Archivos de la categoría PSICOLOGÍA- CEREBRO

El cerebro decide lo que es real o imaginario

El cerebro es el que decide si un pensamiento se refiere o no al presente, si es real o imaginario, antes incluso de que el sujeto sea consciente de ese pensamiento, informa la Universidad de Ginebra en un comunicado.

La región cerebral cortico-frontal y sus conexiones es la que asegura que nuestros pensamientos y nuestro comportamiento estén sincronizados con la realidad, incluso cuando nuestra mente divaga con fantasías.

Los estudios realizados en esta universidad han utilizado la electroencefalografía de alta resolución en sujetos sanos para medir la rapidez con la que el cerebro procesa las informaciones.

De esta forma han demostrado que el proceso cerebral de procesamiento de la realidad percibida se desarrolla a una velocidad de entre 200 y 300 milisegundos después de la evocación de un recuerdo o un pensamiento. (Un milisegundo es la milésima fracción de un segundo).

Sin embargo, el reconocimiento consciente de la información recibida se desarrolla más despacio, entre 400 y 600 milisegundos, lo que pone de manifiesto que el sujeto acepta una información como real o falsa después de que el cerebro haya realizado su selección.

Según explica el neurólogo Armin Schnider, director del departamento de Neurociencias de la citada universidad, los pensamientos sufren el filtro de la realidad al mismo tiempo que el cerebro los codifica.

El cerebro almacena por un lado los pensamientos que se refieren al presente (la realidad) y por otro lado los que son imaginarios o fantasiosos. Esta secuencia es la que permite al sujeto distinguir el recuerdo de un hecho real de otro imaginario, según la clasificación que ha hecho el cerebro sin su conocimiento.

Viviendo en una falsa realidad

Por eso, cuando la zona cortico-frontal está dañada, las personas pierden la capacidad de distinguir lo verdadero de lo falso, el pasado del presente, y no tienen forma de darse cuenta de que su realidad es falsa.

Ocurre por ejemplo después de un accidente cerebral, que lleva a determinados pacientes a vivir en una realidad paralela que a menudo es una especie de reconstrucción deformada de recuerdos verdaderos, añade Schnider.

Los investigadores de la Universidad de Ginebra han observado que, curiosamente, los pacientes que confunden la realidad no se dan cuenta de que los acontecimientos que ellos esperan no ocurren nunca.

Esta observación confirma los resultados de estudios anteriores que habían identificado ciertas neuronas en la región órbito-frontal que sólo se activan cuando una recompensa espera no se materializa. Si estas neuronas no funcionan bien, los pacientes pueden quedar colgados de una realidad que se repite permanentemente, en bucle.

Esas mismas neuronas están presentes en otras regiones colindantes del cerebro y se activan también cuando las redes neuronales principales se dañan, por ejemplo la región córtico-frontal que marca la diferencia entre lo real y lo imaginario.

Este fenómeno explica por qué sólo el 5% de los pacientes que han sufrido un daño cerebral, como un accidente vascular o un traumatismo, en esta región, desarrollan una confusión entre la realidad y sus confabulaciones: el daño en la región córtico-frontal es compensado por las neuronas de la región órbito-frontal.

Armin Schnider precisa que por este motivo los pacientes que padecen confabulaciones en su mayoría recuperan con el tiempo el sentido de la realidad, gracias a ese mecanismo de compensación de las redes neuronales vecinas a la región córtico-frontal. También señala que, a menudo, persiste la amnesia en estos pacientes.

En psiquiatría la confabulación es una enfermedad mental que consiste en que una persona rellena las lagunas de su memoria con experiencias inventadas que en realidad nunca han ocurrido. La persona no es consciente de que lo que cuenta no es cierto y, además, lo olvida enseguida.

También en personas sanas

Schnider señala que la confabulación no es exclusiva de las personas con un daño cerebral, ya que la reconstrucción ordinaria de los recuerdos puede también provocar errores. Destaca que cuando se nos pregunta por nuestras experiencias, tendemos inconscientemente, en caso de duda, a inventar nuestras respuestas.

En ese caso, nuestro cerebro guarda esa respuesta improvisada como un recuerdo verdadero, una observación que permite manipular la memoria de una persona, dependiendo de la forma en que se le formula la pregunta. Por eso concluye que estar convencido de la verdad de un recuerdo no es garantía suficiente de su exactitud.

Los resultados de estas investigaciones sobre la realidad, los mecanismos cerebrales implicados en su reconocimiento y en la distinción de la fantasía, fruto de más de 20 años de trabajo, se recogen en un libro cuya segunda edición acaba de ver la luz: “The Confabulating Mind”, publicado en Oxford University Press.

El libro recoge en varios capítulos la historia de la confabulación y su desarrollo en pacientes, así como el tema de los falsos recuerdos, que nos afectan cotidianamente sin darnos cuenta, y aborda casos específicos de manipulación de la memoria, que tiene una importancia especial en casos judiciales.

