algunas ideas al respecto, como por
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La historia eternamente reescrita:

Ya comentamos la dificultad inherente al ser humano, de percibir la dimensión temporal de la realidad, de percibir los procesos y no simplemente los estados.

La historia es siempre un relato, parcial y sesgado, de lo que ha ocurrido en un periodo de tiempo. Adopta inevitablemente el punto de vista de alguien concreto, de un narrador, un cronista, que tiene que ser extremadamente cuidadoso para no volcar en el relato sus impresiones, ideas y creencias particulares.

La objetividad absoluta en un relato es imposible, de la misma manera que es imposible eliminar la subjetividadcuando se interpretan unos hechos, unos textos, unas palabras …etc. La historia debe estudiarse siempre desde un espíritu crítico, pues el narrador puede haber omitido (intencionalmente o no) detalles importantes, que pueden modificar totalmente la interpretación de unos hechos.
“El diablo está en los detalles”

Por ejemplo, un historiador de prestigio devoto de una religion que condena el consumo de alcohol, quizá evitará mencionar en sus textos que ciertos jefes políticos y religiosos de su pueblo bebían vino y disponían de harenes de mujeres. Estas realidades, que en su tiempo eran moneda común, ya no son aceptables por la corriente mayoritaria y por este motivo un historiador “oficial” tendrá buen cuidado de no mencionarlas, o en todo caso, de hacerlo de modo velado.

Dicho esto, la historia debe ser escrita por alguien, y las sociedades deben llegar a un acuerdo sobre el relato oficial que satisfaga a todas las sensibilidades o, al menos, a la mayor parte de ellas. Esta historia se utiliza después para explicarnos a nosotros mismos y a los demás quienes somos y de dónde venimos. Toda sociedad y toda organización necesita un relato consensuado y verosímil sobre su historia.

Cuando la sociedad era mayoritariamente analfabeta y la escritura una habilidad minoritaria, el relato míticotenía una gran importancia. Su función era retener lo esencial de una situación y transmitirlo con eficacia a las generaciones futuras. Tengamos en cuenta también que muchas veces, la historia mítica fue escrita por los vencedores y por las clases dominantes, instruidas. En una entrada posterior hablaremos de la importancia del poder simbólico y el relato mítico.

Muchos relatos históricos, como los nacionalismos, incorporan graves sesgos:

  • Intentan construir un relato mítico de una arcadia que, en realidad, nunca existió.
  • Promueven la xenofobia y el desprecio por el que es diferente, simplemente por serlo.
  • Manipulan la historia real y la memoria de la gente.
  • Interpretan los hechos atribuyéndoles significados que no tienen, y que jamás estuvieron en la mente de los autores originales.
  • El deslizamiento semántico, que hace que palabras y expresiones que originalmente significaban una cosa, pasen a ser interpretadas de forma diferente o incluso contraria al sentido original.
  • Y el anacronismo, quizá el error más frecuente,que consiste en obviar el contexto original de los hechos e interpretarlos desde el punto de vista de un observador actual.

Desde que la alfabetización es mayoritaria y, sobre todo desde que el acceso al material escrito y audiovisual se ha generalizado, existe una gran cantidad de fuentes históricas que se pueden consultar y las tentaciones de manipulación de la historia son menores. Hay muchos más “historiadores” y, por tanto, muchas más “versiones”de los mismos hechos.

Actualmente, todos podemos convertirnos en “cronistas oficiales” de una realidad.

Resulta de gran utilidad una mirada externa, que incorpora la distancia necesaria, una perspectiva más global y un desapasionamiento.

“Cuando un hombre defiende una idea, se está defendiendo también a sí mismo”

Curiosamente, muchas veces el pasado más inmediato es un gran desconocido.

  • Tras periodos turbulentos y de degradación social y moral, hay una fuerte tentación de “correr un velo tupido” sobre ciertas realidades desagradables y poco edificantes, es decir, “hacer borrón y cuenta nueva”.
  • Tambien se tiende a olvidar el contexto de estos hechos, y se cae en el grave error de descontextualizarlos.
  • Tengamos también en cuenta el efecto de dulcificación de los recuerdos que ocurre en las personas a medida que envejecen, y la propia tendencia inconsciente a reescribirlos continuamente, lo que puede llevar a deformaciones importantes en los mismos. La tendencia a la autoindulgencia y la autojustificación (para evitar disonancias cognitivas y tratar de suprimir recuerdos dolorosos) nos puede llevar al error de la nostalgia (literalmente, “dolor de regresar”), de concluir que “cualquier tiempo pasado fue mejor”.
  • El recuerdo está, además, fuertemente ligado al sistema límbico y tiene, por tanto, una componente emocional inseparable, susceptible de ser manipulada. Reordamos mejor los hechos ligados a emociones intensas
  • La historia está, quizá, condenada a ser reescrita, o al menos, revisada continuamente.

En relación a esto, comenta con inquietud Orwell en una de sus cartas:

“Ya de joven me había fijado en que ningún periódico cuenta nunca con fidelidad cómo suceden las cosas, pero en España vi por primera vez noticias de prensa que no tenían ninguna relación con los hechos, ni siquiera la relación que se presupone en una mentira corriente.
 (…) 
En realidad vi que la historia se estaba escribiendo no desde el punto de vista de lo que había ocurrido, sino desde el punto de vista de lo que tenía que haber ocurrido según las distintas «líneas de partido». 
(…) 
Estas cosas me parecen aterradoras, porque me hacen creer que incluso la idea de verdad objetiva está desapareciendo del mundo. A fin de cuentas, es muy probable que estas mentiras, o en cualquier caso otras equivalentes, pasen a la historia. ¿Cómo se escribirá la historia de la Guerra Civil Española?
(…) 
Sin embargo, es evidente que se escribirá una historia, la que sea, y cuando hayan muerto los que recuerden la guerra, se aceptará universalmente. Así que, a todos los efectos prácticos, la mentira se habrá convertido en verdad. 
(…) 
El objetivo tácito de esa argumentación es un mundo de pesadilla en el que el jefe, o la camarilla gobernante, controla no sólo el futuro sino también el pasado. Si el jefe dice de tal o cual acontecimiento que no ha sucedido, pues no ha sucedido; si dice que dos y dos son cinco, dos y dos serán cinco. Esta perspectiva me asusta mucho más que las bombas, y después de las experiencias de los últimos años no es una conjetura hecha a tontas y a locas.”

El mal como tema de estudio y análisis.

PD: la ponerología, que es la teoría o estudio de cómo se gesta y se desarrolla la maldad en las personas, en las organizaciones y en las sociedades.

El concepto de ponerología se atribuye al psiquiatra polaco Andrzej Lobaczewski, que realizó un interesante trabajo de síntesis de aportaciones diversas que, sobre este tema, hizo un grupo de psiquiatras de la Europa del Este durante la época de la dominación soviética.
Más concretamente, ponerología es el nombre dado por Lobacewski y sus colegas al:
“estudio interdisciplinario de las causas de períodos de injusticia social”
 
Lobaczewski y su generación fueron los últimos en recibir formación académica no influenciada por la ideología soviética.
Con posterioridad a la dominación soviética, la psiquiatría enseñada en las universidades se basó en conceptos pavlovianos, superficiales y en ocasiones poco científicos, y se prohibió el estudio de la genética y la psicopatía.
Según Lobaczewski, el gran error que impide a las sociedades humanas entender y contrarrestar a tiempo la génesis de la maldad y la injusticia está en el enfoque moralista sobre la maldad, un enfoque que considera superficial, ya que no va a las auténticas causas y que, además, suele ser “forense“, es decir, actúa a tiempo pasado, cuando el daño ya se ha hecho y la situación ha escapado de control.
En lugar de ello, propone un enfoque científico y sistemático para identificar los episodios precoces y así poder actuar a tiempo.
Este enfoque, desprovisto de connotaciones históricas, culturales o geográficas es, sin duda, su gran aportación. Precisamente  algunas de las aportaciones más originales de Lobacewski radican en la identificación y el estudio de ciertos seres “anormales” (psicópatas, pero también esquizoides y caracterópatas) y el papel fundamental que parecen desempeñar en la génesis y la expansión del mal durante los periodos más oscuros de la historia de la humanidad.
Para Lobaczewski, el verdadero tesoro de las sociedades humanas es la gente normal, que constituye la inmensa mayoría de la población, y es la artífice de la paz, la confianza, la creatividad y la felicidad de los demás.
En las próximas entradas de este blog iremos desgranando, describiendo y analizando los caracteres que intervienen y los fenómenos que contribuyen y desarrollan la ponerogéneris y su extremo: la patocracia.

http://teoriamal.blogspot.com.es/

“Siento pena por Hillary Clinton” , dice Assange en entrevista exclusiva

Hoy, por cortesía de Dartmouth Films, RT muestra la versión completa de la entrevista a Julian Assange realizada por el periodista australiano John Pilger. El fundador de Wikileaks revela a quién representa Hillary Clinton en estas elecciones presidenciales en EE. UU. y quiénes formaron en realidad el gobierno de Obama. Además, Assange cuenta quién financia el Estado Islámico según lo muestran las revelaciones de Wikileaks y por qué Occidente no desea hablar de sus presos políticos.

Las misas negras de La Voisin: la adivina asesina de la corte de Luis XIV

Portada - Grabado en el que aparece un retrato de Catherine Deshayes, “La Voisin”. (Misterios en la Red/CC BY NC SA 3.0)

Catherine Monvoisin fue una mujer con una oscura historia. Su vida influyó en el mundo de lo oculto y en la corte de Luis XIV, el famoso rey francés cuyo palacio dorado le reportó fama inmortal e innumerables amantes. Los dones espirituales de Catherine la convirtieron en una mujer rica y poderosa, pero cuando la vida de la dama conocida como La Voisin se cruzó con intrigas y escándalos de la corte real francesa, fue imposible que su historia tuviera un final feliz.

¿Una mujer sin igual?

Catherine Deshayes nació en torno al año 1640. Cuando era joven se casó con Antoine Monvoisin. Monvoisin era dueño de una joyería en París, pero la vida no le trajo buena suerte en los negocios. Acabó arruinado, de modo que su esposa decidió tomar las riendas de la economía familiar. Debió ser una mujer cultivada, ya que poseía ciertos conocimientos médicos. Fue asimismo comadrona, asistiendo además a las mujeres que querían abortar.

