Archivos de la categoría PSICOLOGÍA- CEREBRO

Madurez psicológica: El arte de vivir en paz con lo que no podemos cambiar

La madurez psicológica se puede definir de muchas formas, pero el escritor escocés M. J. Croan resumió a la perfección este concepto: “La madurez es cuando tu mundo se abre y te das cuenta de que no eres el centro de él”.
Madurar significa salir de nuestra visión egocéntrica para comprender que existe un mundo más amplio y complejo, un mundo que a menudo nos pondrá a prueba y que no siempre satisfará nuestras expectativas, ilusiones y necesidades. Y sin embargo, cuando maduramos somos capaces de vivir en paz en ese mundo, aceptando todo aquello que no nos gusta pero que no podemos cambiar.

Negar la realidad: Un mecanismo de afrontamiento inmaduro e inadaptativo 

La negación es un mecanismo de afrontamiento que implica negar fervientemente la realidad, a pesar de los hechos. Generalmente este mecanismo se pone en marcha por dos motivos: 1. Porque nos aferramos a unas ideas rígidas que no queremos cambiar o, 2. Porque no contamos con los mecanismos psicológicos necesarios para afrontar la situación.
En ambos casos, negar la realidad nos permite reducir la ansiedad ante una situación que nuestro cerebro emocional ya ha catalogado como particularmente inquietante o incluso amenazante. El problema es que la realidad siempre gana.
Si un acosador nos aborda en medio de la calle, no cerramos los ojos repitiéndonos mentalmente: “¡Esto no está ocurriendo!”. Comprendemos que estamos en peligro y escapamos o pedimos ayuda. Sin embargo, no reaccionamos de la misma manera con el resto de las situaciones de nuestra vida. Cuando algo no nos gusta, nos decepciona o entristece, ponemos en marcha el mecanismo de negación.

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Cómo lograron realizar el primer “trasplante de memoria” entre animales

Poder trasplantar la memoria de un ser vivo a otro ha formado parte del relato de la ciencia ficción, pero la ciencia va dando pasos para convertirlo en realidad.

Un equipo de científicos de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) ha conseguido trasplantar de forma exitosa memorias de un caracol a otro mediante una técnica de transferencia de información genética conocida como ácido ribonucleico (ARN).

Un grupo de caracoles fue entrenado para desarrollar un mecanismo de defensa. Cuando se insertó el ARN en otros ejemplares que no habían sido entrenados, se comportaron de igual manera que los que sí.

Los resultados de este experimento se han publicado en la revista especializada eNeuro y podría ofrecer nuevas pistas sobre las bases físicas de la memoria.

El ARN es una gran molécula que participa en varias funciones esenciales en los organismos biológicos, incluida la unión de proteínas y la forma en la que se manifiestan los genes.

El experimento

Los científicos aplicaron descargas eléctricas leves en las colas de una especie de caracol marino llamado Aplysia californica . Después de estos shocks, el reflejo defensivo del caracol fue contraerse como medida de protección.

En los caracoles que habían recibido las descargas, la contracción duraba 50 segundos . En los que no, duraba apenas uno.

Del grupo que había sido instruido para defenderse, los investigadores extrajeron el ácido ribonucleiclo y lo inyectaron en caracoles que no habían sido sometidos a esta terapia de shock.

La sorpresa de los científicos fue que este nuevo grupo al que se le insertó ARN se contrajo por 40 segundos, mucho más que aquellos que no habían recibido el entrenamiento defensivo ni habían sido inyectados con la molécula.

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El miedo a vivir con nosotros mismos o la sociedad medicalizada

La condición humana de la soledad ha interesado a teólogos, filósofos y comentaristas sociales desde el comienzo de los tiempos. La Biblia está llena de referencias a la experiencia de ser y sentirse solo. Según Dios creó a Adán dijo: “No es bueno que el hombre esté solo; crearé un compañero adecuado para él ‘. Aunque creó a Eva para ayudar a Adán a lidiar con su soledad, Dios sabía que esta condición era una dimensión integral de la existencia humana y que el problema no desaparecería.

Teólogos y filósofos dedicaron considerable energía y tiempo tratando de comprender la soledad. A lo largo de la historia, la soledad fue  tema de análisis y reflexión filosófica. Por esta razón, ¡todos los grandes pensadores del canon occidental se sorprenderían al descubrir que en el siglo XXI la soledad se considera y se trata cada vez más como un problema médico!