Referencia

The Confabulating Mind. How the Brain Creates Reality. Second Edition. Armin Schnider. Oxford University Press. ISBN:9780198789680

https://www.tendencias21.net/El-cerebro-decide-lo-que-es-real-o-imaginario_a44335.html

¿Ayudan los sueños a predecir el futuro?

La investigadora británica Sue Llewellyn cree que el procesamiento de la información que realiza el cerebro mientras duerme produce imágenes sobre el futuro. 

La profesora de la Universidad de Mánchester, Reino Unido, Sue Llewellyn propone dejar el misticismo y analizar los sueños desde un punto de vista más racional. La investigadora, sin embargo, llega a conclusiones bastante infrecuentes en el mundo científico y afirma que se puede predecir el futuro con los sueños.

¿Por qué el cerebro construye en nuestros sueños situaciones muy concretas con sucesión de acontecimientos y participantes determinados?

El sueño del faraón

Tal vez la predicción onírica más famosa de todas esté en la Biblia. El faraón sueña estar a las orillas del Nilo y ver a siete vacas gordas y hermosas, seguidas de siete vacas muy flacas y huesudas que se comen a las vacas gordas. Preocupado por su visión, el soberano busca alguien que pueda interpretar su sueño, pues podría ser en realidad un mensaje de los dioses. Finalmente, el único en el reino que logra interpretar el sueño con precisión es un joven hebreo llamado José. El significado: siete años de abundancia seguidos por siete de hambruna. Esta simple interpretación del sueño permitió al faraón anticiparse a los hechos y hacerse con grandes reservas durante los años de abundancia para paliar lo que seguiría.

Pero, si el faraón podía predecir el futuro en sus sueños, ¿por qué directamente no soñó con siete años de abundancia y siete de hambruna en vez de imaginar vacas caníbales?

«Todo tiene que ver con la manera en cómo funciona el cerebro», escribe Llewellyn. «Este no recibe información del mundo exterior pasivamente, sino que más bien la interpreta activamente y busca patrones en ella. Si fuera aleatorio, no habría patrones, y la predicción sería imposible».

La clave está en la fase del sueño rápido

La fase del sueño rápido (durante la cual se producen los sueños) puede arrojar luz sobre el asunto. Precisamente en ese periodo el cerebro es capaz de trazar paralelismos poco obvios entre diferentes hechos de la vida. Llewellyn llegó a tal conclusión tras años de estudios.

En el año 1999, científicos de Harvard, EE.UU., comprobaron que los resultados de los participantes en un test de asociaciones lejanas después de la fase de sueño rápido eran mejores que los de las otras personas sometidas a la prueba. «La percepción durante la fase de sueño rápido se distingue cualitativamente de la percepción en la fase de sueño lento. Precisamente esas diferencias explican el carácter muy asociativo y sorprendente de los sueños que tenemos en la fase rápida», explicaron los científicos.

Según afirma Llewellyn, la mayor parte de las experiencias se guarda en el subconsciente y no nos damos cuenta de un 98% de las actividades cerebrales. Sin embargo, durante el sueño el cerebro retoma esa información y la procesa elaborando asociaciones y patrones de evolución de los acontecimientos. Estos patrones aparecen en las imágenes de nuestros sueños, es decir que nuestros sueños nos indican una idea de cómo pueden evolucionar diferentes eventos en el futuro a partir del análisis de la experiencia pasada.

Visto en : Mystery Planet

EL PERFECCIONISMO PUEDE AFECTAR LA SALUD PSICOLÓGICA DE LOS JÓVENES Y CAUSAR DEPRESIÓN, ANSIEDAD Y PENSAMIENTOS SUICIDAS.

Estudiantes graduados de la Universidad de California en San Diego. California, EE.UU.
Mike Blake / Reuters
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En las últimas décadas, se ha producido un aumento significativo en las tendencias perfeccionistas entre los estudiantes universitarios, lo que podría estar dañando la salud mental de los jóvenes. A esta conclusión llegaron los autores de un estudio de casi 30 años publicado en la revista Psychological Bulletin.

Se trata del primer estudio que analiza las diferencias generacionales a través del lente del perfeccionismo. Sus autores advierten que este fenómeno puede implicar “un deseo irracional de lograr el éxito y hacernos ser demasiado críticos con nosotros mismos y con los demás”.

En un período comprendido entre los años 1989 y 2016, los investigadores analizaron los datos de 41.641 estudiantes universitarios británicos, estadounidenses y canadienses que completaron una encuesta de perfeccionismo.

En ella, examinaron tres indicadores del perfeccionismo: el deseo irracional de ser perfecto, la percepción de expectativas excesivas por parte de los demás y la colocación de estándares poco realistas sobre los demás.