Aparte de esto, Catherine se hizo famosa en la ciudad como talentosa vidente y adivina. Finalmente, estos dones la llevarían a convertirse en uno de los personajes más misteriosos y fascinantes del París de la segunda mitad del siglo XVII.

Grabado del siglo XVII en el que aparece un retrato de Catherine Deshayes sostenido por un diablo alado. (Public Domain)

Grabado del siglo XVII en el que aparece un retrato de Catherine Deshayes sostenido por un diablo alado. (Public Domain)

Las dotes espirituales de Catherine despertaban cada vez más admiración, especialmente cuando aseguraba que sus poderes eran un don de Dios. Contaba a la gente que recibió su don con nueve años de edad. Catherine también estudió muchas otras disciplinas y obtuvo algunos conocimientos de fisiología. Sin embargo, basaba sus actividades médicas en la información que obtenía de leer cara y manos, así como de la adivinación del futuro.

Cuando Catherine fue lo suficientemente rica como para ello, creó una atmósfera mística especial en su lugar de trabajo. Sabemos que gastó 1.500 libras francesas para comprar una túnica de terciopelo rojo carmesí con águilas bordadas en hilo de oro. Gastaba importantes cantidades de dinero en su imagen, pero la inversión le salía a cuenta al aumentar consecuentemente el número de sus clientes.

En 1665, un sacerdote de la orden de San Vicente de Paúl y la Congregación de la Misión puso en duda sus poderes. Pero Catherine, conocida ya entonces como “La Voisin”, era inteligente, y compareció ante los profesores de la Universidad de La Sorbona para explicarles cómo funcionaban sus dones. Quedó en libertad gracias a su habilidad retórica y a su impresionante actuación frente a quienes la criticaban. Con el tiempo, fue perfeccionando sus rituales y añadió la misa negra a su repertorio: en ella se utilizaba un “altar viviente” (generalmente una mujer joven) para rendir culto a los espíritus.

Catherine Monvoisin y el sacerdote Étienne Guibourg realizan una misa negra para Madame de Montespan, amante del rey de Francia Luis XIV. Supuestamente Madame de Montespan sería la mujer desnuda que se observa sobre el altar. Grabado de Henry de Mavost (1895). (Public Domain)

Catherine Monvoisin y el sacerdote Étienne Guibourg realizan una misa negra para Madame de Montespan, amante del rey de Francia Luis XIV. Supuestamente Madame de Montespan sería la mujer desnuda que se observa sobre el altar. Grabado de Henry de Mavost (1895). (Public Domain)

Los poderes de una bruja

Muy pronto, La Voisin se hizo muy popular en la corte de Luis XIV. Muchos personajes importantes acudían a ella para pedirles ayuda, consejo y tratamientos médicos secretos. Algunos de sus clientes fueron: François Henri de Montmorency-Bouteville, (Duque de Luxemburgo), Françoise-Athénaďs de Rochechouart Montespan, (Marquesa de Montespan y amante del rey), Olympe Mancini (Condesa de Soissons), su hermana Marie Anne Mancini (Duquesa de Bouillon), y la Condesa de Gramont (conocida como “La Belle Hamilton”).

Catherine Monvoisin era lo suficientemente inteligente como para salir airosa de muchas de las críticas y presiones de las que era objeto. Pero al implicarse en una conjura que supuso uno de los mayores escándalos de la corte de Luis XIV, su vida corrió peligro.

Retrato de Madame de Montespan. (1640-1707) (Public Domain)

Retrato de Madame de Montespan. (1640-1707) (Public Domain)

Todo comenzó cuando La Voisin fue contratada por Madame de Montespan para realizar misas negras. En 1667, se empezaron a celebraron estas ceremonias en una casa de la Rue de la Tanniere. Se desconoce si el rey asistía a estos ritos, aunque algunos rumores apuntaban a que su poder provenía del diablo. Un testigo de esta misas negras sugirió que Montespan estaba intentando
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Los 8 presidentes de Estados Unidos que murieron ejerciendo su cargo

http://www.scoopnest.com/es/user/T13/795038235168833536

John Fitzgerald Kennedy con su esposa.Image copyrightGETTY IMAGES

Image captionJohn Fitzgerald Kennedy fue asesinado el 22 de noviembre de 1963.

Ser una de las personas más poderosas del planeta es más peligroso de lo que uno podría creer.

Cuando cada vez falta menos para la elección que definirá al próximo presidente de Estados Unidos (el número 45), te recordamos quiénes fueron los mandatarios a los que el cargo les costó la vida.

Cuatro presidentes de ese país fueron asesinados mientras estaban en funciones y otros cuatro murieron por cuestiones de salud ejerciendo el cargo.

Además, nueve mandatarios estadounidenses sobrevivieron a atentados contra su vida.

Es un oficio de alto riesgo.

Tiempos violentos

Abraham Lincoln fue el primer presidente del Partido Republicano.

Gobernó entre marzo de 1861 y el 14 de abril de 1865, cuando recibió un disparo en la cabeza de parte de John Wilkes Booth, un simpatizante del sur.

Lincoln había tenido un importante papel en la lucha contra los secesionistas del sur conocidos como Estados Confederados de América en la Guerra Civil (1861-1865).

Escena de la muerte de Abraham LincolnImage copyrightGETTY IMAGES

Image captionLincoln fue asesinado por un simpatizante secesionista.

Si bien la guerra secesionista se produjo por diversos factores, entre ellos los modos de producción del norte (industrial) y el sur (agrario), el símbolo de la confrontación fue la abolición o no de la esclavitud.

Lincoln había hecho del abolicionismo su bandera. Así logró que Estados Unidos no se dividiera.

16 años después del fin de la guerra y el asesinato de Lincoln, otro mandatario republicano recibiría balazos.

Se trata de James Garfield, quien apenas gobernó entre el 4 de marzo y el 19 de septiembre de 1881.

Charles Guiteau, un abogado desempleado le disparó dos veces.

La historia cuenta que el atentado se debió a que Garfield no quiso darle un puesto de trabajo.

Lo irónico del caso fue que los tiros no fueron fatales.

Garfield murió porque le abrieron una de sus heridas para encontrar la bala y finalmente le provocaron una infección y hemorragias internas.

Estuvo más de 10 semanas convaleciente desde el atentado hasta su fallecimiento.

Matar a William

El tercer presidente asesinado en la historia de Estados Unidos fue William McKinley, también un republicano.

Gobernó entre 1897 y 1901. En 1900 había resultado reelecto y le quedaban tres años de mandato.

El 5 de septiembre de 1901, el anarquista Leon Czolgosz descargó su revólver contra el mandatario en mitad de una exposición en la ciudad de Buffalo, Nueva York.

Los restos de McKinley en su funeralImage copyrightGETTY IMAGES

Image captionUn anarquista escondió un arma en su gabardina para asesinar a McKinley.

McKinley sobrevivió algunos días, pero los disparos le habían lesionado órganos vitales.

Czolgosz fue sentenciado y condenado.

Durante el juicio, admitió que su intención era matar a William McKinley y dijo que no se arrepentía.

“Yo maté al presidente porque era un enemigo de la gente buena, los buenos trabajadores. No siento remordimiento por mi crimen”, afirmó el anarquista.

JFK

El 22 de noviembre de 1963 se recuerda la fecha del asesinato de John Fitzgerald Kennedy.

La versión oficial atribuye el magnicidio al francotirador Lee Harvey Oswald,quien a su vez fue asesinado dos días después de ser detenido.

Pero más de 50 años después, muchos defienden que no existe certidumbre sobre los motivos de su asesinato y no se sabe a ciencia cierta quién disparó el arma que acabó con la vida del demócrata.

JFK fue el presidente número 35 de Estados Unidos y su mandato empezó el 20 de enero de 1961.

Le tocó sobrellevar uno de los momentos de mayor tensión de la Guerra Fría recordado como “la crisis de los misiles” de 1962.

Edición extra de un diario reportando la muerte de Kennedy.Image copyrightGETTY IMAGES

Image captionNumerosas teorías se han planteado sobre las razones del asesinato de Kennedy.

Un año antes, Kennedy autorizó la invasión de la Bahía de Cochinos a Cuba, protagonizada por cubanos anticastristas.

Ambos episodios alimentaron las numerosas teorías existentes sobre el asesinato de Kennedy.

Entre las múltiples hipótesis que se acumularon en más de cinco décadas aparecen involucrados Richard Nixon, Lyndon B. Johnson, la CIA, cubanos anticastristas, la mafia e incluso el gobierno israelí.

Al menos 15 libros se han escrito con investigaciones sobre el asesinato de JFK.

Los sobrevivientes

Nueve presidentes estadounidenses corrieron con mejor suerte.

Sobrevivieron a los atentados que fueron perpetrados contra ellos.

Ellos son Andrew Jackson en 1835; Theodore Roosevelt, en 1912; Franklin Delano Roosevelt, en 1945; y Harry Truman, en 1950.

Richard Nixon es otro de los sobrevivientes, en 1974, al igual que Gerald Ford (1975), Jimmy Carter (1979) y Ronald Reagan en 1981.

Atentado contra Ronald ReaganImage copyrightGETTY IMAGES

Image captionRonald Reagan sobrevivió por la rápida intervención médica que recibió.

Éste último recibió un balazo que le perforó el pulmón el 30 de marzo de 1981.

Llevaba menos de tres meses en el cargo.

Sobrevivió gracias a la rápida intervención médica a la que fue sometido.

Su atacante, John Hinckley, afirmó que intentó asesinar a Reagan para llamar la atención de la famosa actriz Judie Foster.

Por causas naturales

A cuatro presidentes les flaqueó la salud mientras ejercían su mandato.

William Henry Harrison falleció por problemas pulmonares en 1841,

Zachary Taylor de una enfermedad gastrointestinal aguda en 1850, Warren G. Harding murió de un infarto en 1923.

Franklin Delano Roosevelt sufrió una hemorragia cerebral el 12 de abril de 1945. Horas antes de morir, el entonces presidente había avisado que sufría fuertes dolores de cabeza.

No alcanzó a ver el final de la Segunda Guerra Mundial en la que había tenido un papel tan importante.