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Durante los últimos dos años una enorme cantidad de encuestas y estudios afirman no solo que la soledad es un problema en rápido crecimiento sino también una amenaza para la salud humana. El lenguaje con el que se enmarca la supuesta expansión de la soledad es deliberadamente médico. Utiliza también la retórica del miedo y la alarma hasta el punto de que el término médico, epidemia, se usa con frecuencia para destacar la gravedad de esta amenaza para la vida humana.

Esta retórica de la ansiedad y el miedo es la base de un informe publicado a principios de mayo, que afirma que la soledad alcanza ya la categoría de epidemia en los Estados Unidos. Según este estudio, prácticamente la mitad de los estadounidenses afirman sentirse solos ‘a veces o siempre’ y que no tienen a nadie con quien hablar. El anterior comisionado del Servicio de Salud Pública estadounidense, Dr. Vivek H. Murthy, declaró que es mejor abordar el problema de la soledad como si se tratara de una epidemia “porque afecta a un gran número de personas en nuestro país” y también porque “la soledad de una persona puede tener un impacto en otra persona“.

La afirmación de Murthy de que la soledad es similar a una epidemia contagiosa, que puede propagarse de una persona a otra, evidencia la creciente tendencia a medicalizar lo que desde siempre ha sido una característica integral de la condición humana

La afirmación de Murthy de que la soledad es similar a una epidemia contagiosa, que puede propagarse de una persona a otra, evidencia la creciente tendencia a medicalizar lo que desde siempre ha sido una característica integral de la condición humana. Sin embargo, este empeño en retratar la soledad como un problema de salud no es exclusivo de los Estados Unidos.

En el Reino Unido, el Royal College of General Practitioners ha afirmado recientemente que los médicos deberían poder prescribir la realización de actividades, cursos de cocina y grupos de terapia para el creciente número de “pacientes solitarios y desdichados“. Argumentan que los médicos de familia pasan demasiado tiempo con lo que llaman “pacientes con problemas de corazón”, es decir, personas que sufren de soledad en lugar de una afección médica convencional. De hecho, The Royal College estimó que una quinta parte de las citas médicas están relacionadas con problemas sociales y que los médicos se han convertido en el “nuevo clero” que atiende los problemas emocionales de las personas.

Incluso los políticos se han unido a la nueva cruzada contra la abolición de la soledad. A principios de este año, el gobierno del Reino Unido designó a Tracey Crouch para el nuevo cargo de ‘Ministra de la Soledad‘. El nombramiento se produce después de una serie de informes alarmantes sobre la prevalencia de la soledad entre los ancianos.

Lo fascinante de la actual cruzada contra la soledad es que no limita su enfoque a los ancianos. Hasta hace poco, la soledad se asociaba con la vejez. Pero en los últimos años, los expertos han descubierto también la variante de la “soledad en el trabajo” y ahora el problema se ha ampliado para incluir a los jóvenes. La Oficina de Estadísticas Nacionales del Reino Unido informó que “es más probable que se sientan solos los adultos más jóvenes que los de mayor edad“. El mes pasado, otro estudio estableció que los “millennials solitarios” se enfrentaban a una mezcla de problemas sociales y de salud. Esta alarma se repite en Estados Unidos, donde los informes afirman que el impacto de la soledad es mucho mayor en los jóvenes que en las generaciones mayores.

Como sociólogo, soy escéptico con los informes que pretenden cuantificar una condición existencial como la felicidad, el miedo o la soledad. Los seres humanos tienen dificultades para explicar y comprender lo que significa estar solo. Es un sentimiento que tiene significados profundos, complejos y muy personales, que no se pueden reducir a números cuantificables. Así, cuando los investigadores concluyen que la soledad es un “factor de riesgo de muerte prematura comparable a fumar 15 cigarrillos al día y que es peor que factores de riesgo bien conocidos como la obesidad y la inactividad física”, están empleando un lenguaje más propio de la propaganda orwelliana que de la Ciencia.

Es evidente que la vida interior de las personas se ha convertido en objeto de medicalización

Cuando se considera que la soledad es un factor de riesgo similar al tabaquismo y la obesidad, es evidente que la vida interior de las personas se ha convertido en objeto demedicalización. La tendencia actual de transformar las dimensiones intangibles de nuestra vida íntima en cantidades calculables es una característica clave del proyecto de medicalización de la experiencia humana.