Los resultados mostraron que estos indicadores aumentaron en un 10%, 33% y 16%, respectivamente, durante el período de estudio.

La influencia de las redes sociales

El autor principal del estudio, Thomas Curran, de la Universidad de Bath (Reino Unido), sugiere que el crecimiento de estos indicadores se debe a una serie de factores, pero señala como uno de los más importantes el impacto que tienen en la psicología de los jóvenes las redes sociales.

Los jóvenes se someten a una gran presión a través de estas plataformas y se esfuerzan a perfeccionar sus mentes, cuerpos y carreras, ya que se están comparando constantemente con los demás.

“Estos hallazgos sugieren que las generaciones recientes de estudiantes universitarios tienen mayores expectativas de sí mismos y de los demás en comparación con las generaciones anteriores”, agregó Curran.

“Los jóvenes de hoy están compitiendo entre sí para cumplir con las presiones sociales de tener éxito, y perciben que el perfeccionismo es necesario para sentirse seguros, socialmente conectados y valiosos”, explicó.

Según los autores del estudio, esta tendencia hacia el perfeccionismo puede estar afectando a la salud psicológica de los estudiantes. Como prueba de ello, los investigadores apuntan al auge de la depresión, la ansiedad y los pensamientos suicidas registrado en la última década.

http://www.periodicoelnuevomundo.com/2018/01/el-perfeccionismo-puede-afectar-la.html

El cerebro estaría conectado con el cosmos a escala cuántica

La relación entre la actividad neuronal (la de las células del cerebro) y la escala cuántica (la de las partículas que conforman los átomos) ya fue abordada en los años 90 por los investigadores Roger Penrose y Stuart Hameroff con una sorprendente teoría que, hace poco y a raíz de nuevos hallazgos, ha sido revisada.

Se trataba de la hipótesis de la “Reducción Objetiva Orquestada u Orch OR”, que propone que la consciencia se deriva de la actividad de las neuronas a escala cuántica o subatómica, es decir, de procesos cuánticos biológicamente orquestados en los microtúbulos o minúsculas estructuras tubulares situadas dentro de las neuronas del cerebro.

Esa actividad cuántica entrañada a un nivel cerebral profundo, además de gobernar la función neuronal y sináptica, conectaría los procesos cerebrales a procesos de autoorganización presentes fuera del cerebro, en la estructura cuántica de la realidad, afirmaban Hameroff y Penrose. Es decir, que nuestro cerebro podría estar conectado a una estructura externa, que de alguna manera sería ‘protoconsciente’.

El cerebro habla con los campos

Hace unos meses, la revista NeuroQuantology publicaba un artículo sobre la consciencia desde una perpectiva cuántica, que va incluso más allá de la propuesta de Hameroff y Penrose.

Firmado por los científicos Dirk K F Meijer y Hans J.H. Geesink de la Universidad de Groninga, en Holanda, teoriza que nuestro cerebro, además de ser un órgano de procesamiento ligado a nuestro organismo, con el que intercambia información continuamente, está vinculado al resto del universo a nivel cuántico.

Según Meijer y Geesink, a dicho nivel, nuestro cerebro estaría conectado con campos cósmicos como el de la gravedad, el de la energía oscura, el de la energía punto cero o el de las energías de los campos magnéticos de la Tierra.

Esa conexión se daría a través de mecanismos bien establecidos por la teoría cuántica como el entrelazamiento cuántico (que vincula a partículas entrelazadas más allá del espacio-tiempo) o el efecto túnel cuántico (que se da cuando una partícula cuántica viola los principios de la mecánica clásica, al atravesar una barrera de potencial imposible de atravesar para una partícula clásica).

La idea nos recuerda a la propuesta en 2008 por un estudio, en el que se relacionaba la capacidad de orientación de las aves migratorias con una posible “conexión cuántica” de estas con el campo magnético terrestre; aunque en aquel caso el campo magnético no “conectaba” con el cerebro de las aves, sino con los electrones presentes en los iones más inestables de sus retinas.

El idioma es una geometría

Meijer y Geesink proponen que el cerebro podría “comunicarse” con esos tipos diversos de campos gracias a una geometría, la conocida como geometría de toro o toroidal, que básicamente está constituida por espirales circunscritas en una esfera (se puede entender imaginando una rosquilla).

Al parecer, el toroide es la forma que tienen los átomos, los fotones y toda unidad mínima constitutiva de la realidad. Pero no solo: Según los investigadores holandeses, nuestro  cerebro se organizaría también siguiendo esta estructura (aquí hemos hablado antes de las geometrías que forma el cerebro en su actividad).

Esa coincidencia geométrica es la que permitiría al cerebro acoplarse a los campos que nos rodean, para recibir de ellos información continuamente en forma de ondas. Gracias a esto, en nuestra mente se actualizaría, de manera continua, un espacio de memoria global simétrica al tiempo.