La verdadera leyenda de la bruja de Blair: los hechos que dieron pie a la famosa maldición

http://www.ancient-origins.es/

Si cualquiera de nosotros escucha hablar sobre la bruja de Blair, seguro que le vienen a la mente algunas imágenes de aquella película de terror, estrenada en el año 1999 con un bajísimo presupuesto de producción, dirigida por Daniel Myrick y Eduardo Sánchez y que tanto éxito cosechó por entonces en todo el mundo. Sin embargo, Sánchez y Myrick se basaron en una leyenda surgida en torno a una mujer que muchos afirman que fue real: Elly Kedward. ¿Qué sucedió con Elly para que la tachasen de bruja? ¿Qué terribles sucesos han ocurrido en los últimos 300 años en ciertos bosques de Maryland, Estados Unidos? ¿Cuál es el origen de tan famosa maldición?

Parece ser que los orígenes de la leyenda comienzan en Maryland, en los bosques de Black Hills, un lugar en el que, según narran las tradiciones de la zona, ni siquiera las tribus de nativos americanos se atrevían a entrar. Tanto es así, que en torno al año 1630, el coronel Nathaniel Blair dirigió una expedición para recorrerlo, con el fin de encontrar un lugar idóneo para la construcción de un fuerte. Nathaniel pidió ayuda a una tribu de aquella zona y como respuesta lo que hicieron fue sabotear su expedición. A pesar de ello, Blair y sus hombres construyeron el fuerte que bautizaron con el apellido del coronel y que, con el paso de los años, iría creciendo hasta convertirse, en 1634, en la ciudad de Blair.

Pese a que los nativos americanos se negaron a adentrarse en el bosque, el coronel Blair y sus hombres, construyeron un fuerte en los bosques de Black Hills. (Ken Mayer/CC BY-SA 2.0)

Pese a que los nativos americanos se negaron a adentrarse en el bosque, el coronel Blair y sus hombres, construyeron un fuerte en los bosques de Black Hills. (Ken Mayer/CC BY-SA 2.0)

Distintas historias narran que 150 años después, en torno al año 1785, una vecina de Blair llamada Elly Kedward, inmigrante de origen irlandés, fue acusada por varios niños de practicar la brujería. Los pequeños afirmaron que los había arrastrado a la fuerza hasta su casa con la intención de beber su sangre. El temor se desencadenó entonces por toda la población, y Elly Kedward fue condenada por brujería y desterrada de Blair para siempre. Atada a una carreta, fue abandonada en los bosques, durante el crudo invierno.

Pasaron los días y la población de Blair respiró tranquila al creerla muerta a causa del frío o de las bestias salvajes que poblaban aquellas montañas. Sin embargo, 3 de los niños, acompañados por sus perros regresaron al bosque para comprobar si realmente había fallecido y, para su sorpresa, se toparon con que la supuesta bruja seguía viva. Entonces, los chicos ordenaron a sus perros que remataran el trabajo, mordiéndola, mientras ellos la apaleaban con ramas de los árboles. Estando moribunda decidieron soltarla de la carreta y colgarla de un árbol hasta que Elly Kedward expiró. Será a partir de entonces cuando comiencen a suceder numerosos fenómenos extraños en los bosques de Black Hills.

Elly Kedward fue acusada por varios niños de haberlos arrastrado a la fuerza hasta su casa con la intención de beber su sangre. (Collin Knopp-Schwyn e Immanuel Giel/CC BY-SA 3.0)

Elly Kedward fue acusada por varios niños de haberlos arrastrado a la fuerza hasta su casa con la intención de beber su sangre. (Collin Knopp-Schwyn e Immanuel Giel/CC BY-SA 3.0)

Así, un año más tarde, en noviembre de 1786,  cuentan que desapareció la mitad de los niños del pueblo, incluidos los tres que mataron a Elly. Ninguno de ellos fue encontrado, ni vivo ni muerto. Ante el temor de que dichas desapariciones se debieran a la intervención de fuerzas maléficas y a la existencia de una maldición, los vecinos del lugar abandonaron Blair y juraron no volver a pronunciar más el nombre de Elly Kedwards. Sin embargo, en 1809 apareció un libro llamado “Blair Witch Cult“, (“El culto a la bruja de Blair”). Este libro, insólita obra de ficción de muy poca calidad, cuenta la historia de una aldea maldita por una bruja. El pueblo es Blair y la bruja, Elly Kedwars. Sin embargo, en este relato se da caza a la bruja, quien es quemada por sus crímenes.

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¿Por qué nos conviene estudiar la revolución rusa?