Desde la década de 1970 ha habido una expansión constante de los límites médicos a medida que más y más experiencias individuales y sociales se enmarcan en términos médicos como enfermedad o trastorno. La promoción y celebración de la salud como el valor primordial de la sociedad occidental ha empujado a las personas a interpretar una gama cada vez mayor de actividades humanas mediante la terminología médica. Las categorías de enfermedades se utilizan para dar sentido a problemas que forman parte de la rutina de la existencia. La timidez, el miedo al fracaso, la incapacidad para concentrarse en una tarea o ser demasiado activo son solo algunas de las formas de comportamiento que ahora se diagnostican como enfermedades.

Por supuesto, no es agradable sentirse solo. La soledad puede ser una fuente de desolación y angustia. Pero lejos de ser un problema de salud, la soledad ofrece a las personas la oportunidad de reflexionar y tratar de comprender su lugar en el mundo.

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Las inesperadas lecciones económicas que nos pueden enseñar los monos

En una isla frente a la costa de Puerto Rico, tuvo lugar un fascinante experimento con simios.

Los resultados podrían darnos una comprensión más profunda de la economía del comportamiento, la psicología del riesgo y podría explicar por qué nuestras economías sufren crisis financieras periódicas.

El experimento involucró seis monos capuchinos que llevaban el nombre de personajes de películas de James Bond.

Los investigadores los entrenaron para que intercambiaran pequeñas fichas de metal por comida . Los pusieron en un pequeño mercado donde les ofrecerían diferentes alimentos a diferentes precios.

Una de las que “comerciaba” con los monos fue Laurie Santos, profesora de ciencia cognitiva y psicología en la Universidad de Yale.

“Podríamos usar ese escenario para preguntarnos ¿los monos le prestan atención a cosas como el precio? ¿Están tratando de maximizar sussimiomonedas ?”, explica.

“Lo que nos sorprendió fue que, con muy poco entrenamiento, los monoscompraban a los vendedores que les daban comida a menor precio “, dice Santos. “Entonces, si obtenían el doble de comida por una ficha, compraban allí más a menudo”.

Los monos también mostraron otros rasgos similares a los humanos, como eloportunismo . Intentaban agarrar cualquier ficha que quedara tirada mientras los científicos no prestaban atención. Ese comportamiento también mostró que los monos consideraban las fichas como objetos valiosos.

Sin embargo, es la actitud hacia el riesgo que mostraron los monos la que podría contener las lecciones más intrigantes para nosotros los humanos.

Una chica robando una billetera

Getty
Humanos y monos comparten rasgos como el oportunismo.

Los investigadores introdujeron un elemento de elección en su experimento. Los monos podrían comerciar con una de dos personas. Una de ellas les daba dos piezas de comida, uvas en este caso, a cambio de una ficha. Era una opción segura y sin pérdidas.

Pero la otra persona les daba una uva o tres uvas, a cambio de su ficha. Esta opción implicaba más riesgo , ya que la mitad de las veces recibían una uva y la otra mitad tres.

Traducido a términos humanos : tienes una opción, puedes obtener US$$2.000 garantizados o tienes un 50% de posibilidades de obtener US$1.000 y una probabilidad del 50% de obtener US$3.000.

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¿Stranger Things? Cómo la CIA utilizó la experiencia nazi para controlar la mente

Hace 75 años, la CIA lanzó un programa secreto con el que buscaban aprender a controlar la conciencia humana, conocido como MK Ultra Monarch.

Oficialmente, se considera el último estudio a gran escala de este tipo en EEUU. En total, los experimentos dirigidos a desarrollar métodos efectivos de influencia en la mente humana duraron más de 20 años.

Los estadounidenses se basaron en los ‘logros’ de los científicos nazis para desarrollar el programa. RT ha intentado aclarar cómo EEUU se aprovechó de las recetas del Tercer Reich.

La herencia de la Alemania nazi

La operación ‘Paperclip’ (Clip de papel) fue el preámbulo para los grandes experimentos científicos estadounidenses sobre el control mental. EEUU buscó reclutar científicos del Tercer Reich para desarrollar armas nucleares y de otro tipo.