Además,  el acoplamiento y ajuste continuos del cerebro a los campos externos, afirman Meijer y Geesink, permitirían guiar la estructura cortical del cerebro hacia una mayor coordinación de la reflexión y de la acción, así como hacia una sincronía en red, que es la necesaria en los estados de consciencia.

La mente como campo

Pero los investigadores holandeses van más allá de todo esto en sus postulados. También señalan que la consciencia no es exclusiva del cerebro, sino que surgiría en todo el universo a escala invariante, de nuevo a través del acoplamiento anidado toroidal de varias energías de campos.

Quizá esto pudiera relacionarse con el concepto de “protoconsciencia” de Hameroff y Penrose del que hemos hablado antes; e incluso con la idea de la matriz de información universal del paradigma holográfico propuesto por el físico David Bohm en el siglo XX.

Meijer y Geesink llegan a describir la mente como un campo situado alrededor del cerebro (lo llaman campo estructurado holográfico), que recogería información externa al cerebro y la comunicaría a este órgano, a gran velocidad (no en vano hablamos de procesos cuánticos). Los investigadores aventuran que este hecho podría explicar la rapidez con la que el cerebro registra y procesa información del entorno, a nivel consciente e inconsciente.

Ese campo estructurado holográfico estaría, según ellos, en la cuarta dimensión o espacio-tiempo, aunque tenga efectos en nuestro cerebro tridimensional e incluso en la manera en que percibimos el mundo en tres dimensiones.

Curiosamente, una idea “parecida” proponía hace unos años el antropólogo Roger Bartran, en su obra Antropología del cerebro: la conciencia y los sistemas simbólicos, aunque en aquel caso la parte de consciencia humana “fuera del cerebro” se ubicaba en los sistemas culturales, con los que algunas regiones cerebrales están estrechamente ligadas.

Implicaciones

Para los científicos holandeses, su hipótesis tiene profundas implicaciones filosóficas: Sugiere que existe una “profunda  conexión de la humanidad con el cosmos” que nos obliga a tener “una gran responsabilidad sobre el futuro de nuestro planeta”, escriben en su artículo.

Asimismo, su teoría podría conllevar un atisbo de respuesta para la pregunta con la que iniciamos este artículo: ¿Cómo los procesos cerebrales (es decir, físicos) dan lugar a la consciencia, que es inmaterial?

Quizá sea que existe un campo mental situado en la cuarta dimensión, allí conectado a otros campos externos mientras, al mismo tiempo, forma parte física de nuestro cerebro. Pero habrá que esperar a que ese campo mental sea una certeza para poder lanzar conclusiones definitivas.

 

Referencia bibliográfica:

Dirk K.F. Meijer, Hans J.H. Geesink. Consciousness in the Universe is Scale Invariant and Implies an Event Horizon of the Human BrainNeuroQuantology (2017). DOI: 10.14704/nq.2017.15.3.1079.

 

Referencia bibliográfica:

Dirk K.F. Meijer, Hans J.H. Geesink. Consciousness in the Universe is Scale Invariant and Implies an Event Horizon of the Human BrainNeuroQuantology (2017). DOI: 10.14704/nq.2017.15.3.1079.

https://www.tendencias21.net/El-cerebro-estaria-conectado-con-el-cosmos-a-escala-cuantica_a44304.html

Cerebros en peligro

¿Qué pasaría si la humanidad realmente estuviera cayendo en la imbecilidad, como lo imaginó la película de 2006 Idiocracia? Durante veinte años, los científicos han observado con preocupación que las capacidades intelectuales están disminuyendo a escala global. Se ha observado una disminución en el cociente intelectual en varios países occidentales. Además, hay una explosión de casos de autismo y trastornos de conducta. Los principales implicados en este problema: Los disruptores endocrinos, estas moléculas químicas que interrumpen el funcionamiento de la tiroides, esenciales para el desarrollo cerebral del feto. Presentes en pesticidas, cosméticos, espumas de sofá o plásticos, estas partículas han invadido nuestra vida cotidiana: nos bañamos en una verdadera sopa química. En los Estados Unidos, cada bebé nace con más de cien moléculas químicas en la sangre. Pero, ¿cómo limitar sus efectos? ¿Qué soluciones se pueden implementar para preservar los cerebros de las generaciones futuras?

Ocho años después de estudiar a varones en situación de riesgo, se revela el impacto de los disruptores endocrinos sobre la fertilidad, Sylvie Gilman y Thierry de Lestrade toman de nuevo la alarma al revelar el impacto negativo de estos contaminantes en nuestra inteligencia y la salud mental y cuenta con la participación de investigadores como Barbara Demeneix, la especialista en tiroides y bioquímica estadounidense Arlene Bloom, que lleva desde los años 1970 una feroz batalla contra el uso de retardantes de llama (mezclas químicas añadidas a una amplia variedad productos industriales tales como plásticos, textiles y equipos eléctricos o electrónicos para hacerlos menos inflamables). Sus estudios y otros nos alertan sobre un problema de salud pública que legisladores, bajo la influencia de los lobbies industriales, están dejando de lado.