http://old.sinpermiso.info/articulos/ficheros/5revrus.pdf

? Hay varias razones que hacen necesario que estudiemos de nuevo la historia de la revolución rusa. La primera de ellas, que nos hace falta hacerlo para dar sentido a la historia global del siglo XX. Una historia que, tal como la podemos examinar ahora, desde la perspectiva de los primeros años del siglo XXI, nos muestra un enigma difícil de explicar. Si utilizamos un indicador de la evolución social como es el de la medición de las desigualdades en la riqueza, podemos ver que el siglo XX comienza en las primeras décadas con unas sociedades muy desiguales, donde la riqueza y los ingresos se acumulan en un tramo reducido de la población. Esta situación comienza a cambiar en los años treinta y lo hace espectacularmente en los cuarenta, que inician una época en que hay un reparto mucho más equitativo de la riqueza y de los ingresos. Una situación que se mantiene estable hasta 1980: es la edad feliz en que se desarrolla en buena parte del mundo el estado del bienestar, un tiempo de salarios elevados y mejora de los niveles de vida de los trabajadores, en el que un presidente norteamericano se propone incluso iniciar un programa de guerra contra la pobreza. Todo esto se acabó en los años ochenta, a partir de los cuales vuelven a crecer los índices de desigualdad, que superan los del inicio del siglo, hasta llegar a un punto que ha llevado a Credit Suisse a denunciar hace pocos meses que el setenta por ciento más pobre de la población del planeta no llega hoy a tener en conjunto ni el tres por ciento de la riqueza total, mientras el 8’6 por ciento de los más ricos acumulan el 85 por ciento. ¿Qué ha pasado que pueda explicar esta evolución? Thomas Piketty sostiene que la desigualdad ha sido una característica permanente de la historia humana. Os leo sus palabras: “En todas las sociedades y en todas las épocas la mitad de la población más pobre en patrimonio no posee casi nada ¿Por qué nos conviene estudiar la revolución rusa? www.sinpermiso.info (generalmente apenas un 5% del patrimonio total), la décima parte superior de la jerarquía de los patrimonios posee una neta mayoría del total (generalmente más de un 60% del patrimonio total, y en ocasiones hasta un 90%)”. La desigualdad de los patrimonios, que se traduce en una desigualdad de los ingresos, marca, según Piketty, el curso entero de la historia, en la que las tasas de crecimiento de la población y de la producción no han pasado generalmente del 1% anual, mientras el “rendimiento puro” del capital se ha mantenido entre el 4% y el 5%. Estas consideraciones le llevan a una interpretación formulada rotundamente: “Durante una parte esencial de la historia de la humanidad el hecho más importante es que la tasa de rendimiento del capital ha sido siempre menos de diez a veinte veces superior a la tasa de crecimiento de la producción y del ingreso. En eso se basaba, en gran medida, el fundamento mismo de la sociedad: era lo que permitía a una clase de poseedores consagrarse a algo más que a su propia subsistencia”. Que es tanto como decir que la civilización, la ciencia y el arte son hijos de la desigualdad. Después habría venido, en el siglo XX, una etapa en la que las reglas del juego parecían estar cambiando, como consecuencia sobre todo, sostiene, de las destrucciones causadas por las dos guerras mundiales y por las conmociones sociales, que llevaron a ese mínimo de la desigualdad que se ha producido entre 1945 y 1980. Pero la normalidad se restableció a partir de los años ochenta, hasta llegar a la extrema desigualdad actual. De este hecho arranca su previsión de que en el transcurso del siglo XXI, es decir hasta 2100, el crecimiento de la producción será apenas de un 1,5 por ciento y nos encontraremos en una situación en que la superioridad de los rendimientos del capital volverá a ser como antes y se habrá restablecido la normalidad. Todo lo que termina con una conclusión pesimista: “No hay ninguna fuerza natural que reduzca necesariamente la importancia del capital y de los ingresos procedentes de la propiedad del capital a lo largo de la historia”. Ahora bien, yo he vivido en esta edad anterior a 1980 en que éramos muchos, yo diría que muchos millones en todo el mundo, los que pensábamos que las reglas del juego estaban cambiando permanentemente en favor de un reparto más justo de la riqueza, y que valía la pena esforzarse para seguir avanzando en esta dirección. Es por eso que me niego personalmente a aceptar que lo que pasó en este medio siglo de mejora colectiva fuera simplemente un accidente, y pienso que hay que examinar de cerca los acontecimientos del período que va de 1914 a 1980, introduciendo en el análisis los factores políticos que carecen por completo el libro de Piketty, donde, por poner un ejemplo, la palabra “sindicatos” aparece una sola vez (en la página 471 de la edición original francesa). Esta otro tipo de exploración de la evolución de la desigualdad en el siglo XX, en clave política, debe comenzar forzosamente por el gran cambio que representó la revolución rusa de 1917. ¿Por qué digo un “gran cambio”? En 1917 había una larga tradición de luchas obreras encaminadas a mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, y existía una amplia tradición en apoyo del “socialismo”, aunque sólo un intento de aplicarlo a la realidad había ¿Por qué nos conviene estudiar la revolución rusa? www.sinpermiso.info llegado a cuajar, el de la Commune de París de 1871, que duró poco más de dos meses y nos dejó como legado un himno, la Internacional, que anunciaba que “el mundo cambiará de base”. Pero la verdad era que, desde finales del siglo XIX, tanto la lucha de los sindicatos como la actuación política de los partidos llamados socialistas o socialdemócratas había renunciado a los programas revolucionarios para dedicarse a la pugna por la mejora de los derechos sociales dentro de los marcos políticos existentes, con voluntad de reformarlos, pero no de derribarlos. El caso del SPD alemán, del partido socialdemócrata que podía considerarse como legítimo heredero de Marx y de Engels, es revelador. En los años anteriores al inicio de la Primera Guerra Mundial era el partido que tenía más diputados en el parlamento alemán, contaba con más de un millón de afiliados y con un centenar de periódicos, pero no se proponía hacer la revolución, sino que aspiraba a obtener un triunfo parlamentario que le permitiera reformar y democratizar el estado. De modo que, cuando se produjo la declaración de guerra, los socialistas votaron los créditos y procuraron mantener la paz social, aconsejando a los trabajadores que, mientras durase la guerra, dejaran de lado las huelgas y los conflictos. Situados en esta perspectiva no cuesta entender que lo que pasó en Rusia en el transcurso de 1917 significara una ruptura, un paso adelante inesperado, que mostraba que un movimiento surgido de abajo, de la revuelta de los trabajadores y de los soldados, podía llegar a hacerse con el control de un país y hacerlo funcionar de acuerdo con unas reglas nuevas. Porque lo más innovador de este movimiento fue que, desde los primeros momentos, desde febrero -o marzo, según nuestro calendario- de 1917 no actuaba solamente a partir de un parlamento, sino que se basaba en un doble poder, una parte esencial del cual la formaban los consejos de trabajadores, soldados y campesinos, que comenzaron entonces a construir una especie de contraestado. Añadamos a esto que el proceso aceleró rápidamente, sobre todo por iniciativa de Lenin, que proponía renunciar al programa de una asamblea constituyente, es decir, el sistema parlamentario burgués donde todo contribuía, decía él, a establecer “una democracia sólo para los ricos “- y pasar directamente a otra forma de organización en que el poder debía estar en manos de consejos elegidos desde abajo, con una etapa transitoria de dictadura del proletariado – porque no era previsible que los privilegiados del viejo sistema aceptaran su desposesión sin resistencias- que llevaría finalmente a establecer una sociedad sin estado y sin clases. Para los millones de europeos en 1917 estaban combatiendo en los campos de batalla, y que habían descubierto ya que esa guerra no se hacía en defensa de sus intereses, la imagen de lo que estaba pasando en Rusia era la de un régimen que había liquidado la guerra de inmediato, que había repartido la tierra a los campesinos, que otorgaba a los obreros derechos de control sobre las empresas y que daba el poder a consejos elegidos que debían ejercer de abajo arriba. ¿Por qué nos conviene estudiar la revolución rusa? www.sinpermiso.info El nuevo emperador de Austria-Hungría, Carlos I, le escribía el 14 de abril de 1917 al Kaiser: “Estamos luchando ahora contra un nuevo enemigo, más peligroso que las potencias de la Entente: contra la revolución internacional”. Carlos -que, por cierto, fue beatificado en 2004 por el papa Woytila- había sabido entender la diferencia que representaba lo que estaba pasando en Rusia: se había dado cuenta de que aquel era un enemigo “nuevo”, que no había que confundir con lo que significaban las revueltas, manifestaciones y huelgas que se habían producido, y seguían produciéndose en aquellos momentos, en Austria y Alemania. Porque es verdad que en los dos países se estaban produciendo tantos movimientos de protesta que hicieron nacer entre los bolcheviques rusos la ilusión, totalmente equivocada, de que la revolución se podía extender fácilmente en la Europa central. No llegó a haber una revolución ni siquiera en Alemania, que era donde parecía más inminente. Pero el miedo de que pudiera producirse fue lo que explica que a principios de noviembre de 1918 los jefes militares alemanes decidieran que habían de acabar la guerra para poder destinar las fuerzas a aplastar la revolución. Fueron los militares los que, ante la necesidad de satisfacer las exigencias que el presidente norteamericano Wilson ponía para negociar la paz, destituyeron el emperador y optaron por pasar el poder a un gobierno integrado por socialistas, con la condición, pactada previamente entre los jefes del