Los estadounidenses reconocieron el potencial de la investigación multidisciplinaria realizada por las autoridades alemanas. Así, las agencias de inteligencia de Estados Unidos inmediatamente después del final de las hostilidades en Europa transportaron ilegalmente a través del océano a más de 1.700 psicólogos, psiquiatras, físicos y biólogos de la antigua Alemania nazi, falsificando sus biografías.

Blue bird

El programa de control mental ‘Blue Bird’ (Pájaro azul) se llevó a cabo entre 1951 y 1953 y utilizó la información sobre las técnicas de tortura y los métodos de interrogación implementados por los nazis.

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El flúor en el agua potable causa una disminución de 7 puntos en el coeficiente intelectual​​

Un estudio publicado en revistas médicas antiguas, muy conocidas del mundo, revela que consumir flúor, incluso en pequeñas cantidades, causa una disminución de 7 puntos en el coeficiente de inteligencia de una persona. 

El estudio enumera todos los productos químicos que provocan una “pandemia global y silenciosa de toxicidad del neurodesarrollo”.

El séptimo de la lista es el fluoruro.

“La mayor preocupación es la gran cantidad de niños que se ven afectados por daños tóxicos en el desarrollo cerebral en ausencia de un diagnóstico formal”.

“Sufren un lapso de atención reducido, un retraso en el desarrollo y un rendimiento escolar deficiente”. 

“Los productos químicos industriales ahora están surgiendo como causas probables”.

Los problemas neuroconductuales, como el autismo, el TDAH y la dislexia, afectan aproximadamente al 10-15% de los niños nacidos hoy en día, dicen los autores.

Los genes juegan un papel importante en algunos de estos trastornos, pero no tan grandes.

Sólo alrededor del 30-40% de los casos de los trastornos pueden ser explicados solo por los genes, por lo que el medio ambiente debe constituir la otra parte.

Esbozar esos compuestos puede ser difícil, pero la investigación está aumentando y apunta a una creciente lista de sustancias químicas que debemos evitar.

Debido a la frecuencia con la que estos productos químicos están presentes en nuestra vida cotidiana -incluso los prohibidos- y las tasas crecientes de trastornos del desarrollo en los niños, los autores dicen que debe producirse un cambio urgente.:
“Se necesita un nuevo marco de acción”.

Aquí están los 11 químicos para los cuales hay una fuerte evidencia de conexión a los trastornos del neurodesarrollo en los niños.:

Plomo: este es uno de los compuestos más ampliamente investigados en términos de neurodesarrollo.

Se ha relacionado constantemente con déficits graves, incluido un coeficiente de inteligencia bajo.

Sus efectos parecen ser permanentes, lo que lleva a la conclusión de que no existe un nivel seguro de exposición.

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Estudio muestra que tu inconsciente decide lo que vas a hacer hasta 10 segundos antes de que te des cuenta de lo que haces

El libre albedrío es supuestamente el derecho inalienable del hombre moderno. Creemos que somos muy conscientes, razonables y autónomos. Pero esto probablemente sea una cómoda ilusión para que podamos seguir con nuestras vidas sin cuestionarnos demasiado.

Desde hace unos años, a partir de un experimento seminal  de Benjamin Libet, científicos han notado algo perturbador. El cerebro humano inconscientemente decide lo que vamos a hacer tiempo antes de que seamos conscientes de que tomamos una decisión. En otras palabras, cuando pensamos que estamos decidiendo, procesos inconscientes del cerebro ya han estado trabajando antes en esto y quizás aquello que pensamos es una toma de decisión más bien es el acto de ser conscientes de que hemos hecho algo. El libre albedrío sería más bien solamente una conciencia reflexiva que nos brinda la sensación de integridad subjetiva.

John Dylan Haynes y Frank Tong realizaron hace unos años una réplica con algunas variaciones del experimento de Libet y confirmaron los resultados. En el experimento voluntarios debían de apretar uno de dos botones cuando sintieran una urgencia. Cada botón era operado por una mano distinta. Al mismo tiempo letras cambiantes aparecían en una pantalla y los voluntarios debían recordar qué letra se había mostrado cuando hicieron la decisión de apretar el botón. Los resultados mostraron que en algunos casos la actividad cerebral vinculada con la decisión empezaba hasta 10 segundos antes de la decisión consciente. La señal, explica la revista Nature, provenía de la región llamada córtex frontopolar, la zona donde al parecer se originan las decisiones. Los investigadores creen que los resultados sugieren que la conciencia es sólo la punta de un iceberg y que existe todo un complejo mecanismo inconsciente que podría ser incluso más importante en nuestra toma de decisiones que lo consciente. Esto pone en entredicho la noción de libre albedrío la cual depende de la noción de un sujeto consciente que toma decisiones.