Imágenes del cerebro refutan una teoría de los años 60 sobre el dominio del lenguaje

<p>Un equipo de investigadores del proyecto europeo MULTI-LATERAL ha utilizado resonancias magnéticas para estudiar las áreas cerebrales en vivo y ha refutado una teoría sobre la lateralización del lenguaje. / ©Fotolia</p>

Un equipo de investigadores del proyecto europeo MULTI-LATERAL ha utilizado resonancias magnéticas para estudiar las áreas cerebrales en vivo y ha refutado una teoría sobre la lateralización del lenguaje. / ©Fotolia

En 1968, cuando no existían técnicas para observar cómo funcionaba el cerebro en vivo, el neurólogo Norman Geschwind descubrió en personas fallecidas que una región del lóbulo temporal, el planum temporaleera mayor en el hemisferio izquierdo que en el derecho. Como en la mayoría de la población el procesamiento del lenguaje se ubica en ese hemisferio, el neurólogo propuso que la asimetría era un indicador de la lateralización de esa función.

Casi cincuenta años después, un equipo de investigadores del proyecto europeo MULTI-LATERAL ha utilizado resonancias magnéticas para estudiar las áreas cerebrales en vivo y ha refutado esa teoría. La asimetría anatómica del planum temporale, que aloja las funciones auditivas, no es un marcador de la lateralización en el hemisferio izquierdo de las funciones del lenguaje.

En la investigación, publicada en la revista Brain Structure & Function, participaron 287 adultos, diestros y zurdos. “Es el primer estudio con una muestra tan amplia de individuos e incluye todo el rango de variabilidad del lenguaje implementado en el cerebro”, describe a Sinc Nathalie Tzourio-Mazoyer, responsable del Grupo de Imagen Neurofuncional en el Instituto de Enfermedades Neurodegenerativas de la Universidad de Burdeos (Francia) y autora principal del trabajo.

Aunque en la mayoría de los participantes el hemisferio izquierdo estaba especializado en el procesamiento del lenguaje, una minoría lo tenía invertido y era la parte derecha la encargada de estas funciones.

Todos tuvieron que realizar varias tareas mientras los investigadores analizaban su actividad cerebral: describir una imagen con una frase y escuchar frases y listas de palabras. Ninguno mostró que esa región del hemisferio izquierdo fuera un marcador de las tareas relacionadas con el lenguaje, pero sí había una correlación local entre la asimetría anatómica y la funcional durante el procesamiento auditivo del habla.

La mayor asimetría a la izquierda del cerebro no es un marcador de la lateralización a la izquierda de las funciones del lenguaje en los humanos

“Este estudio muestra que la mayor asimetría a la izquierda del cerebro no es un marcador de la lateralización a la izquierda de las funciones del lenguaje en los humanos”, resume la investigadora.

Los enigmas del lenguaje

En los pocos participantes que procesaban el lenguaje con el hemisferio derecho, los resultados fueron los mismos, no invertidos como podría esperarse, lo que refuerza la hipótesis de los investigadores.

“Los resultados del estudio muestran que el planum temporale no explica la rara pero fuerte variabilidad individual del dominio del lenguaje que existe en los humanos y, por lo tanto, no puede considerarse como un marcador de la asimetría del lenguaje a nivel individual”, recalcan.

El proyecto europeo MULTI-LATERAL en el que se enmarca el estudio trata de dar respuestas a estos y otros interrogantes relacionados con la lateralización del lenguaje, un proceso que se desarrolla hasta los once años.

“MULTI-LATERAL lleva en marcha unos 18 meses y durante la mayor parte del tiempo, los diferentes equipos de España, Francia y Países Bajos han estado recopilando y procesando conjuntos de datos”, explica a Sinc Clyde Francks, responsable del Grupo de Neurogenética Humana del Instituto Max Planck de Psicolingüística y coordinador del proyecto. A las imágenes cerebrales se suma la información genética que los científicos están secuenciando de miles de participantes.

El proyecto forma parte del Human Brain Project (Proyecto Cerebro Humano en castellano), una de las Iniciativas de Investigación Emblemáticas de las Tecnologías Futuras y Emergentes (FET Flagships en inglés) de Horizonte 2020 –el programa marco de financiación de la investigación de la Unión Europea–.

Referencia bibliográfica:

Nathalie Tzourio-Mazoyer, Fabrice Crivello y Bernard Mazoyer. “Is the planum temporale surface area a marker of hemispheric or regional language lateralization?”, Brain Structure & Function Noviembre de 2017. DOI: 10.1007/s00429-017-1551-7.