ejército y el del Partido socialista, Friedrich Ebert, que “el gobierno cooperará con el cuerpo de oficiales en la supresión del bolchevismo”. Los temores de los militares tenían suficiente fundamentos, ya que parecía que si en algún lugar podía repetirse la experiencia soviética era en la Alemania de noviembre y diciembre de 1918, cuando en Baviera y Sajonia se proclamaban “repúblicas socialistas”, y en Berlín se reunía un congreso de los representantes de los Consejos de trabajadores y de soldados de Alemania donde, entre otras cosas, se reivindicaba que la autoridad suprema del ejército pasara a manos de los consejos de soldados y que se suprimieran los rangos y las insignias. La gran victoria de Friedrich Ebert fue conseguir que el congreso de los consejos aceptara la inmediata elección de unas cortes constituyentes, que permitieron asentar un gobierno de orden y desvanecieron la amenaza de una vía revolucionaria. Mientras tanto los Freikorps, unos cuerpos paramilitares de voluntarios reclutados por los jefes del ejército, que estaban integrados por soldados desmovilizados, estudiantes y campesinos, dirigidos por tenientes y capitanes, y que actuaban con el apoyo del ministro de Defensa, el socialista Gustav Noske, hacían el trabajo sucio de liquidar la revolución. Comenzaron reprimiendo a sangre y fuego un intento prematuro de revuelta que tuvo lugar en Berlín el 5 de enero de 1919, y que terminó con el asesinato de Karl Liebknecht y de Rosa Luxemburgo, y siguieron luego disolviendo violentamente los consejos de trabajadores y de soldados y liquidando la república soviética de Baviera. No se suele destacar lo suficiente la importancia que tuvo este movimiento contrarrevolucionario que se extendió por Alemania, Austria, Hungría y los países bálticos, con la estrecha colaboración de unos dirigentes ¿Por qué nos conviene estudiar la revolución rusa? www.sinpermiso.info políticos que estaban movidos por un terror obsesivo de la revolución rusa. Quizás os sirva para valorarlo saber que estos cuerpos llegaron a contar entre 250.000 y 400.000 miembros. La revolución quedó así aislada en Rusia, lo que no preocupaba demasiado. Ingleses y franceses se cansaron pronto de apoyar a los ejércitos blancos que luchaban contra los soviéticos y lo dejaron correr, preocupados por reacciones como la revuelta de los marineros de la flota que los franceses habían enviado el mar Negro. Lo que realmente les preocupaba era la posibilidad de que el ejemplo soviético se extendiera a sus países: temían sobre todo el contagio. El malestar de los años que siguieron al fin de la Gran Guerra en Francia, en Inglaterra (donde en 1926 se produjo la primera huelga general de su historia), en España (donde de 1918 a 1921 se desarrolla lo que se llama habitualmente el “trienio bolchevique”) o en Italia (con las ocupaciones de fábricas de 1920) no llevó a ninguna parte a movimientos revolucionarios que aspiraran a tomar el poder. En Italia, por ejemplo, tanto el partido socialista como el sindicato mayoritario se negaron a apoyar actuaciones encaminadas a la toma del poder. De esta manera la ocupación de las fábricas no podía llevar más allá de la obtención de algunas concesiones de los patrones. Pero el miedo a la revolución “à la rusa” estaba muy presente en el imaginario de los dirigentes de la Europa burguesa, y los sindicatos aprendieron pronto a usarla para negociar con mayor eficacia las condiciones de trabajo y los salarios. Las mejoras en el terreno de la desigualdad que se fueron consiguiendo posteriormente, desde la década de los treinta, no se explicarían suficiente sin el pánico al fantasma soviético. Cuando la crisis mundial creó una situación de desempleo y de pobreza extremas, se recurrió a dos tipos diferentes de soluciones. En países donde la amenaza parecía más grande, como eran Italia y Alemania, los movimientos de signo fascista comenzaron disolviendo los partidos y sindicatos izquierdistas violentamente. En el caso de Alemania, Hitler repitió en 1934 el pacto con el ejército que Ebert había hecho en noviembre de 1918. Ante la amenaza que representaban las tropas de las SA, que querían sacar adelante las promesas revolucionarias de los programas nazis, los militares avisaron a Hitler de que o bien detenía el asunto él o lo haría el ejército por su cuenta. Los militares colaboraron dando armas a las SS para el exterminio de las SA que se produjo a partir de la noche de los cuchillos largos, el 30 de junio de 1934. Pero quizá lo más interesante sea la justificación que Hitler dio de su actuación en este caso, al decir que había querido evitar que se volviera a producir en Alemania un nuevo 1918. En otro caso en que las consecuencias de la crisis eran de una gravedad extrema, como era el de los Estados Unidos, la solución consistió en establecer una política de ayudas y de concesiones en el terreno social, dentro del programa del New Deal. Se suele ignorar que los años que van de 1931 a 1939 fueron un tiempo en los Estados Unidos de grandes huelgas y de graves conmociones sociales. Con motivo de una de estas huelgas, Los Angeles Times escribía: “La situación (…) no se puede describir como una huelga general. Lo que hay es una insurrección, una revuelta organizada por los ¿Por qué nos conviene estudiar la revolución rusa? www.sinpermiso.info comunistas para derribar el gobierno . Sólo se puede hacer una cosa: aplastar la revuelta con toda la fuerza que sea necesaria”. Aparte de estas luchas, los trabajadores estadounidenses utilizaban también para defenderse de la crisis medidas de auto-organización: en Seattle el sindicato de los pescadores intercambiaba pescado para frutas, verduras y leña. Había 21 locales, con un comisario delante, para hacer estos intercambios. A finales de 1932 había 330 organizaciones varias de auto-ayuda para todo el país, con 300.000 miembros. Sin este contexto de luchas sociales no hay forma de encontrar una explicación racional del New Deal y de sus medidas de ayuda, como la Civil Works Administration, que llegó a dar empleo a 4 millones de trabajadores, o el Civilian Conservation Corps, que cogía jóvenes solteros y los llevaba a trabajar en los bosques pagándoles un salario de un dólar al día para trabajos de recuperación o de protección contra las inundaciones. Todo esto se hacía bajo la vigilancia inquieta de los empresarios, que veían por todas partes la amenaza del socialismo. De hecho, el miedo a la clase de giro a la izquierda que les parecía que se estaba produciendo con Roosevelt generó una fuerte reacción que es lo que explica que en 1938 se fundara el Comité del congreso sobre actividades anti-americanas, encargado de descubrir subversivos en los sindicatos o entre las organizaciones del New Deal. El macartismo no es un producto de la guerra fría, sino la continuación del pánico contra lo rojo nacido en los años treinta. Tras el fin de la segunda guerra mundial, en 1945, el miedo a la extensión del comunismo en Europa parecía justificada por el hecho de que los años 1945 y 1946 los comunistas obtuvieron más del 20 por ciento de los votos en Checoslovaquia, en Francia (donde fueron el partido más votado) y en Finlandia, y muy cerca del 20 por ciento en Islandia o en Italia. No había en ninguno de estos casos propósitos revolucionarios por parte de los comunistas, porque, paradójicamente, el propio Stalin se había convertido a la opción parlamentaria, y aconsejaba a los partidos comunistas europeos que no se embarcaran en aventuras revolucionarias. La guerra fría tenía el objetivo de crear una solidaridad en la que los Estados Unidos ofrecerían a sus aliados la protección contra el enemigo revolucionario, del que sólo ellos podían salvar, con su superioridad militar, reforzada por el monopolio de la bomba atómica. Detrás de este ofrecimiento de protección había el propósito de construir un mundo de acuerdo con sus reglas, en el que no sólo tendrían una hegemonía militar indiscutible, sino también un dominio económico. Mantener este clima de miedo a un choque global contra un enemigo, el soviético, que podía aplastar cualquier país que no estuviera bajo la protección de los estadounidenses y de sus fuerzas nucleares, era necesario para sostener este control político global, y para hacer negocio, de paso. Aparte de eso, sin embargo, la necesidad de hacer frente a lo que temían realmente, que no eran las armas soviéticas, sino la posibilidad de que ideas y ¿Por qué nos conviene estudiar la revolución rusa? www.sinpermiso.info movimientos de signo comunista se extendieran por los países “occidentales”, los llevó a todos a recurrir a políticas que favorecían un reparto más equitativo de los beneficios de la producción y a un abastecimiento más amplio de servicios sociales universales y gratuitos: son los años del estado del bienestar, los años en que encontramos los valores mínimos en la escala de la desigualdad social. Desde 1968, sin embargo, se empezó a ver que no había que temer ningún tipo de amenaza revolucionaria, porque ni los mismos partidos comunistas parecían proponérselo. En el París de mayo de 1968, en plena euforia del movimiento de los estudiantes, que estaban convencidos de que, aliados con los trabajadores, podían transformar el mundo, el partido comunista y su sindicato impidieron cualquier posibilidad de alianza y se contentaron pactando mejoras salariales con la patronal y recomendando a los estudiantes que se fueran a hacer la revolución a la Universidad. Al mismo tiempo, los acontecimientos de Praga demostraban que el comunismo soviético no aspiraba a otra cosa que a mantenerse a la defensiva, sin tolerar cambios que pusieran en peligro su estabilidad. A mediados de los años setenta, a medida que resultaba cada vez más evidente que la amenaza soviética era inconsistente, los sectores empresariales, que hasta entonces habían aceptado pagar la factura de unos costes salariales y unos impuestos elevados, comenzaron a reaccionar. La ofensiva comenzó en tiempos de Carter, impidiendo que se creara una Oficina de representación de los consumidores, por un lado, y abandonando los sindicatos en la defensa de sus derechos, por