Experimentos de Simone Kuhn y Maurice Brass han también confirmado este mismo procedimiento que hace pensar que la mente inconsciente es lo que realmente decide, incluso hasta el punto de que es el inconsciente “lo que causa todos los pensamientos”. Otros investigadores han sugerido que la libertad del ser humano no consiste en decidir que va hacer sino en vetar los procesos que su inconsciente manifiesta, en inglés esto se ha llamado el “free won’t”, un libre no-hacer. Otros especulan filosóficamente y sugieren que esto podría ser una señal de que vivimos en un universo determinista.

Foto: News Limited

https://pijamasurf.com/2018/04/estudio_muestra_que_tu_inconsciente_decide_lo_que_vas_a_hacer_hasta_10_segundos_antes_de_que_te_des_cuenta_de_lo_que_haces/

Lo que intentes poseer, te poseerá a ti

Es probable que en algún momento de tu vida, hayas deseado tener algo con mucha fuerza. Si haces memoria, recordarás que tu mente estaba obsesionada con aquello, con alcanzar esa cosa que se te antojaba el elixir de la felicidad. No pensabas en nada más.
En ese momento, lo que querías poseer, realmente te estaba poseyendo, en sentido literal, porque tu mente había entrado en una especie de túnel en el cual solo había espacio para un objetivo y tu abanico de intereses se había reducido a obtener esa cosa.
Por eso, los grandes filósofos llevan siglos alertándonos de una verdad tan sencilla como olvidada: lo que intentes poseer, te poseerá a ti. Y no se referían únicamente a las posesiones materiales sino también a una relación con otra persona o incluso a alcanzar cierto estatus social.

Aparigrajá: La práctica de la no posesión y el desapego 

El jainismo y el yoga animan a sus seguidores a limitar sus posesiones a lo fundamental y en el taoísmo y el budismo se practica el desapego. De hecho, en el sáncrito existe una palabra para referirse a la no posesión: aparigrajá. Según estos sistemas filosóficos, no debemos aferrarnos a las cosas sino ser conscientes de que estas van y vienen, por lo que aferrarse obsesivamente a ellas solo provoca sufrimiento.
Eso no significa que no podamos aspirar a ciertas cosas. La “visión de túnel” incluso podría ser beneficiosa cuando debemos terminar un proyecto importante porque nos mantiene centrados en nuestro objetivo. Sin embargo, podemos hacerlo desde una postura desapegada, la cual nos permitirá seguir disfrutando de la vida y evitar el sufrimiento innecesario mientras perseguimos determinado objetivo.
Podemos comprender mejor este mensaje pensando en cómo reaccionamos cuando acercamos nuestra mano al fuego. Si la acercamos demasiado y nos quemamos, reaccionaremos de manera instintiva retirándola inmediatamente. Eso se debe a que experimentamos un dolor físico que provoca una reacción física.
Sin embargo, con el sufrimiento emocional no ocurre lo mismo. Aunque alguien nos esté haciendo daño o perseguir determinada meta nos esté causando una profunda desazón, continuamos con la mano sobre el fuego y en muchos casos ni siquiera contemplamos la posibilidad de retirarla. Así terminamos alimentando nuestro propio sufrimiento, insatisfacción e infelicidad.

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Tomar fotos con el móvil está destruyendo nuestros recuerdos

Somos nuestra memoria. La memoria nos ayuda a darle un sentido a nuestra vida ordenando los hechos autobiográficos y nos recuerda constantemente quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos. Sin la memoria y los recuerdos que almacena, estaríamos perdidos, tendríamos que reinventarnos cada día. Por eso, es fundamental hacer todo lo que esté a nuestro alcance para preservar la memoria y asegurarnos de almacenar recuerdos sólidos.

La memoria no es un almacén estático 

La mayoría de las personas piensan en su memoria como en un almacén donde guardan los recuerdos. Sin embargo, no se trata de un almacén estático, esos recuerdos pueden cambiar. De hecho, ni siquiera son una copia fiel de los eventos que vivimos.