La agencia Sinc participa en el proyecto europeo SCOPE, coordinado por FECYT y financiado por la Unión Europea a través de Horizon 2020. Los objetivos de SCOPE son comunicar resultados visionarios de la investigación de proyectos asociados al Graphene Flagship y el Human Brain Project, así como promover y reforzar las relaciones en la comunidad científica de las Iniciativas de Investigación Emblemáticas de las Tecnologías Futuras y Emergentes (FET Flagships) en la UE.

http://www.agenciasinc.es/Noticias/Imagenes-del-cerebro-refutan-una-teoria-de-los-anos-60-sobre-el-dominio-del-lenguaje

Hacerse demasiadas selfis puede constituir un trastorno mental

Un ‘amor’ excesivo a hacerse selfis y publicarlas en las redes sociales es un síntoma de una enfermedad mental, opinan los médicos. Incluso ya han introducido un nombre para este trastorno más moderno.

La ‘selfitis’, o la enfermedad mental caracterizada por la obsesión de hacerse autofotos, empezó como una broma en 2014. Dos investigadores llevaron la broma hasta la ciencia y realizaron un estudio destinado a diagnosticar y medir la gravedad de la hipotética ‘selfitis’.

Soledad
© FOTO: PIXABAY

Con la ayuda de 225 estudiantes indios —la India es el país con mayor cantidad de usuarios de Facebook de todo el mundo, según uno de los líderes del estudio, y por eso básicamente uno de los centros mundiales de las selfis—, los autores elaboraron una lista de 20 comentarios vinculados con hacerse autorretratos.

Entre los adictos a tal práctica se encontraban declaraciones como “hacerme selfis me hace sentir mejor y apreciar más mi entorno”, “al publicar selfis espero que mis amigos me elogien” o “me siento más positivo después de hacerme una selfi”, entre otras.

Jóvenes se hacen un selfi
CC BY 2.0 / R4VI / SELFIE STICK
“La cultura de las selfis promueve la popularización del narcisismo”

Luego, el grupo principal de 400 estudiantes valoró cada comentario según el grado de importancia para el entrevistado en una escala de 1 a 5. Cabe mencionar que los participantes han sido elegidos según la observación de su comportamiento en las redes, y representaban tres diferentes fases de la enfermedad: la leve, la aguda y la crónica.

Finalmente, tras estudiar todas las respuestas, los investigadores presentaron una serie de síntomas para cada fase de la selfitis:

  • Una selfitis leve se caracteriza por hacerse tres selfis diariamente sin publicarlas en las redes sociales.
  • Una selfitis aguda se desarrolla cuando esos tres autorretratos se suben a la red.
  • Finalmente, una selfitis crónica da lugar a seis autofotos diarias, y todas publicadas en las redes sociales.

La persona que padece selfitis, según los investigadores Janarthanan Balakrishnan y Mark D. Griffiths, se caracteriza por una típica baja autoestima que busca compensar al atraer más atención a su persona.

A pesar de ser un tema bastante trivial que empezó con una broma y las limitaciones del estudio basado en comentarios subjetivos de los participantes, la investigación ha sido admitida en la Revista Internacional sobre Trastornos Mentales y Adicciones (International Journal of Mental Health and Addiction).

Pues bien, si alguna vez le ha parecido que alguien de su entorno debería parar ya con sus selfis, puede ser que esta persona ya padezca de una de las adicciones que nos regaló el inicio del siglo XXI.

https://mundo.sputniknews.com/sociedad/201712181074827780-fotografia-salud-psicologia/

¿Existe el más allá? Un cirujano revela su experiencia en el umbral de la muerte

Por RT

El neurocirujano estadounidense Eben Alexander ha relatado lo que experimentó en 2008 al pasar una semana en estado de coma, un trance durante el que apenas tuvo un 2% de posibilidades de sobrevivir.

Nadie sabe a ciencia cierta si hay más allá, si bien algunas personas que han tenido vivas experiencias en el umbral de la muerte aseguran que sí. Este es el caso del neurocirujano y escritor estadounidense Eben Alexander, que en su último libro ‘Living In A Mindful Universe: A Neurosurgeon’s Journey Into The Heart Of Consciousness’ relata qué fue lo que sintió cuando en 2008 pasó una semana en estado de coma a raíz de una meningoencefalitis. Durante aquel trance los médicos no le dieron más de un 2% de oportunidades de sobrevivir.

Tras ser conectado a un respirador artificial, Alexander sintió que “una luz bajaba lentamente desde arriba”, algo que describe como “una entidad circular que emitía una música paradisíaca” que llamó ‘La Melodía Rotatoria’, lo cita el diario británico The Sun. Después, “la luz se abrió como un agujero”, y al “caer” en él, llegó a “una valla de vegetación exuberante y fértil” con saltos de agua que lucían como “piscinas de cristal”.