otra, y prosiguió con Reagan en Estados Unidos, y con la señora Thatcher en Gran Bretaña, luchando abiertamente contra los sindicatos. Como consecuencia de esta política comenzaba de nuevo el crecimiento de la curva de la desigualdad, que se alimentaba de la rebaja gradual de los costes salariales y fiscales de las empresas. ¿Se puede considerar una simple coincidencia que la mejora de la igualdad se haya producido coetáneamente a la expansión de la amenaza comunista -o, más exactamente, del miedo a la amenaza comunista- y que el cambio que ha llevado al retorno a las graves proporciones de desigualdad que estamos viviendo hoy coincida con la desaparición de este factor? Y déjenme insistir: no me estoy refiriendo a la amenaza de la Unión Soviética como potencia militar, que nunca existió (las diferencias de potencial militar en favor de los Estados Unidos eran enormes, pero eso se escondía al público, que de otro modo quizá no habría aceptado tan mansamente los gastos y las restricciones que comportaba la guerra fría). Me estoy refiriendo a la amenaza, para decirlo con los términos usados para afianzar estos miedos, del “comunismo internacional”; al miedo a la subversión revolucionaria. Dejadme que cite un testimonio de extraña lucidez que supo ver por dónde podían ir las cosas muy bien, ya en el año 1920. El testigo es el de Karl Kraus, que escribió entonces: “Que el diablo se lleve la praxis del comunismo, pero, en cambio, que Dios nos lo conserve en su condición de amenaza constante ¿Por qué nos conviene estudiar la revolución rusa? www.sinpermiso.info sobre las cabezas de los que tienen riquezas; los que, a fin de conservarlas, envían implacables los otros a los frentes del hambre y del honor de la patria, mientras pretenden consolarlos diciendo y repitiendo que la riqueza no es lo más importante de esta vida. Dios nos conserve para siempre el comunismo para que esa chusma no se vuelva aún más desvergonzada (…) y que, al menos, cuando se vayan a dormir, lo hagan con una pesadilla”. Y es que buena parte de lo que llamamos progresos sociales, desde la revolución francesa hasta la fecha, está estrechamente asociado a las pesadillas de las clases acomodadas, obligadas a hacer concesiones como consecuencia del miedo a perderlo todo a manos de los bárbaros. La abolición de la esclavitud, por ejemplo, no se explicaría sin el pánico que produjo la matanza de los colonos en Haití durante la revolución de 1791. Que resulte que en la actualidad hay en el mundo más esclavos que en 1791 (la cifra actual de los trabajadores forzados se calcula que oscila entre los 13 y los 27 millones) obliga a hacer algunas reflexiones sobre el significado de lo que los libros de historia llaman abolición de la esclavitud. Nada comparable, sin embargo, con el pánico que provocó desde su inicio la revolución rusa, y que se ha mantenido persistentemente tanto en el terreno de la propaganda política como en el de la historia. Aún hoy los hechos de Ucrania son aprovechados para rehacer la misma historia de la amenaza al mundo libre. En un artículo de una revista erudita de historia de la guerra fría que estudia las organizaciones “stay behind”, que Estados Unidos y Gran Bretaña montaron en Europa para poder oponerse a un posible ascenso comunista, la más conocida de las cuales es Gladio, que preparaba una respuesta violenta en Italia si los comunistas ganaban unas elecciones, el autor trata de justificar que siguieran incluso después de la desaparición de la Unión Soviética y argumenta que, con la agresión rusa actual en Ucrania, tiene lógica mantener “algunos de los mismos elementos de seguridad” de la guerra fría. O sea que el anticomunismo dura incluso después de la muerte del comunismo. Nos hemos nutrido de la historia criminal del comunismo, que se nos sigue repitiendo cada día, y nos ha faltado, en cambio, conocer en paralelo una historia criminal del capitalismo que permitiera situar las cosas en un contexto más equilibrado. El estudio de la revolución rusa, como veis, es necesario para entender la historia del siglo XX, y la situación a la que esta historia nos ha llevado. Hay, sin embargo, más motivos que hacen necesario este estudio, a los que me referiré brevemente porque el tiempo no da para más. Uno de los más importantes es el de dilucidar porqué el proyecto social de 1917 terminó fracasando. Y no me refiero al hundimiento final de la estructura política de la Unión Soviética después de 1989, sino a la incapacidad de construir ese modelo de una sociedad libre y sin clases que se había planteado al inicio de la revolución. Es un tema que nos obligará a revisar toda una serie de cuestiones, empezando por la crisis de marzo de 1921, cuando se celebraba el décimo congreso del partido comunista, mientras los trabajadores de Petrogrado se ¿Por qué nos conviene estudiar la revolución rusa? www.sinpermiso.info declaraban en huelga, con el apoyo de los marineros de la base de Kronstadt, no sólo por razones económicas, sino en demanda de más derechos de participación, y de nuevas elecciones a los soviets, que se habían convertido, en el transcurso de la guerra civil, en una simple cadena de transmisión de las órdenes dadas desde arriba por unos mandos que no habían sido elegidos. Tendremos que explorar después qué significaba realmente el programa de la planificación tal como lo estaban elaborando, hasta 1928, los hombres que trabajaban en el Gosplan, y la forma en como su proyecto fue pervertido por Stalin, que lo convirtió en un instrumento para un proyecto de industrialización forzada, que tenía que ir acompañado de una política de terror encaminada a someter a amplias capas de la población a unas condiciones de trabajo y de explotación inhumanas. O tendremos que investigar las razones del fracaso del proyecto de las democracias populares en 1945, del que hablaba Manfred Kossok, que lo vivió, evocando “aquellos años de las grandes esperanzas, de las visiones, de las utopías -la fin del imperialismo en 10 o 20 años, liberación de todos los pueblos, bienestar universal, paz eterna- unos años de ilusiones heroicas: el socialismo real como el mejor de los mundos”. Un proyecto del que decía Edward Thompson: “este fue un momento auténtico, y no creo que la degeneración que siguió, en la que hubo dos actores, el estalinismo y occidente, fuera inevitable. Pienso que hay que volver a ocuparse de esto y explicó que este momento existió”. Hay, en efecto, que estudiar todos estos momentos diversos en que las cosas pudieron ser diferentes. Y hay un aspecto central de esta cuestión que habría que examinar con detenimiento. ¿Tenía viabilidad el proyecto de Lenin de crear una sociedad sin clases, que implicaba abolir no sólo el aparato del estado sino el trabajo asalariado? No hace mucho que Richard Wolff, profesor emérito de Economía de la Universidad de Massachusets, repasaba diversos momentos de la historia de las revoluciones –la avolición de la esclavitud, el fin del feudalismo, la revolución socialista de 1917- y mostraba que cada una de ellas había aportado beneficios y libertades, pero que todas habían acabado dejando el terreno abierto a una nueva forma de explotación (en el caso de 1917, la de un capitalismo de Estado) porque no habían sabido entender que la sola forma de abolir la explotación es acabar con la extracción de los excedentes del trabajo de las manos de los que lo producen. Para Wolff esto se consigue con formas de organización cooperativas y apunta a un movimiento bastante interesante de formación de pequeñas cooperativas que se desarrolla actualmente en los Estados Unidos. Pero olvida un aspecto que Lenin tenía suficientemente en cuenta: que a fin de abolir la explotación lo primero que hace falta es haber despojado del poder político a los que resultarían perjudicados con este cambio. Podría servir de ejemplo lo ocurrido con Mondragón, que muchos, incluyendo el mismo Wolff, presentaban como el modelo de una alternativa. Puedes hacer lo que quieras montando cooperativas, grandes o pequeñas, pero no cambiará nada si mientras tanto tienes en Madrid un Montoro que tiene a su disposición todo el poder del estado para modificar las reglas como le convenga. ¿Por qué nos conviene estudiar la revolución rusa? www.sinpermiso.info Otra propuesta que sería interesante considerar, pero de la que conocemos todavía demasiado poco, es la de Abdullah Öcalan, el dirigente del PKK kurdo, aprisionado por los turcos desde 1999, que hace unos años propuso la fórmula del confederalismo democrático, que propone reemplazar el estado-nación por un sistema de asambleas o consejos locales que generen autonomía sin crear el aparato de un estado. Hoy este proyecto tiene una primera plasmación en Rojava, la zona del norte de Siria donde se ha instalado el que un reportaje de la BBC califica como “un mini-estado igualitario, multi-étnico (porque encierra en pie de igualdad kurdos, árabes, y cristianos), gobernado comunitariamente”. Son justamente los que están combatiendo para reconquistar la ciudad de Kobane. Os recomiendo que veáis este documental de la BBC -lo encontrareis tanto en Google como en YouTube, con el título de “Rojava: Sirya’s secret revolution”. ¿Por qué hablo de estas cosas, que parecen muy lejos del estudio de la revolución de 1917? He dicho antes que debíamos estudiarla para llegar a entender nuestra propia historia; pero es evidente que este estudio no lo veo como un puro ejercicio intelectual sin fines prácticos. La utilidad que puede tener, que debe tener, es la de ayudarnos a rescatar de aquellos proyectos que no tuvieron éxito -por errores internos y por la hostilidad de todas las fuerzas que se oponían a los avances sociales que promovían – lo que pueda servirnos aún para el trabajo de construir una sociedad más libre y más igualitaria. Porque me parece indiscutible que el propósito que movió a los hombres de 1917 era legítimo. Como dijo Paul Eluard: “Había que creer, era necesario / creer que el hombre tiene el poder / de ser libre y de ser mejor que el destino que le ha sido asignado”. Y pienso que necesitamos seguirlo creyendo hoy. (Conferencia pronuncia