Cada vez que recordamos un suceso, podemos alterarlo o disminuir su precisión accidentalmente. Incluso los recuerdos triviales se corrompen fácilmente con meras sugerencias. La psicóloga Elizabeth Loftus, por ejemplo, descubrió que cuando le decía a las personas que los coches “chocaron” en vez de decir “chocar”, estas recordaban el accidente automovilístico más severo de lo que fue en realidad.

Pequeñísimos detalles como ese pueden influir en nuestros recuerdos, aunque quizá lo más frustrante es que cambiamos esos detalles y reconstruimos la realidad sin darnos cuenta. Por tanto, no es banal preguntarse cómo uno de nuestros hábitos más comunes: fotografiar todas nuestras experiencias, puede influir en nuestra memoria.


¿Cómo se forman los recuerdos? 

El primer paso para formar un recuerdo duradero es prestar atención. Así de simple. Si no prestamos atención, nuestro cerebro no podrá almacenar las sensaciones que experimentamos.
Luego, nuestro cerebro almacena los recuerdos a largo plazo estableciendo conexiones neuronales. Cuanto más intensa sea la vivencia, más fuertes serán esas conexiones y menos probable será que olvidemos lo ocurrido. Esa es la razón por la que no olvidamos con facilidad los hechos que han tenido un gran impacto emocional o los aprendizajes significativos para nosotros.
Gracias a esas conexiones no solo podemos recordar lo que sucedió sino además conectar esa memoria con determinados olores, sensaciones, emociones y palabras. Sin embargo, si no estamos prestando atención, si ni siquiera estamos obteniendo la información básica para que se formen recuerdos a corto plazo, no se almacenará nada a largo plazo en el cerebro. Por consiguiente, sin atención no hay recuerdos.

El experimento que demostró cómo tomar fotos afecta nuestra memoria 

La Iglesia Memorial de Stanford es un edificio sorprendente que demanda atención. Es magnífica, tanto fuera como en su interior. Sin embargo, psicólogos de las universidades de Princeton, Austin y Stanford descubrieron que es más fácil olvidar los detalles si sacamos fotos.
En una serie de experimentos, cientos de participantes realizaron un recorrido por la iglesia durante el cual debían tomar nota mental de los detalles más relevantes. A algunos se les pidió que entraran con las manos vacías, a otros les pidieron que tomaran fotos con sus smartphones.
Al cabo de una semana, los investigadores pusieron a prueba la memoria de los participantes preguntándoles detalles sobre la iglesia. Quienes recorrieron el edificio sin cámara, respondieron correctamente 7 de 10 preguntas. Quienes tomaron foto, al contrario de todas las expectativas, no solo no recordaban mejor los detalles sino que cometían más errores, respondían bien una media de 5 o 6 respuestas.
Estos psicólogos explican que “mientras usamos estos dispositivos, nos distraemos de la experiencia. Esa distracción hace que no recordemos los detalles a los que deberíamos prestarles atención”.
Dado que los smartphones son omnipresentes en nuestras vidas, a estos psicólogos les preocupa que esa fuente gigante de distracción termine afectando nuestra capacidad para formar recuerdos duraderos y fiables.

Descarga cognitiva: Usar el smartphone como una “memoria expandida” 

Al efecto distractor del móvil, se le suma lo que se conoce como “descarga cognitiva” o “memoria expandida”, que implicaría externalizar nuestra memoria. En práctica, nos preocupamos menos por prestar atención y recordar porque tenemos una foto a la cual recurrir.
De hecho, otro experimento realizado en las universidades de Columbia, Wisconsin y Harvard reveló que cuando estamos seguros de que podemos guardar la información en un dispositivo, recordamos menos información.
Ese efecto es aún más acuciado en las personas a las que no les gusta pensar mucho, según confirmó otro estudio desarrollado en la Universidad de Waterloo. En práctica, estas personas convierten sus smarphones en una especie de muleta cognitiva. No esfuerzan sus recursos cognitivos porque confían en la tecnología.

98% de los niños son genios creativos, pero solo 2% llega a la edad adulta (ESTUDIO)

En nuestra cultura y nuestras sociedades nos hemos habituado a ver el genio en otros, a admirarlo en aquellos y aquellas que por distintos motivos adquirieron notoriedad y reconocimiento en el campo al cual entregaron su labor: las artes, la ciencia, la política y la vida social, etc.