Asimismo, recuerda haber visto nubes blancas y rosadas “como malvavisco”, un cielo muy azul, así como árboles, campos, animales y hombres. Además, asegura que había una neblina que originaba en el agua, en la que había muchos peces.

El pasado mes de marzo, médicos canadienses de una unidad de terapia intensiva observaron un fenómeno al que fueron incapaces de encontrar explicación: retiraron el sistema de soporte vital a un paciente, pero este siguió manifestando actividad cerebral persistente durante diez minutos después de la muerte. Los doctores intentaron encontrarle pulso, presión arterial y reacción de las pupilas, pero no hallaron señales de vida.

EL NÚMERO DE JUGUETES AFECTA A LA CAPACIDAD DE CONCENTRACIÓN Y A LA CREATIVIDAD DE LOS NIÑOS

Revelan cómo la cantidad de juguetes en la niñez afecta al cerebro

pixabay.com
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Científicos de la Universidad de Toledo (EE.UU.) han demostrado que poseer una gran cantidad de juguetes en la infancia tiene efectos negativos en la capacidad de concentración y en la creatividad de los niños. Los resultados de su estudio fueron publicaron en la revista Infant Behavior and Development.

En el marco del experimento, los investigadores analizaron el comportamiento de 36 menores que fueron divididos en dos grupos. El primer grupo tenía cuatro juguetes para jugar, mientras que el segundo disponía de 16. Cada uno de los niños disfrutó de una sesión de juego individual durante la cual los expertos analizaron su comportamiento.

Así constataron que los niños con menos juguetes prestaban significativamente más atención a cada uno de ellos y sus juegos eran más creativos; el niño estudiaba el objeto y las maneras de interactuar con él desde diferentes perspectivas y mejoraba su concentración.

Por el contrario, el juego de los niños que tenían a su disposición 16 juguetes resultó ser de peor calidad, ya que la atención de los menores se dispersaba y pasaban más tiempo tratando de elegir entre las distintas opciones que en analizar los objetos y sus posibilidades.

Así, la investigación “sugiere que cuando en su ambiente se les proporciona menos juguetes, los niños pequeños disfrutan de períodos más largos de juego con cada juguete, lo que estimula un enfoque de exploración mejor y un juego más creativo”, señalaron los científicos.

“Esto se puede ofrecer como una recomendación en muchos entornos naturales, para apoyar el desarrollo de los niños y promover un juego sano”, concluyeron.

http://www.periodicoelnuevomundo.com/2017/12/un-grupo-de-cientificos-ha-analizado.html

El cerebro que sueña está muy despierto

Imagen: codd20. Fuente: Pixabay.

Imagen: codd20. Fuente: Pixabay.

¿Cómo funciona la consciencia durante el sueño? ¿Está, no está? ¿Sigue ahí? Para tratar de esclarecer estas cuestiones, en primer lugar resumamos las etapas del sueño.

Un buen sueño reparador comienza con un adormecimiento (estado de somnolencia que dura unos diez minutos y en el que aún estamos conscientes) y sigue con un sueño ligero en el que disminuyen el ritmo cardíaco y el respiratorio (vamos perdiendo contacto con la realidad de la vigilia).

A continuación, pasamos por una fase de transición hacia el sueño profundo que dura entre dos y tres minutos. Después (cuarta fase no-REM o NREM), entramos en el sueño delta, una fase de sueño en el que nuestras ondas cerebrales son amplias y lentas, al igual que el ritmo respiratorio.

Por último, llegamos a la llamada fase REM, en la que no nos podemos mover a voluntad porque el tronco cerebral bloquea las neuronas motrices. En esta fase, que recibe su nombre del inglés Rapid Eye Movement (Movimiento del Ojo Rápido), debido al característico movimiento de los globos oculares bajo los párpados, es en la que soñamos.

Consciencia onírica y consciencia de la vigilia

Lo curioso de la fase REM es que, en ella, y a pesar de que no estamos conscientes de lo que nos rodea porque estamos profundamente dormidos, nuestro cerebro tiene una actividad similar a la de la vigilia, es decir, desarrolla una consciencia onírica, la consciencia de los sueños.

Hace un año, un estudio de la Universidad Aalto (Finlandia) y la Universidad de Wisconsin (EEUU) reveló que esa actividad cerebral similar a la de la vigilia propia de la fase REM se puede dar también en la fase NREM.

Este hecho, que se constató gracias a análisis cerebrales con estimulación magnética transcraneal y electroencefalografía realizadas a personas en distintas fases del sueño, desafiaría la comprensión que hasta ahora se tenía de los correlatos neuronales de las experiencias conscientes en el sueño, han señalado los autores de la investigación en un artículo de la revista Nature.

En abril de este año, otra investigación constató lo mismo. En este caso, fue publicada en Neuroscience y liderada por Francesca Siclari, directora del Centro de Investigación sobre el Sueño del Centro Hospitalario Universitario Vaudois en Lausanne, Suiza, aunque en ella también participaron científicos del estudio previo.