Hay varias razones que hacen necesario que estudiemos de nuevo la historia de la revolución rusa. La primera de ellas, que nos hace falta hacerlo para dar sentido a la historia global del siglo XX. Una historia que, tal como la podemos examinar ahora, desde la perspectiva de los primeros años del siglo XXI, nos muestra un enigma difícil de explicar. Si utilizamos un indicador de la evolución social como es el de la medición de las desigualdades en la riqueza, podemos ver que el siglo XX comienza en las primeras décadas con unas sociedades muy desiguales, donde la riqueza y los ingresos se acumulan en un tramo reducido de la población. Esta situación comienza a cambiar en los años treinta y lo hace espectacularmente en los cuarenta, que inician una época en que hay un reparto mucho más equitativo de la riqueza y de los ingresos. Una situación que se mantiene estable hasta 1980: es la edad feliz en que se desarrolla en buena parte del mundo el estado del bienestar, un tiempo de salarios elevados y mejora de los niveles de vida de los trabajadores, en el que un presidente norteamericano se propone incluso iniciar un programa de guerra contra la pobreza. Todo esto se acabó en los años ochenta, a partir de los cuales vuelven a crecer los índices de desigualdad, que superan los del inicio del siglo, hasta llegar a un punto que ha llevado a Credit Suisse a denunciar hace pocos meses que el setenta por ciento más pobre de la población del planeta no llega hoy a tener en conjunto ni el tres por ciento de la riqueza total, mientras el 8’6 por ciento de los más ricos acumulan el 85 por ciento. ¿Qué ha pasado que pueda explicar esta evolución? Thomas Piketty sostiene que la desigualdad ha sido una característica permanente de la historia humana. Os leo sus palabras: “En todas las sociedades y en todas las épocas la mitad de la población más pobre en patrimonio no posee casi nada ¿Por qué nos conviene estudiar la revolución rusa? www.sinpermiso.info (generalmente apenas un 5% del patrimonio total), la décima parte superior de la jerarquía de los patrimonios posee una neta mayoría del total (generalmente más de un 60% del patrimonio total, y en ocasiones hasta un 90%)”. La desigualdad de los patrimonios, que se traduce en una desigualdad de los ingresos, marca, según Piketty, el curso entero de la historia, en la que las tasas de crecimiento de la población y de la producción no han pasado generalmente del 1% anual, mientras el “rendimiento puro” del capital se ha mantenido entre el 4% y el 5%. Estas consideraciones le llevan a una interpretación formulada rotundamente: “Durante una parte esencial de la historia de la humanidad el hecho más importante es que la tasa de rendimiento del capital ha sido siempre menos de diez a veinte veces superior a la tasa de crecimiento de la producción y del ingreso. En eso se basaba, en gran medida, el fundamento mismo de la sociedad: era lo que permitía a una clase de poseedores consagrarse a algo más que a su propia subsistencia”. Que es tanto como decir que la civilización, la ciencia y el arte son hijos de la desigualdad. Después habría venido, en el siglo XX, una etapa en la que las reglas del juego parecían estar cambiando, como consecuencia sobre todo, sostiene, de las destrucciones causadas por las dos guerras mundiales y por las conmociones sociales, que llevaron a ese mínimo de la desigualdad que se ha producido entre 1945 y 1980. Pero la normalidad se restableció a partir de los años ochenta, hasta llegar a la extrema desigualdad actual. De este hecho arranca su previsión de que en el transcurso del siglo XXI, es decir hasta 2100, el crecimiento de la producción será apenas de un 1,5 por ciento y nos encontraremos en una situación en que la superioridad de los rendimientos del capital volverá a ser como antes y se habrá restablecido la normalidad. Todo lo que termina con una conclusión pesimista: “No hay ninguna fuerza natural que reduzca necesariamente la importancia del capital y de los ingresos procedentes de la propiedad del capital a lo largo de la historia”. Ahora bien, yo he vivido en esta edad anterior a 1980 en que éramos muchos, yo diría que muchos millones en todo el mundo, los que pensábamos que las reglas del juego estaban cambiando permanentemente en favor de un reparto más justo de la riqueza, y que valía la pena esforzarse para seguir avanzando en esta dirección. Es por eso que me niego personalmente a aceptar que lo que pasó en este medio siglo de mejora colectiva fuera simplemente un accidente, y pienso que hay que examinar de cerca los acontecimientos del período que va de 1914 a 1980, introduciendo en el análisis los factores políticos que carecen por completo el libro de Piketty, donde, por poner un ejemplo, la palabra “sindicatos” aparece una sola vez (en la página 471 de la edición original francesa). Esta otro tipo de exploración de la evolución de la desigualdad en el siglo XX, en clave política, debe comenzar forzosamente por el gran cambio que representó la revolución rusa de 1917. ¿Por qué digo un “gran cambio”? En 1917 había una larga tradición de luchas obreras encaminadas a mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, y existía una amplia tradición en apoyo del “socialismo”, aunque sólo un intento de aplicarlo a la realidad había ¿Por qué nos conviene estudiar la revolución rusa? www.sinpermiso.info llegado a cuajar, el de la Commune de París de 1871, que duró poco más de dos meses y nos dejó como legado un himno, la Internacional, que anunciaba que “el mundo cambiará de base”. Pero la verdad era que, desde finales del siglo XIX, tanto la lucha de los sindicatos como la actuación política de los partidos llamados socialistas o socialdemócratas había renunciado a los programas revolucionarios para dedicarse a la pugna por la mejora de los derechos sociales dentro de los marcos políticos existentes, con voluntad de reformarlos, pero no de derribarlos. El caso del SPD alemán, del partido socialdemócrata que podía considerarse como legítimo heredero de Marx y de Engels, es revelador. En los años anteriores al inicio de la Primera Guerra Mundial era el partido que tenía más diputados en el parlamento alemán, contaba con más de un millón de afiliados y con un centenar de periódicos, pero no se proponía hacer la revolución, sino que aspiraba a obtener un triunfo parlamentario que le permitiera reformar y democratizar el estado. De modo que, cuando se produjo la declaración de guerra, los socialistas votaron los créditos y procuraron mantener la paz social, aconsejando a los trabajadores que, mientras durase la guerra, dejaran de lado las huelgas y los conflictos. Situados en esta perspectiva no cuesta entender que lo que pasó en Rusia en el transcurso de 1917 significara una ruptura, un paso adelante inesperado, que mostraba que un movimiento surgido de abajo, de la revuelta de los trabajadores y de los soldados, podía llegar a hacerse con el control de un país y hacerlo funcionar de acuerdo con unas reglas nuevas. Porque lo más innovador de este movimiento fue que, desde los primeros momentos, desde febrero -o marzo, según nuestro calendario- de 1917 no actuaba solamente a partir de un parlamento, sino que se basaba en un doble poder, una parte esencial del cual la formaban los consejos de trabajadores, soldados y campesinos, que comenzaron entonces a construir una especie de contraestado. Añadamos a esto que el proceso aceleró rápidamente, sobre todo por iniciativa de Lenin, que proponía renunciar al programa de una asamblea constituyente, es decir, el sistema parlamentario burgués donde todo contribuía, decía él, a establecer “una democracia sólo para los ricos “- y pasar directamente a otra forma de organización en que el poder debía estar en manos de consejos elegidos desde abajo, con una etapa transitoria de dictadura del proletariado – porque no era previsible que los privilegiados del viejo sistema aceptaran su desposesión sin resistencias- que llevaría finalmente a establecer una sociedad sin estado y sin clases. Para los millones de europeos en 1917 estaban combatiendo en los campos de batalla, y que habían descubierto ya que esa guerra no se hacía en defensa de sus intereses, la imagen de lo que estaba pasando en Rusia era la de un régimen que había liquidado la guerra de inmediato, que había repartido la tierra a los campesinos, que otorgaba a los obreros derechos de control sobre las empresas y que daba el poder a consejos elegidos que debían ejercer de abajo arriba. ¿Por qué nos conviene estudiar la revolución rusa? www.sinpermiso.info El nuevo emperador de Austria-Hungría, Carlos I, le escribía el 14 de abril de 1917 al Kaiser: “Estamos luchando ahora contra un nuevo enemigo, más peligroso que las potencias de la Entente: contra la revolución internacional”. Carlos -que, por cierto, fue beatificado en 2004 por el papa Woytila- había sabido entender la diferencia que representaba lo que estaba pasando en Rusia: se había dado cuenta de que aquel era un enemigo “nuevo”, que no había que confundir con lo que significaban las revueltas, manifestaciones y huelgas que se habían producido, y seguían produciéndose en aquellos momentos, en Austria y Alemania. Porque es verdad que en los dos países se estaban produciendo tantos movimientos de protesta que hicieron nacer entre los bolcheviques rusos la ilusión, totalmente equivocada, de que la revolución se podía extender fácilmente en la Europa central. No llegó a haber una revolución ni siquiera en Alemania, que era donde parecía más inminente. Pero el miedo de que pudiera producirse fue lo que explica que a principios de noviembre de 1918 los jefes militares alemanes decidieran que habían de acabar la guerra para poder destinar las fuerzas a aplastar la revolución. Fueron los militares los que, ante la necesidad de satisfacer las exigencias que el presidente norteamericano Wilson ponía para negociar la paz, destituyeron el emperador y optaron por pasar el poder a un gobierno integrado por socialistas, con la condición, pactada previamente entre los jefes del ejército y el del Partido socialista, Friedrich Ebert, que “el gobierno cooperará con el cuerpo de oficiales en la supresión del bolchevismo”. Los temores de los militares tenían suficiente fundamentos, ya que parecía que si en algún lugar podía repetirse la experiencia soviética era en la Alemania de noviembre y diciembre de 1918, cuando en Baviera y Sajonia se proclamaban “repúblicas socialistas”, y en Berlín se reunía un congreso de los representantes de los Consejos de trabajadores y de soldados de Alemania donde, entre otras cosas, se reivindicaba que la autoridad suprema del ejército pasara a manos de los consejos de soldados y que se suprimieran los rangos y las insignias. La gran victoria de Friedrich Ebert fue conseguir que el congreso de los consejos aceptara la inmediata elección de unas cortes constituyentes, que permitieron asentar un gobierno de orden y desvanecieron la amenaza de una vía revolucionaria. Mientras tanto los Freikorps, unos cuerpos paramilitares de voluntarios reclutados por los jefes del ejército, que estaban integrados por soldados desmovilizados, estudiantes y campesinos, dirigidos por tenientes y capitanes, y que actuaban con el apoyo del ministro de Defensa, el socialista Gustav Noske, hacían el trabajo sucio de liquidar la revolución. Comenzaron reprimiendo a sangre y fuego un intento prematuro de revuelta que tuvo lugar en Berlín el 5 de enero de 1919, y que terminó con el asesinato de Karl Liebknecht y de Rosa Luxemburgo, y siguieron luego disolviendo violentamente los consejos de trabajadores y de soldados y liquidando la república soviética de Baviera. No se suele destacar lo suficiente la importancia que tuvo este movimiento contrarrevolucionario que se extendió por Alemania, Austria, Hungría y los países bálticos, con la estrecha colaboración de unos dirigentes ¿Por qué nos conviene estudiar la revolución rusa? www.sinpermiso.info políticos que estaban movidos por un terror obsesivo de la revolución rusa. Quizás os sirva para valorarlo saber que estos cuerpos llegaron a contar entre 250.000 y 400.000 miembros. La revolución quedó así aislada en Rusia, lo que no preocupaba demasiado. Ingleses y franceses se cansaron pronto de apoyar a los ejércitos blancos que luchaban contra los soviéticos y lo dejaron correr, preocupados por reacciones como la revuelta de los marineros de la flota que los franceses habían enviado el mar Negro. Lo que realmente les preocupaba era la posibilidad de que el ejemplo soviético se extendiera a sus países: temían sobre todo el contagio. El malestar de los años que siguieron al fin de la Gran Guerra en Francia, en Inglaterra (donde en 1926 se produjo la primera huelga general de su historia), en España (donde de 1918 a 1921 se desarrolla lo que se llama habitualmente el “trienio bolchevique”) o en Italia (con las ocupaciones de fábricas de 1920) no llevó a ninguna parte a movimientos revolucionarios que aspiraran a tomar el poder. En Italia, por ejemplo, tanto el partido socialista como el sindicato mayoritario se negaron a apoyar actuaciones encaminadas a la toma del poder. De esta manera la ocupación de las fábricas no podía llevar más allá de la obtención de algunas concesiones de los patrones. Pero el miedo a la revolución “à la rusa” estaba muy presente en el imaginario de los dirigentes de la Europa burguesa, y los sindicatos aprendieron pronto a usarla para negociar con mayor eficacia las condiciones de trabajo y los salarios. Las mejoras en el terreno de la desigualdad que se fueron consiguiendo posteriormente, desde la década de los treinta, no se explicarían suficiente sin el pánico al fantasma soviético. Cuando la crisis mundial creó una situación de desempleo y de pobreza extremas, se recurrió a dos tipos diferentes de soluciones. En países donde la amenaza parecía más grande, como eran Italia y Alemania, los movimientos de signo fascista comenzaron disolviendo los partidos y sindicatos izquierdistas violentamente. En el caso de Alemania, Hitler repitió en 1934 el pacto con el ejército que Ebert había hecho en noviembre de 1918. Ante la amenaza que representaban las tropas de las SA, que querían sacar adelante las promesas revolucionarias de los programas nazis, los militares avisaron a Hitler de que o bien detenía el asunto él o lo haría el ejército por su cuenta. Los militares colaboraron dando armas a las SS para el exterminio de las SA que se produjo a partir de la noche de los cuchillos largos, el 30 de junio de 1934. Pero quizá lo más interesante sea la justificación que Hitler dio de su actuación en este caso, al decir que había querido evitar que se volviera a producir en Alemania un nuevo 1918. En otro caso en que las consecuencias de la crisis eran de una gravedad extrema, como era el de los Estados Unidos, la solución consistió en establecer una política de ayudas y de concesiones en el terreno social, dentro del programa del New Deal. Se suele ignorar que los años que van de 1931 a 1939 fueron un tiempo en los Estados Unidos de grandes huelgas y de graves conmociones sociales. Con motivo de una de estas