En ese sentido, solemos creer que ese mismo genio es una cualidad extraordinaria que se encuentra en tan sólo unos pocos, que sea por la fortuna o por la casualidad son capaces de desarrollarlo y condensarlo en obras igualmente admirables.

¿Pero qué pasaría si esto fuera falso y la genialidad no fuera una cualidad extraordinaria sino, más bien, natural en el ser humano?

A esa conclusión radical llegó un estudio realizado por los investigadores George Land y Beth Jarman, cuya historia comienza en 1986, cuando la NASA les pidió que desarrollaran un método que permitiera identificar a personas con una elevada capacidad para la innovación entre el personal científico de la institución. Land y Jarman diseñaron entonces una prueba orientada a detectar el nivel de creatividad de una persona. En la NASA, el resultado fue bien recibido.

Sin embargo, aunque ese proyecto terminó ahí, los investigadores siguieron por su propia cuenta, pues ahora tenían más preguntas que respuestas sobre la creatividad. Hicieron algo muy sencillo: aplicar ese mismo examen a aun grupo de 1,600 niños de entre 3 y 5 años que pertenecían a un programa piloto de iniciación escolar.

Al revisar los datos obtenidos, su sorpresa fue mayúscula al descubrir que el 98% de dichos niños podían ser calificados como “genios” en vista de su capacidad creativa y de imaginar ideas nuevas, diferentes e innovadoras.

Los científicos tampoco se quedaron con esa conclusión y a partir de dicho resultado decidieron hacer de este un estudio longitudinal, es decir, sostenido en el tiempo. Aplicaron el mismo examen al mismo grupo de niños en tres momentos diferentes: cinco años después de la primera sesión, diez años después y veinticinco años después; dicho de otro modo, cuando el promedio de edad de los niños era, respectivamente, de 10, 15 y 31 años.

En este caso los resultados también fueron sorpresivos, aunque lamentables, pues ese 98% de niños altamente creativos a los 5 años de edad descendió drásticamente a 30% a los 10 años, a 12% a los 15 y a tan sólo 2% a los 31. Si casi 10 de cada 10 personas poseen cierto tipo de genialidad en su infancia, tan sólo 2 de cada 100 la mantienen hasta llegar a la edad adulta.

¿Por qué? Según Land, esto puede deberse a un problema fundamental del sistema educativo, que no favorece en modo alguno la habilidad creativa del ser humano. El investigador parte de la diferenciación de dos tipos de procedimiento del razonamiento humano, a saber:

1) El pensamiento convergente, por el cual evaluamos una idea, podemos criticarla y mejorarla, también combinara con otras. Se trata de una forma de pensamiento lógica y racional y casi siempre consciente.

2) El pensamiento divergente, del cual surgen las ideas nuevas, inesperadas y originales, no del todo como resultado de un proceso lógico ni consciente.

Land sostiene que en el sistema educativo tradicional se les enseña a los niños a pensar de las dos maneras, lo cual es una contradicción, pues ambas formas de pensamiento no pueden practicarse al mismo tiempo y al confrontarlas de esa manera lo único que se obtiene es que ni una ni otra se desarrollen con todo su potencial.

Sin embargo, es el pensamiento convergente el que navega mejor dicha situación, pues al ser la manera de pensar más socialmente aceptada, es la que al final terminamos por cultivar más, creando así un desequilibrio notable en nuestra mente, que un tanto incontrolablemente termina por inclinarse hacia el juicio, la censura, la crítica y eventualmente el miedo a pensar diferente.

“Cuando operamos bajo el miedo, usamos únicamente una parte pequeña de nuestro cerebro, pero cuando usamos el pensamiento creativo, el cerebro se ilumina”, ha dicho el científico, quien considera que ahí se encuentra una posibilidad para recuperar nuestra genialidad no perdida, sino sepultada bajo espesas capas de “educación” que recibimos para normalizar y estandarizar nuestro pensamiento.

Más allá de la idea de genialidad y sus frutos, la sola idea de vivir sin miedo de pensar parece un propósito deseable para intentar revivir esa imaginación que siempre ha estado en nuestra mente, esperando el momento en que nos decidamos a usarla de nuevo.

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