¿En qué parte del cerebro se da dicha actividad durante la fase REM y, por lo que se ha visto, también en la fase NREM? Según los experimentos realizados, en las regiones corticales posteriores del cerebro, que los científicos han dado en llamar “posterior cortical hot zone” o “zona caliente de la corteza posterior”.

Por otra parte, Siclari y su equipo han comprobado que los sueños implican a otras zonas cerebrales que usamos cuando estamos despiertos. Por ejemplo, cuando en nuestros sueños aparece una cara, además de estar activa la “posterior cortical hot zone”, se activan también las regiones del cerebro implicadas en el reconocimiento facial.

Lo mismo ocurre con otras regiones asociadas al reconocimiento de palabras, movimientos, aspectos espaciales o pensamientos. Por todo, Siclari y su equipo señalan que los sueños serían una forma particular de consciencia que, durante el sueño nocturno, varía enormemente.

Sueño y memoria

Otro de los elementos que caracterizan a nuestra mente consciente es la memoria. ¿Qué pasa con ella durante el sueño?

Según un estudio realizado en 2006 por especialistas del Dream and Nightmare Laboratory de Canadá, la memoria sigue activa durante los sueños, y es fundamental en la formación de estos. De hecho, las experiencias que tenemos a lo largo del día suelen ser el origen de las imágenes oníricas que generamos mientras dormimos.

Según esta investigación, los mecanismos que nos permiten construir dichas imágenes están relacionados con la actividad del hipocampo, que es un área del cerebro localizada debajo de la corteza cerebral y que desempeña un importante papel en nuestros recuerdos (en la vigilia).

Los sueños están además vinculados a nuestra memoria, pues los recuerdos reaparecen en ellos durante el proceso de “almacenamiento”, es decir, cuando se trasladan de una región cerebral a otra, antes de ser archivados de forma permanente. Y no solo, pues se ha constatado que dormir impulsa nuestra accesibilidad a esas memorias formadas, incluso en situaciones de estrés cognitivo.

Los sueños lúcidos y el lugar de la consciencia

Un aspecto fascinante de la investigación sobre la relación entre consciencia y sueño es el análisis de los sueños lúcidos, los mecanismos que posibilitan estos sueños, y su relación con la consciencia.

Los sueños lúcidos son aquellos en los que somos conscientes de que estamos soñando, es decir, aquellos en los que nos “despertamos” dentro del sueño.

Durante la vigilia, siempre somos conscientes de nosotros mismos, algo que no sucede durante el sueño. Sin embargo, algunas personas son soñadores lúcidos, es decir, tienen la capacidad de darse cuenta dentro de un sueño de que están soñando.

En diversas ocasiones, estos individuos han sido “utilizados” para tratar de ubicar la consciencia en el cerebro. ¿Cómo? Pues midiendo y analizando su actividad cerebral cuando se despiertan dentro del sueño, esto es, cuando cobran consciencia de que están soñando mientras duermen.

En una investigación de hace unos años, científicos de la Sociedad Max Planck para el Avance de la Ciencia (MPG) de Alemania, en colaboración con especialistas del hospital universitario Charité, de Berlín, analizaron a soñadores lúcidos con la técnica de tomografía de resonancia magnética o MRT (técnica no invasiva que utiliza el fenómeno de la resonancia magnética para obtener información sobre la estructura y composición del cerebro).

Sus resultados revelaron que en los individuos de este tipo se activa una red cortical específica cuando alcanzan la consciencia lúcida dentro del sueño. Dicha red estaría constituida por la corteza prefrontal dorsolateral derecha, las regiones frontopolares y el precúneo, que es una parte del lóbulo parietal superior del cerebro.

Dado que todas estas regiones cerebrales están relacionadas con funciones autorreflexivas, los autores de la investigación afirmaron entonces que este hallazgo arroja luz sobre la base neurológica de la consciencia humana.

Así que, por los estudios realizados hasta ahora, parece que la consciencia no duerme, aunque nosotros sí lo hagamos. Quizá, durante el sueño, simplemente se desplace de la realidad de la vigilia a la realidad onírica, para seguir construyendo el sentido que necesitamos para adaptarnos de continuo al medio y seguir viviendo (y soñando).

Referencias bibliográficas:

Francesca Siclari, et al. The neural correlates of dreamingNature Neuroscience (2017).

Jaakko O. Nieminen, Olivia Gosseries, Marcello Massimini, Elyana Saad, Andrew D. Sheldon, Melanie Boly, Francesca Siclari, Bradley R. Postle, Giulio Tononi.  Consciousness and cortical responsiveness: a within-state study during non-rapid eye movement sleepScientific Reports (2016).

http://www.tendencias21.net/El-cerebro-que-suena-esta-muy-despierto_a44285.html