huelgas, Los Angeles Times escribía: “La situación (…) no se puede describir como una huelga general. Lo que hay es una insurrección, una revuelta organizada por los ¿Por qué nos conviene estudiar la revolución rusa? www.sinpermiso.info comunistas para derribar el gobierno . Sólo se puede hacer una cosa: aplastar la revuelta con toda la fuerza que sea necesaria”. Aparte de estas luchas, los trabajadores estadounidenses utilizaban también para defenderse de la crisis medidas de auto-organización: en Seattle el sindicato de los pescadores intercambiaba pescado para frutas, verduras y leña. Había 21 locales, con un comisario delante, para hacer estos intercambios. A finales de 1932 había 330 organizaciones varias de auto-ayuda para todo el país, con 300.000 miembros. Sin este contexto de luchas sociales no hay forma de encontrar una explicación racional del New Deal y de sus medidas de ayuda, como la Civil Works Administration, que llegó a dar empleo a 4 millones de trabajadores, o el Civilian Conservation Corps, que cogía jóvenes solteros y los llevaba a trabajar en los bosques pagándoles un salario de un dólar al día para trabajos de recuperación o de protección contra las inundaciones. Todo esto se hacía bajo la vigilancia inquieta de los empresarios, que veían por todas partes la amenaza del socialismo. De hecho, el miedo a la clase de giro a la izquierda que les parecía que se estaba produciendo con Roosevelt generó una fuerte reacción que es lo que explica que en 1938 se fundara el Comité del congreso sobre actividades anti-americanas, encargado de descubrir subversivos en los sindicatos o entre las organizaciones del New Deal. El macartismo no es un producto de la guerra fría, sino la continuación del pánico contra lo rojo nacido en los años treinta. Tras el fin de la segunda guerra mundial, en 1945, el miedo a la extensión del comunismo en Europa parecía justificada por el hecho de que los años 1945 y 1946 los comunistas obtuvieron más del 20 por ciento de los votos en Checoslovaquia, en Francia (donde fueron el partido más votado) y en Finlandia, y muy cerca del 20 por ciento en Islandia o en Italia. No había en ninguno de estos casos propósitos revolucionarios por parte de los comunistas, porque, paradójicamente, el propio Stalin se había convertido a la opción parlamentaria, y aconsejaba a los partidos comunistas europeos que no se embarcaran en aventuras revolucionarias. La guerra fría tenía el objetivo de crear una solidaridad en la que los Estados Unidos ofrecerían a sus aliados la protección contra el enemigo revolucionario, del que sólo ellos podían salvar, con su superioridad militar, reforzada por el monopolio de la bomba atómica. Detrás de este ofrecimiento de protección había el propósito de construir un mundo de acuerdo con sus reglas, en el que no sólo tendrían una hegemonía militar indiscutible, sino también un dominio económico. Mantener este clima de miedo a un choque global contra un enemigo, el soviético, que podía aplastar cualquier país que no estuviera bajo la protección de los estadounidenses y de sus fuerzas nucleares, era necesario para sostener este control político global, y para hacer negocio, de paso. Aparte de eso, sin embargo, la necesidad de hacer frente a lo que temían realmente, que no eran las armas soviéticas, sino la posibilidad de que ideas y ¿Por qué nos conviene estudiar la revolución rusa? www.sinpermiso.info movimientos de signo comunista se extendieran por los países “occidentales”, los llevó a todos a recurrir a políticas que favorecían un reparto más equitativo de los beneficios de la producción y a un abastecimiento más amplio de servicios sociales universales y gratuitos: son los años del estado del bienestar, los años en que encontramos los valores mínimos en la escala de la desigualdad social. Desde 1968, sin embargo, se empezó a ver que no había que temer ningún tipo de amenaza revolucionaria, porque ni los mismos partidos comunistas parecían proponérselo. En el París de mayo de 1968, en plena euforia del movimiento de los estudiantes, que estaban convencidos de que, aliados con los trabajadores, podían transformar el mundo, el partido comunista y su sindicato impidieron cualquier posibilidad de alianza y se contentaron pactando mejoras salariales con la patronal y recomendando a los estudiantes que se fueran a hacer la revolución a la Universidad. Al mismo tiempo, los acontecimientos de Praga demostraban que el comunismo soviético no aspiraba a otra cosa que a mantenerse a la defensiva, sin tolerar cambios que pusieran en peligro su estabilidad. A mediados de los años setenta, a medida que resultaba cada vez más evidente que la amenaza soviética era inconsistente, los sectores empresariales, que hasta entonces habían aceptado pagar la factura de unos costes salariales y unos impuestos elevados, comenzaron a reaccionar. La ofensiva comenzó en tiempos de Carter, impidiendo que se creara una Oficina de representación de los consumidores, por un lado, y abandonando los sindicatos en la defensa de sus derechos, por otra, y prosiguió con Reagan en Estados Unidos, y con la señora Thatcher en Gran Bretaña, luchando abiertamente contra los sindicatos. Como consecuencia de esta política comenzaba de nuevo el crecimiento de la curva de la desigualdad, que se alimentaba de la rebaja gradual de los costes salariales y fiscales de las empresas. ¿Se puede considerar una simple coincidencia que la mejora de la igualdad se haya producido coetáneamente a la expansión de la amenaza comunista -o, más exactamente, del miedo a la amenaza comunista- y que el cambio que ha llevado al retorno a las graves proporciones de desigualdad que estamos viviendo hoy coincida con la desaparición de este factor? Y déjenme insistir: no me estoy refiriendo a la amenaza de la Unión Soviética como potencia militar, que nunca existió (las diferencias de potencial militar en favor de los Estados Unidos eran enormes, pero eso se escondía al público, que de otro modo quizá no habría aceptado tan mansamente los gastos y las restricciones que comportaba la guerra fría). Me estoy refiriendo a la amenaza, para decirlo con los términos usados para afianzar estos miedos, del “comunismo internacional”; al miedo a la subversión revolucionaria. Dejadme que cite un testimonio de extraña lucidez que supo ver por dónde podían ir las cosas muy bien, ya en el año 1920. El testigo es el de Karl Kraus, que escribió entonces: “Que el diablo se lleve la praxis del comunismo, pero, en cambio, que Dios nos lo conserve en su condición de amenaza constante ¿Por qué nos conviene estudiar la revolución rusa? www.sinpermiso.info sobre las cabezas de los que tienen riquezas; los que, a fin de conservarlas, envían implacables los otros a los frentes del hambre y del honor de la patria, mientras pretenden consolarlos diciendo y repitiendo que la riqueza no es lo más importante de esta vida. Dios nos conserve para siempre el comunismo para que esa chusma no se vuelva aún más desvergonzada (…) y que, al menos, cuando se vayan a dormir, lo hagan con una pesadilla”. Y es que buena parte de lo que llamamos progresos sociales, desde la revolución francesa hasta la fecha, está estrechamente asociado a las pesadillas de las clases acomodadas, obligadas a hacer concesiones como consecuencia del miedo a perderlo todo a manos de los bárbaros. La abolición de la esclavitud, por ejemplo, no se explicaría sin el pánico que produjo la matanza de los colonos en Haití durante la revolución de 1791. Que resulte que en la actualidad hay en el mundo más esclavos que en 1791 (la cifra actual de los trabajadores forzados se calcula que oscila entre los 13 y los 27 millones) obliga a hacer algunas reflexiones sobre el significado de lo que los libros de historia llaman abolición de la esclavitud. Nada comparable, sin embargo, con el pánico que provocó desde su inicio la revolución rusa, y que se ha mantenido persistentemente tanto en el terreno de la propaganda política como en el de la historia. Aún hoy los hechos de Ucrania son aprovechados para rehacer la misma historia de la amenaza al mundo libre. En un artículo de una revista erudita de historia de la guerra fría que estudia las organizaciones “stay behind”, que Estados Unidos y Gran Bretaña montaron en Europa para poder oponerse a un posible ascenso comunista, la más conocida de las cuales es Gladio, que preparaba una respuesta violenta en Italia si los comunistas ganaban unas elecciones, el autor trata de justificar que siguieran incluso después de la desaparición de la Unión Soviética y argumenta que, con la agresión rusa actual en Ucrania, tiene lógica mantener “algunos de los mismos elementos de seguridad” de la guerra fría. O sea que el anticomunismo dura incluso después de la muerte del comunismo. Nos hemos nutrido de la historia criminal del comunismo, que se nos sigue repitiendo cada día, y nos ha faltado, en cambio, conocer en paralelo una historia criminal del capitalismo que permitiera situar las cosas en un contexto más equilibrado. El estudio de la revolución rusa, como veis, es necesario para entender la historia del siglo XX, y la situación a la que esta historia nos ha llevado. Hay, sin embargo, más motivos que hacen necesario este estudio, a los que me referiré brevemente porque el tiempo no da para más. Uno de los más importantes es el de dilucidar porqué el proyecto social de 1917 terminó fracasando. Y no me refiero al hundimiento final de la estructura política de la Unión Soviética después de 1989, sino a la incapacidad de construir ese modelo de una sociedad libre y sin clases que se había planteado al inicio de la revolución. Es un tema que nos obligará a revisar toda una serie de cuestiones, empezando por la crisis de marzo de 1921, cuando se celebraba el décimo congreso del partido comunista, mientras los trabajadores de Petrogrado se ¿Por qué nos conviene estudiar la revolución rusa? www.sinpermiso.info declaraban en huelga, con el apoyo de los marineros de la base de Kronstadt, no sólo por razones económicas, sino en demanda de más derechos de participación, y de nuevas elecciones a los soviets, que se habían convertido, en el transcurso de la guerra civil, en una simple cadena de transmisión de las órdenes dadas desde arriba por unos mandos que no habían sido elegidos. Tendremos que explorar después qué significaba realmente el programa de la planificación tal como lo estaban elaborando, hasta 1928, los hombres que trabajaban en el Gosplan, y la forma en como su proyecto fue pervertido por Stalin, que lo convirtió en un instrumento para un proyecto de industrialización forzada, que tenía que ir acompañado de una política de terror encaminada a someter a amplias capas de la población a unas condiciones de trabajo y de explotación inhumanas. O tendremos que investigar las razones del fracaso del proyecto de las democracias populares en 1945, del que hablaba Manfred Kossok, que lo vivió, evocando “aquellos años de las grandes esperanzas, de las visiones, de las utopías -la fin del imperialismo en 10 o 20 años, liberación de todos los pueblos, bienestar universal, paz eterna- unos años de ilusiones heroicas: el socialismo real como el mejor de los mundos”. Un proyecto del que decía Edward Thompson: “este fue un momento auténtico, y no creo que la degeneración que siguió, en la que hubo dos actores, el estalinismo y occidente, fuera inevitable. Pienso que hay que volver a ocuparse de esto y explicó que este momento existió”. Hay, en efecto, que estudiar todos estos momentos diversos en que las cosas pudieron ser diferentes. Y hay un aspecto central de esta cuestión que habría que examinar con detenimiento. ¿Tenía viabilidad el proyecto de Lenin de crear una sociedad sin clases, que implicaba abolir no sólo el aparato del estado sino el trabajo asalariado? No hace mucho que Richard Wolff, profesor emérito de Economía de la Universidad de Massachusets, repasaba diversos momentos de la historia de las revoluciones –la avolición de la esclavitud, el fin del feudalismo, la revolución socialista de 1917- y mostraba que cada una de ellas había aportado beneficios y libertades, pero que todas habían acabado dejando el terreno abierto a una nueva forma de explotación (en el caso de 1917, la de un capitalismo de Estado) porque no habían sabido entender que la sola forma de abolir la explotación es acabar con la extracción de los excedentes del trabajo de las manos de los que lo producen. Para Wolff esto se consigue con formas de organización cooperativas y apunta a un movimiento bastante interesante de formación de pequeñas cooperativas que se desarrolla actualmente en los Estados Unidos. Pero olvida un aspecto que Lenin tenía suficientemente en cuenta: que a fin de abolir la explotación lo primero que hace falta es haber despojado del poder político a los que resultarían perjudicados con este cambio. Podría servir de ejemplo lo ocurrido con Mondragón, que muchos, incluyendo el mismo Wolff, presentaban como el modelo de una alternativa. Puedes hacer lo que quieras montando cooperativas, grandes o pequeñas, pero no cambiará nada si mientras tanto tienes en Madrid un Montoro que tiene a su disposición todo el poder del estado para modificar las reglas como le convenga. ¿Por qué nos conviene estudiar la revolución rusa? www.sinpermiso.info Otra propuesta que sería interesante considerar, pero de la que conocemos todavía demasiado poco, es la de Abdullah Öcalan, el dirigente del PKK kurdo, aprisionado por los turcos desde 1999, que hace unos años propuso la fórmula del confederalismo democrático, que propone reemplazar el estado-nación por un sistema de asambleas o consejos locales que generen autonomía sin crear el aparato de un estado. Hoy este proyecto tiene una primera plasmación en Rojava, la zona del norte de Siria donde se ha instalado el que un reportaje de la BBC califica como “un mini-estado igualitario, multi-étnico (porque encierra en pie de igualdad kurdos, árabes, y cristianos), gobernado comunitariamente”. Son justamente los que están combatiendo para reconquistar la ciudad de Kobane. Os recomiendo que veáis este documental de la BBC -lo encontrareis tanto en Google como en YouTube, con el título de “Rojava: Sirya’s secret revolution”. ¿Por qué hablo de estas cosas, que parecen muy lejos del estudio de la revolución de 1917? He dicho antes que debíamos estudiarla para llegar a entender nuestra propia historia; pero es evidente que este estudio no lo veo como un puro ejercicio intelectual sin fines prácticos. La utilidad que puede tener, que debe tener, es la de ayudarnos a rescatar de aquellos proyectos que no tuvieron éxito -por errores internos y por la hostilidad de todas las fuerzas que se oponían a los avances sociales que promovían – lo que pueda servirnos aún para el trabajo de construir una sociedad más libre y más igualitaria. Porque me parece indiscutible que el propósito que movió a los hombres de 1917 era legítimo. Como dijo Paul Eluard: “Había que creer, era necesario / creer que el hombre tiene el poder / de ser libre y de ser mejor que el destino que le ha sido asignado”. Y pienso que necesitamos seguirlo creyendo hoy.